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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Donde se habla de Inteligencia artificial y sus peligros

“Todo lo que no se comprende envenena” Eugenio D’Ors
Miguel Massanet
miércoles, 3 de diciembre de 2014, 08:06 h (CET)
Recuerdo mi juventud en la que era un verdadero devorador de libros. No, no se crean que fui el repelente niño Vicente de aquella revista satírica que dirigía Álvaro de la Iglesia hace ya más años de los que quisiera contar, conocida como La Codorniz. Me encantaban las lecturas de viajes, de piratas, de detectives, de descubrimientos fantásticos y batallas de los “malvados” indios americanos contra los “pacíficos” e “intachables” colonos americanos, que intentaban establecerse en el “lejano Oeste”. Debo reconocer que, en ocasiones, cuando mi padre se encontraba de viaje por negocios, intentaba convencer a mi madre, mucho más maleable y menos rígida que mi progenitor, de que me encontraba indispuesto, para quedarme en casa y dar buena cuenta de la pila de lecturas que siempre aguardaban turno en mi escritorio. A veces lo conseguía, y en otras ocasiones recibía un pescozón, mientras me acompañaban a la puerta.

Me leí las obras completas de Julio Verne, de Emilio Salgari y sus piratas de Mompracén, las aventuras del bandido Dick Tupin, las historias de Edgar Wallace y hasta pude recuperar, en una edición por fascículos, las aventuras del gran detective Nick Carter. En aquellos tiempos el tema de seres venidos de otros planetas sólo estaba en sus inicios, si bien recuerdo comics de aquella época de un aventurero galáctico conocido como Flash Gordon que, en un primitivo tipo de cohete espacial, se recorría las galaxias luchando contra los malvados monstruos habitantes de las estrellas. Algo así como un adelanto, descafeinado, de lo que después han sido las series de Star Trek de Gene Rodenberry. Debo reconocer que ni en Julio Verne ni en ningún otro de aquellos imaginativos escritores, pude encontrar algo tan fantástico e increíble como lo que la humanidad ha conseguido, en apenas 50 años, de un desarrollo intensivo de la ciencia en todos sus aspectos.

Fue un notabilísimo científico y gran escritor, Isaac Asimov el que fue el primero en adelantarse a los tiempos y advertirnos de los peligros de que, la humanidad, no supiera “digerir” tantos inventos, adelantos, innovaciones y cambios, producidos en un espacio tan corto de tiempo, capaz de producir en la mente de personas, no suficientemente preparadas o excesivamente arriesgadas, impulsos, deseos, tentaciones o delirios sicóticos de poder y grandeza, que les hicieran avanzar temerariamente en ámbitos en los que, fácilmente, podrían llegar a creerse por encima de Dios. En su obra “Sueños de robot” nos introdujo en el universo de la “inteligencia artificial” y en otra, titulada, “Visiones de Robot” editada en marzo de 1.992, encontramos frases como: “…mencioné la posibilidad de que los robots pudieran llegar a ser tan inteligentes que, eventualmente, llegarían a remplazarnos… Desde entonces, éstos han ido haciéndose más y más importantes en todas las ramas de la industria y, no obstante su comportamiento elemental (si lo asimilamos a los parámetros con que habitualmente se mide la inteligencia humana), su avance es rápido y continuado”.

Han pasado, desde que se escribieran estas frases, la friolera de 22 años en los que, todo lo relacionado con la innovación de las técnicas digitales, la robótica, la informática, la biología, los implantes, han dado un gigantesco salto hacía delante, de modo que hoy ya se habla de implantar tejidos artificiales en el cuerpo humano y quizá elementos orgánicos en determinadas partes de los robots de última generación, que pudieran llegar a ser capaces de pensar por si mismos y, quien dice que no alcanzasen el paso decisivo de auto reconocerse como un ser libre apto para desenvolverse, sin estar sujeto a la voluntad de los humanos.

