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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Una invención imprescindible

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 25 de diciembre de 2006, 07:58 h (CET)
De vacíos, inseguridades y realidades caóticas, andamos bien servidos. Las habladurías no pasan de un farfullar altisonante. Aunque nos elevemos a las teorías, no consiguen adecentarnos lo suficiente; se convierten con facilidad en una retórica inútil. Que si teoría del caos, que si la economía, pero seguimos tan desvaidos como al principio. Al deambular por estas vidas que nos correspondieron -Africanas, europeas, virtuales...-, reflejamos con precisión nuestras más fieles características de seres incompletos. ¿Insaciables? ¿Inabarcables? Pese a la presunción habitual de lo contrario, nos tocan días de INDIFERENCIA, de un hueco existencial considerable.

Si no lo pensamos así, veamos, lo mismo se tira a la basura el nacimiento colocado en una escuela, se celebra la memoria histórica de su abuelo, los catalanes no devuelven el patrimonio aragonés secuestrado en Lérida -Todo muy suyo-. ¿Quién supervisa a las líneas aéreas y aeropuertos? ¿Hablamos de seguridad en las viviendas y en otro género de agresiones? ¿Acaso pretendemos sacar a relucir la transparencia con la que nos gobiernan? ¿De qué asunto nos sentimos bien dispuestos? Admitamos que no exista la perfección, pero... ¿Ni un poquito?

Podremos plantearnos la cuestión de las manifestaciones que consideremos seguras. ¿Seguros? ¿Seguros de qué? No sé si alguna vez lo estuvimos; si sé que la duda campea todopoderosa en lo cotidiano de nuestros avatares. Quizá por que estemos implantados en el reino del puro autoengaño. De tanto repetirlo nos hemos autoconvencido, no sólo somos el rey de la creación, llegamos a más, alcanzamos graduaciones insospechadas, déspotas, abusivos, crueles, y paradójicamente patriarcales; sin fundamento, pero patriarcales. Cada quién se siente con ínfulas sobradas para decirle al prójimo aquello que deba pensar, hacer y creer. Es un comportamiento muy universal. A este paso, podemos afirmarlo sin ambages, cada uno ejerce de ORÁCULO; se ha perdido el sentido del ridículo y el respeto a las ideas de los demás. ¡Eso si es seguro en los momentos actuales!

Es inútil esconderlo, en la brega diaria hacemos gala de una IRONÍA ESCANDALOSA. Levantamos el estandarte de las mejores técnicas, de asombrosos conocimientos; mientras elegimos el menosprecio más flagrante hacia las cualidades personales y sociales. Desdeñamos también a los medios naturales, físicos y biológicos. ¿De qué nos sirve ser tan inteligentes? A los defectos sonrojantes habrá que añadir el de la ceguera para no ver las desdichas originadas. Desfachatez estúpida o ironías de nuestra forma de ser, en esas estamos.

Una de las cosas más apabullantes que nos suceden radica en esa manía o predisposición a ponerle precio a todo. En ese MERCADEO se ofrece una gran variedad de productos, muñecas y pistolas, sexo libertario o drogas, viajes interiores y exteriores, culturas teledirigidas junto a orgullosas representaciones de poder. Estamos ante una ¡Gran exposición de artículos en venta!. Eso sí, un escaparate en continuo crecimiento. Detrás de esta ristra de productos deambulamos con la lengua fuera. Y por pura lógica, de tanto pasear por las afueras descuidamos el jardín donde vivimos, pululamos por el exterior, olvidando lo más esencial y propio.

Parecemos empeñados en un alarde de PENURIAS sin cuentas terminadas; vacío, caos, inseguridad, encrespadas olas, violentos frentes y siempre con la terca herida de las dudas. A semejante torbellino no se le oponen enérgicas respuestas. Antes y al contrario, ejercitamos un deleite morboso en el acercamiento al centro de los despropósitos, al vórtice del ciclón. Es una vorágine a pleno rendimiento.

Aquí llegamos desde el accidente de nuestro nacimiento, desde entonces huimos; ya no está tan claro hacia donde. Hace unos años lo expresé así:

FUGITIVOS DEL ACCIDENTE

Entre ansias y renuncias navego.
El misterio recubre mi origen,
las razones no cambian esa imagen.
Si intento escapar no doy el pego.

Al primer accidente nunca llego,
sólo intuición de lejano origen,
con certidumbres escasas al margen.
Orden alterado con quien dialogo.

Ya fue el accidente definitivo
al que siempre se atribuyen desdichas.
Nos queda buscar el buen lenitivo,

cada uno verá si superlativo,
pues para encontrar verdadera dicha
crepitará de amor un fugitivo.

¿Qué dirección tomaremos? ¿Qué buscador deberemos utilizar? Aquí no valen falsos profetas. La ideación de un PROYECTO o visión válida no podrá prescindir nunca de la fibras humanas de cada una de las personas. El núcleo profético no es arbitrario, o cuenta con cada persona o no pasa de vulgares chifladuras. ¡Por eso es tan difícil de conseguir!

Por una vez hemos de convertirnos en MONTAÑEROS tenaces, la mirada dirigida hacia la cumbre y el paso firme. Para mirar a ras de suelo, ya vamos bien servidos. ¿No les parece? A modo de fascinación vitalista, aunque cuesten las aportaciones dignas de celebración y con excesivos tentáculos para la melancolía, ¿No seremos capaces de levantar un poco la mirada con esos proyectos? De confirmarse este temor, nuestro valor queda en simple basura cósmica.

Reinvindiquemos el tono quijotesco en el lenguaje, en contra de los entuertos, lanzados a la maravillosa aventura vital. Eso sólo será posible con una serie de CONCEPTOS AÑEJOS, pero no pasados de modo; su actualidad es de tal calibre que se torna imprescindible. La ilusión y los proyectos, el amor y el talante activo, la creatividad, la solidaridad o la bonhomía sin más.

Una auténtica locura matizada desde dentro por el amor. Para poder mantenernos en ese empeño necesitamos también de asideros, creencias, experimentaciones, ideas vivas; pero esto es muy personal y jamás debe tratarse desde la imposición.

Con este sueño, una especie de invención imprescindible, me permito felicitarles en la Navidad y para todo el año. ¡Busquemos una reconversión conveniente!

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