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Transnistria: ¿Hay chance de reconocimiento?

Andrei Súzdaltsev
Redacción
jueves, 21 de diciembre de 2006, 23:24 h (CET)
El 10 de diciembre se celebraron los comicios presidenciales en la República Moldava de Transnistria, cuyos habitantes eligieron al presidente conforme con su Constitución.

En septiembre pasado la OSCE se negó a reconocer el referéndum sobre las perspectivas de independencia de ese territorio situado a lo largo de la orilla Este del Dniéster. Manteniéndose en la postura de reconocimiento de la integridad territorial de Moldavia, la OSCE jamás ha planeado considerar legítimas las elecciones presidenciales celebradas en diciembre en la República Moldava de Transnistria.

Siendo partidaria intransigente de conservar Moldavia en sus fronteras actuales, la OSCE actúa de forma lógica tratando de demostrar el carácter no democrático y autoritario del sistema político constituido en la orilla Este del Dniéster. Procede señalar, además, que la OSCE tiene en esa República una prioridad más: retirada definitiva del contingente militar ruso desplegado en su territorio.

En los años de independencia de facto, la República Moldava de Transnistria ha demostrado ser un Estado plenamente viable que ha conservado la economía y creado su sistema financiero; funciona también la infraestructura social. Existen todos los ramos de poder. La República tiene un parlamento viable y bipartidista.

La República no reconocida es una figura política plenamente hábil en la región. Su Administración utilizó todas las circunstancias de signo favorable vinculadas a las complicadas situaciones políticas y económicas en Moldavia, Ucrania e incluso Rusia. En su política Tiráspol lo utilizó todo: desde el interés por la producción de las empresas de la República y la desconfianza hacia Occidente hasta la nostalgia de la Unión Soviética. La República no reconocida luchó por la supervivencia, ya que sus círculos gobernantes se daban cuenta de que cada día de existencia independiente le permite reforzar su potencial político.

En resumidas cuentas, si a principios de los años 90 el futuro de Tiráspol podía ser resuelto a nivel del trío Rusia, Ucrania y Moldavia, siendo pasiva hasta cierto grado la participación de Moldavia, pues ahora, sin tomar en consideración la voluntad política de Tiráspol, ni siquiera sería posible aproximarse a la mesa de negociaciones. De hecho, la República Moldava de Transnistria es un Estado independiente.

Es curioso señalar que cuanto más la República Moldava de Transnistria se aleje de la definición “conflicto congelado”, tanto más empeoran las relaciones entre Tiráspol y la OSCE. En otoño de 2006 estalló una verdadera crisis entre las autoridades de la República Moldava de Transnistria y las estructuras de la OSCE en Kishiniov.

En el período comprendido entre septiembre y diciembre casi cada semana entre representantes de Tiráspol y la misión de la OSCE en Kishiniov se producían no sólo conflictos o cruces verbales, sino verdaderos incidentes. El 12 de noviembre pasado representantes de la OSCE se alinearon frente a la puerta del liceo en Bendery para impedir acceso al viceministro de Educación de la República Moldava de Transnistria. El día 9 de diciembre la OSCE fue acusada de transferir recursos financieros a un candidato a presidente de la república. Tiráspol afirma que la OSCE ha asumido poco menos que el papel de promotora de operaciones especiales en la República Moldova de Transnistria. De hecho, las relaciones están rotas.

Entretanto, encontrándose en Moldavia desde 1993, la misión de la OSCE no siempre desempeñaba un papel negativo para la República Moldava de Transnistria. En aras de objetividad, procede señalar que en su tiempo representantes de la OSCE hicieron su aporte apreciable habiendo promovido la normalización elemental (a nivel de gente sencilla y empresas) de las relaciones entre Tiráspol y Kishiniov. La OSCE esperaba que en el contexto de paz, las autoridades de Kishiniov se muestren capaces de demostrar a la población de la RMT las ventajas que ofrece la vida en la Moldavia unitaria. Sin embargo, el resultado fue diametralmente opuesto.

