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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

De navidades y solsticios

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
domingo, 24 de diciembre de 2006, 09:29 h (CET)
La promulgación del estado de derecho ha querido que el hombre esté necesariamente sometido a la ley. Es cierto, empero, que dos tipos de leyes ha conocido la humanidad durante su existencia. La ley divina, dictada por las deidades, y la ley del hombre.

Cada vez con más claridad, salvando ciertas excepciones, la inercia social ha ido separando ambas caras de la ley como el aceite del agua. Llegado el momento, se decidió que la ley a la que debe someterse el ser humano como participante del estado de derecho es la ley que elaboran los representantes del pueblo y la que aplican quienes tienen potestad para ello.

De esta manera se sentaron las bases de lo que debería ser un estado moderno: la clara diferenciación de los poderes que lo componen y el laicismo en la acción de éstos. Así hemos expulsado de la vida pública a la religión, relegándola a la esfera de lo privado.

Hay también quien piensa que la religión y todo signo de religiosidad es un elemento a combatir y a exterminar, incluso en la vida privada. Son esas personas que se empeñan en celebrar, por ejemplo, el solsticio de invierno en navidad.

Pensemos en esta situación. Pensar que la fiesta relacionada con el solsticio de invierno carece de significado religioso por adosarle la etiqueta de ‘celebración pagana’ es, sin duda, un pensamiento inocente. Si entendemos ‘religión’ como cualquier tipo de comunicación -o intento de comunicación- con aquello -sea lo que sea- que sentimos que nos sobrepasa, es innegable que lo pagano no anula lo religioso.

Cuando alguien se entesta en exiliar toda connotación religiosa de unas celebraciones sociales marcadas -queramos o no- por un calendario finalmente católico; cuando ése mismo prima otro tipo de expresiones de fiesta de distintos lugares del mundo o de otros tiempos sin atender a si son éstas de carácter religioso o no; cuando esto pasa, solamente queda pensar que ese alguien no habla de una Religión que aúna a todas las religiones cuando trata de expulsarla de su círculo. Se refiere únicamente a la religión católica.

Así mismo, la novedad, lo exótico o lo interesante que pueda parecerle lo que los otros puedan ofrecerle le hace ser partícipe de situaciones que, en su contexto original, de bien seguro están cargadas de un fuerte componente religioso. Tomarlo como una muestra folklórica rebaja sin duda estas prácticas.

Por ello creo que en estas situaciones se evidencia que estas personas consideran la religión católica como la única a la que vale la pena combatir, la única realmente peligrosa. En esa creencia descansa una parte esencial de la supervivencia del dogma católico.

Son parte fundamental de la fe que aborrecen por ser, en esencia, la negación de ésta.

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