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Etiquetas:   Momentos de reflexión   -   Sección:   Opinión

Caducidades de las leyes

”Prefiero exponerme a los inconvenientes de una excesiva libertad que los que ocasionan limitarla” (Thomas Jefferson
Octavi Pereña
martes, 2 de diciembre de 2014, 08:00 h (CET)
Hoy, el autoritarismo es un valor en alza en algunos ámbitos políticos. La intolerancia del poder impropia del pensamiento democrático, impide la discrepancia. El debate sereno, razonado, no interesa. Lo que prevalece es la imposición de los propios puntos de vista. La pluralidad de opiniones, sentimientos e ideas no tienen valor si están en contradicción con lo que se considera políticamente correcto. Este no es el camino que debe seguirse. El bien del país exige que no se regrese al imperio del dogmatismo empobrecedor, del sectarismo que anula el espíritu crítico necesario para corregir errores y enderezar entuertos. Más ven cuatro ojos que dos, dice el adagio. La realidad es mucho más compleja que la postura excluyente. La realidad es plural. No es ni blanca ni negra. Está formada por una escala de grises. Nos encontramos en un momento en que los valores de la Constitución de 1978 han quedado desfasados porque la realidad que no es inmutable ha cambiado y es preciso reformarla en profundidad para adaptarse a la nueva realidad. Si verdaderamente se desea construir un país cimentado en la libertad debe construirse sobre la base del respeto y el pluralismo. No de la imposición y del seguidismo empobrecedor.

Me mueve a escribir este comentario no el NO permanente de Mariano Rajoy, que es suficiente para disentir, sino por lo que recientemente ha dicho Alfonso Guerra: “El 9-N violó la ley. Es como un referéndum sobre si los maridos pueden pegar a sus esposas”. Esta declaración de quien fue expresidente del Gobierno de España es un insulto al respeto que se le debe a la mujer y un atentado contra la democracia porque se le niega a un pueblo a decidir sobre su futuro, de si quiere o no cambiar el estatus actual. En definitiva, en nombre de la democracia se pretende impedir por coerción que los catalanes abrazando el amplio abanico de matices políticos puedan expresar libremente lo que quieren ser. Si se prohíben las urnas, ¿dónde está la democracia?

El pensamiento único que defiende quien se cree en posesión de la verdad absoluta excluye cualquier otro pensamiento que no se conforme con lo que se considere políticamente correcto. Así se impide que la diversidad de pensamiento que conforma la realidad política del momento pueda aportar soluciones válidas para resolver el monumental conflicto político que España tiene actualmente por no haber sabido encontrar pacíficamente el encaje de Catalunya dentro del Estado español.

El gobierno de Mariano Rajoy se mantiene tozudo en no querer resolver el problema catalán que no se ha incubado recientemente sino que se ha venido gestando desde los últimos tres siglos, emparándose en la constitución vigente que por cierto se la cuestiona y se la interpreta de diversas maneras. Margrethe Vestager hablando recientemente sobre Catalunya ha dicho que se debe escuchar a la gente aún cuando no se esté de acuerdo: “Sin escuchar a los otros, nunca será más sabio…Creo que también es muy importante que se pueda celebrar el debate sin interferencia europea y sin que yo tenga que dar una opinión”.

Mariano Rajoy y su gobierno siguen en sus trece en que la Constitución no puede reformarse. Maimónides filósofo judío nacido en Córdoba en el año 1135 hace nueve siglos, tiene algo muy interesante que decir sobre la duración de las leyes: “Por otro lado, si una ley es vigente desde hace mucho tiempo, y resultó ser anacrónica en el transcurso de los años, debe derogarse automáticamente. En términos jurídicos, la cuestión se resuelve así: Se sancionó una ley en Israel, y fue vigente durante muchos años, y en un momento surgió un nuevo tribunal y comprobó que aquella ley no satisfacía las exigencias del momento, en este caso debe anularse. Aún cuando el nuevo tribunal sea inferior en sabiduría y autoridad al tribunal original”.

El error de opinión es propio de la condición humana. Mariano Rajoy, mientras no se demuestre lo contrario, es humano y por tanto sujeto al error . Los políticos por el hecho de ser humanos también se equivocan y como dice Margrethe Vestager: “Sin escuchar a los otros jamás serán mas sabios”. Mariano Rajoy en vez de rodearse de aduladores que no desean dejar de salir en la foto debería intimar con consejeros que le dijesen la verdad aún cuando le hagan llorar. He aquí un consejo que da la Biblia: “Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo, mas en la multitud de consejeros hay seguridad” (Proverbios 11:14)
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Casas Viejas 03/dic/14    07:46 h.
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