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Etiquetas:   Tiempos modernos   -   Sección:   Opinión

Entre el suelo y el techo, hay algo

Mar Berenguer

jueves, 21 de diciembre de 2006, 11:03 h (CET)
A lo largo del año, la cosa pública ha fluctuado significativamente en Catalunya. A raíz del desentendimiento de los ciudadanos de su gobierno y de sus gobernables, tal y como ha quedado demostrado en el resultado abstencionista de dos comicios consecutivos, y con la entrada de un grupo vestido de nuevas ideas en la endogamia parlamentaria tradicional, ahora todos quieren hacer política social y escucharnos. Bueno, eso dicen, porque los de siempre siguen trabajando para el pueblo, pero sin el pueblo, claro, ya que no hemos sido nosotros los que pedíamos la guerra lingüistica ni la memoria “histérica”. En fin, al que no quiera caldo, ya vendrán los iluminados a darle tazas y tazones hasta las siguientes elecciones anticipadas.

El Barómetro del Centro de Estudios de la Generalitat de Catalunya del mes de Noviembre, señala que nuestra principal preocupación es la vivienda, y ese mismo informe refleja la absoluta ausencia de confianza por parte de la ciudadanía en que quienes deben solucionar este problema, realmente lleguen a hacerlo. O por lo menos a intentarlo (pero en serio).

Se nota la falta de costumbre a la hora de interesarse por los que pagamos los colegios privados de sus niños y los bolsos de marca de sus señoras. Pero los tiempos cambian, y en menos de lo que algunos piensan, los futuribles que pretendan mandonear por estos lares, deberán al menos presentar candidaturas y programas adecuados a la realidad de cada comunidad, de una manera rigurosa y seria, pero también accesible. Que convenza por la calidad de su contenido, sin caramelitos ni pegatinas, como funciona cualquier entidad respetable que compita en un mercado cada vez más exigente.

A pesar del overbooking de licenciados con postgrados y buena preparación que sobreviven desempeñando trabajos para los que generalmente se encuentran sobrecualificados, hoy contamos con un gobierno en el que altos cargos se comportan como becarios alelados recien aterrizados en la multinacional de turno, escondidos tras esa aparente dignidad que dan las canas, los trajes de Furest y los sueldos de cinco ceros. La última novatada constatable, es el proyecto para la Ley del Derecho a la Vivienda en Catalunya, que recoge la posibilidad de utilizar o expropiar pisos desocupados para alquilarlos. Creo que en el gobierno catalán, o entre los que les gustaría mucho haberlo sido, algunas cuestiones, deben estar a cargo del amigo, el hermano o el primo de alguien que esta copando el puesto de un verdadero profesional.

La propiedad privada y la herencia, son derechos recogidos en la Constitución, y después de tanto quejarse el govern y otros allegados del intervencionismo madrileño en los asuntos del País de la Senyera, deberían predicar con el ejemplo o por lo menos callarse y no inmiscuirse en los bienes que de manera presuntamente honrada se hayan podido ir ganando los catalanitos de a pie con el sudor de las frentes de varias de sus generaciones. Ya sabemos que los okupas están de moda, y que es lo más “in” del mundo ir de jeta por la vida, pero un gobierno, no puede institucionalizar esta postura de apropiarse de lo ajeno y penalizar e incluso criminalizar, el esfuerzo o la perspicacia de quien se apuntó el tanto de invertir en ladrillos allá por los ochenta o cuando el cambio de moneda.

La vivienda, es el primer problema de los ciudadanos y el primer reto serio de un gobierno que nunca ha sabido coger al toro por los cuernos, que se ha dedicado a reclamar competencias cuando lo que de verdad necesita para hacer realidad un proyecto son personas y profesionales competentes, que tomen conciencia de que un problema de esta envergadura, se ha de resolver desde varios frentes simultáneamente, y ninguno de ellos por si solo es suficiente. Es necesario establecer un régimen fiscal que incentive el alquiler y aumente el tipo impositivo a partir de la tercera y ulteriores viviendas, siempre bajo los principios de legalidad, progresividad y no confiscación que rigen nuestro ordenamiento tributario. Hay que construir vivienda subvencionada y de protección oficial, mediante procesos de adjudicación de contratos estrictamente tipificados, públicos, trasparentes y perfectamente auditables; proporcionar ayudas sociales para la adquisición de la primera vivienda pero teniendo en cuenta dónde deben terminar realmente esas partidas par evitar un fraude de Ley. Cierto partido político, cuyo Consejo de Administración se encuentra directamente vinculado con una de las más importantes constructoras de este país, proponía en su programa electoral ayudas más que generosas para adquirir vivienda, lo que podría suponer un cauce fácil de blanqueo de dinero en cuanto que este regresa de donde salió, pero libre de impuestos y explicaciones, por lo que esta medida ha quedado en entredicho a pesar de su inicial aceptación popular. Cambiar la ley del suelo es otra tarea prioritaria; como éste se ha convertido en oro, hoy los hombres de luchar por poseer el barro, pero un bien común, no puede ser objeto de un mercantilismo indiscriminado.

Es necesario que en el 2008 se produzca definitivamente una correción en el mercado inmobiliario, pero también es necesario que nuestras casas no pierdan su valor. En definitiva, se trata de acabar con la especulación manteniendo a flote la Economía. Poner un techo y un suelo, es una tarea dificil y gradual en la que están en juego muchos intereses legítimos y antagónicos que han de encontrar su lugar común para que todos salgamos beneficiados.

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