Muchos pensamos que se trataban de mera ciencia ficción y que sólo se trataba de fantasías julio vernianas, fruto de la imaginación desbordada de escritores dispuestos a explotar este nuevo filón de la robótica, para las historias surgidas de su fértil imaginación.

No obstante, algo ha sucedido, que nos ha llevado a resucitar el tema, para otorgarle una nueva dimensión e inducirnos a una reflexión sobre las posibilidades de que los augurios del señor Asinov no estuvieran más cercanos a la realidad de lo que sus lectores hubieran podido imaginar. Ahora no hablamos de la mente calenturienta de un visionario, o del interés crematístico de una productora, intentando conseguir un éxito editorial semejante al de la famosa Guerra de los Mundos de Herbert G. Wels (1.898), que describía una invasión marciana de la Tierra. No, no señores, ahora quien opina es una de las autoridades científicas más reconocida, más importante e inteligente desde que Albert Einstein describió la famosa teoría de la relatividad.

Ha sido el conocido científico inglés, Stephen Hawking, el que, esta vez, ha sacado a colación el tema de los robots y no para hacer un comentario banal sobre ellos, sino para formular una advertencia que, por provenir de quien la hace, sería conveniente que la humanidad la tomara en serio, antes de seguir un camino que, por lo visto, no puede tomarse tan a la ligera como se pensaba. Dice Hawking, en su advertencia, que “los esfuerzos por crear una inteligencia artificial avanzada pueden poner en peligro la supervivencia de los seres humanos”, según el científico británico los continuos avances conseguidos en este tema “podrían llegar a tomar el control y se podrían rediseñar a sí mismos”. Y es que, como dice Isaac Asimov en su obra mencionada, lo que más debiera asustar a los humanos no es el cambio cíclico que todos conocemos y aceptamos por comodidad, sino el otro cambio aquel que es ¡irreversible! El que no tiene vuelta atrás, como, por ejemplo la muerte, ¿qué hay más allá? Salvo la aceptación de la metafísica, es una puerta de la que nadie, al atravesarla, haya podido dar una explicación. Nunca volveremos a ser jóvenes ¡irreversible! Nuestros amigos murieron y han dejado de formar parte de nuestra vida ¡irreversible! Según Asimov se trata del cambio irreversible y maligno, el cambio en una dirección, el cambio permanente, el cambio del que ya no se regresa.

Dice Hawking: “los sistemas inteligentes que se han desarrollado hasta ahora han resultado útiles para la humanidad”, advirtiendo, acto seguido, de la posibilidad de que, en un futuro, puedan suponer un peligro. Según el descubridor de los teoremas respecto a las singularidades espaciotemporales en el marco de la relatividad general, y la predicción teórica de que los agujeros negros emitirían radiación, lo que se conoce hoy en día como radiación de Hawking, “Los humanos, que están limitados por la evolución biológica, no podrían competir y quedarían suprimidos” por los robots. Deberemos reconocer que, cuando una persona del prestigio y los conocimientos del señor Hawking se expresa con tanta claridad, en un lenguaje entendible por cualquiera; uno tiene que intentar reflexionar sobre sus palabras y sacar las conclusiones pertinentes sobre un tema que quizá, tanto los industriales, los científicos, los técnicos, los inventores y, muy especialmente, aquellos que intentan jugar a ser dioses, no han considerado en sus justas limitaciones, entrando en cuestiones en las que, la línea divisoria entre lo que se considera ético y moral puede estar demasiado cerca de lo que se consideraría entrar en un terreno escabroso en el que, unos posibles avances en cuanto al perfeccionamiento de la cibernética aplicada a la robótica, pudiera traspasar la frontera entre lo beneficioso para la humanidad para entrar en el terreno de aquello que pudiera llegar a acabar definitivamente con ella. Traspasar el límite de lo racional.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos admirados como corremos el peligro de crear monstruos que sean capaces de acabar con nosotros.
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