Importante éxito de la OSCE pasó a serlo la Cumbre celebrada en 1999 en Estambul, en que Rusia asumió el compromiso de evacuar sus tropas de la República Moldava de Transnistria, sin embargo, en 2006 allí estaban emplazados aún 1500 efectivos rusos. Este problema es una de las fuentes principales de discordias entre Rusia y la OSCE, pero esta última no deja de respetar la postura de Tiráspol respecto a la presencia militar rusa en la RMT. La OSCE está convencida de que sin las unidades rusas en la zona del Dniéster se imprima dinamismo político al problema relativo a consolidar el territorio de Modavia. Al mismo tiempo, la OSCE reacciona con indolencia al peligro de escalada del conflicto si son evacuadas las tropas rusas. Por su parte, Tiráspol estima que la OSCE no hace más que allanar a los “pacificadores” noratlánticos el camino hacia el Dniéster.

En 2005 la OSCE interpretó negativamente las ofertas de resolver el problema de la RMT adelantadas por el presidente ucraniano, Víktor Yúschenko, ya que su plan no incluía la exigencia de retirar el contingente militar ruso del territorio de esa república. Pero la OSCE rechazó de forma contundente la propuesta de refrendar el derecho de Tiráspol a estatus de sujeto del Derecho Internacional en caso de que Moldavia deje de ser Estado independiente.

Pero en este caso la OSCE podía presentarse como deseosa de contribuir indirectamente a la absorción de Moldavia por Rumania. Indudablemente, a Kíev que tiene sus problemas territoriales con Bucarest, no le convenía ese recorte radical de las fronteras en su “fachada” occidental.

Por su parte, Kishiniov y la OSCE acogieron con desagrado que los representantes de la comunidad mundial tengan la posibilidad de contactar directamente con Tiráspol, según el plan de Yúschenko. En resumen, transcurridos dos años desde el plan de Kozak, calificado de radical y prorruso por la OSCE, apareció un plan nuevo adelantado por Yúschenko, considerado como líder plenamente “europeo”, pero más próximo a la independencia de la República Moldava de Transnistria que el propuesto por Moscú. En realidad, el tiempo está a favor de Tiráspol, y la OSCE lo comprende.

El reconocimiento de jure de la independencia de la RMT complica bruscamente para la OSCE el problema relativo a la retirada de las tropas rusas del área. Sin embargo, ésta no puede oponerse al proceso objetivo de transformación paulatina del Estado no reconocido en sujeto del Derecho Internacional. En el caso concreto no puede haber ilusiones. Cuanto más compleja se torne la situación socio-económica en Moldavia y cuanto más se aproxime Kishiniov al estatus de “Estados débiles”, tanto más firme se sentirá Tiraspol. A la OSCE le queda un solo campo de maniobra, en el que ésta se reserva el derecho de tomar soluciones y sacar conclusiones: es decir, la democratización de la República Moldava de Transnistria.

A Europa le resulta difícil, si no imposible en general, desestimar la región, donde los procedimientos democráticos pasaron a ser regla de vida. En tal caso, los intereses geopolíticos entrarán en contradicción, quiérase o no, con las normas de la democracia en la propia Europa.
La República Moldava de Transnistria se mantuvo políticamente firme. Ahora le queda un solo camino hacia la independencia: el de fortalecer la democracia. Por esta razón precisamente la OSCE también en adelante se desvivirá por demostrar la falta de democracia en el sistema político de la RMT, el carácter decorativo de los institutos de su poder legislativo, el predominio de clanes y la naturaleza criminal del poder ejecutivo.

Lamentablemente, en la presente etapa la realidad política de la República Moldava de Transnistria da motivos para las críticas por parte de la OSCE. Es posible que el mandato presidencial casi vitalicio de Smirnov dé al pueblo de esa República ventajas tácticas en lo tocante a mantener la continuidad del rumbo hacia la independencia, pero desde el punto de vista estratégico aleja de Tiráspol el reconocimiento internacional de la soberanía de la República Moldava de Transnistria.

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Andrei Súzdaltsev, Escuela Superior de Economía, para RIA Novosti.

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