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La salud pública

Francisco Arias Solís
Redacción
martes, 19 de diciembre de 2006, 22:15 h (CET)
“Todo hombre que viene al mundo
trae un letrero en la frente,
con letras de fuego escrito,
que dice: ¡reo de muerte!”


Augusto Ferrán

Quien pretenda conocer la historia de la salud pública se verá obligado a estudiarla en los códigos y costumbres de los diferentes pueblos, cuya civilización ha quedado impresa en la historia general de a humanidad, no perdiendo nunca de vista que las leyes y los hábitos han brotado siempre del instinto de la propia conservación individual como colectiva.

El nacimiento de la salud pública como ciencia, tal y como la entendemos hoy día hay que situarlo a mediados del siglo XIX. Entre los precursores del desarrollo de la salud publica cabe destacar a Bernardino Ramazzini (1633-1717) quien escribió el primer tratado importante de enfermedades profesionales, siendo por ello considerado fundador de la medicina profesional.

Los orígenes de la salud pública como se entiende actualmente, se sitúan en la obra de Johan Peter Frank (1745-1821), que hacía uso de la estadística para establecer la importancia de la salud pública.

El periodo comprendido entre 1848 y 1914 fue de indiscutible trascendencia para la salud pública. Tres fueron las principales vertientes que encauzaron los esfuerzos de la sociedad frente a la enfermedad: las epidemias, de cólera y fiebre amarilla, las enfermedades infecciosas endémicas y las enfermedades profesionales, fruto de la incipiente industrialización de la sociedad.

Edwin Chadwick, abogado británico, fue uno de los primeros en comprender los rentables resultados que podría aportar el pragmatismo en los estudios demográfico-sanitarios. Admirador del economista y filósofo Jeremy Bentham, del que fue su secretario particular, creyó en el lema de este último: “La mayor felicidad para la mayor cantidad de personas”.

Su eje argumental era sencillo: la enfermedad era una carga económica, como causa de pobreza que, a su vez, requería atención pública: una política de saneamiento (agua, basuras, alcantarillado) garantizarán la disminución o desaparición de aquellas.

La obra de Chadwick alcanzó una resonancia extraordinaria; se formaron una serie comisiones y grupos de trabajo que fueron creando una corriente de sensibilización que cristalizaron en una compleja legislación, preludio de Public Health Act de 1848. Este año es considerado el inicio del periodo denominado “positivismo”, año también de la creación de la General Board of Health, uno de los hitos más importantes en la historia dela salud pública, que aclaró, con sus estudios estadísticos, la transmisión hídrica del cólera.

El primer intento de internacionalizar los problemas de salud pública se remontan al 23 de julio de 1851, fecha en que se inauguró la Conferencia Sanitaria Internacional de París. El mismo año se celebró en Londres la Exposición Universal y Henry Mayhew publicó London Labour and the London Poor, verdadero modelo de encuesta social, que nueve años después del estudio de Chadwick denunciaba nuevamente la pobreza y el hacinamiento de las clases proletarias.

En España hubo importantes seguidores de este planteamiento de salud pública como Ignacio María Ruiz de Luzariaga, Mateo Seoane Sobral y su discípulo Pedro Felipe Monlau, autor del primer tratado español de higiene pública, editado en 1847, la realidad sociopolítica y la escasa industrialización de nuestro país no fue un terreno propicio para medidas reformistas, hasta que en 1883 se creó la Comisión de Reformas Sociales.

En España, en 1895 se creó el Instituto de Higiene que, a partir de 1899, se denominó Instituto de Sueroterapia, Vacunación y Bacteriología, y posteriormente Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII. A partir de 1912 se trasladó a la Moncloa, desarrollando una excelente labor.

Este Instituto, bajo la dirección de Cajal, Tello y Pittaluga, sentó las bases sanitarias de España, creándose un prestigio internacional, llevando a cabo descubrimientos como el de la fiebre exantemática mediterránea por el Dr. Sadi de Buen.

La estadística médica y la economía política son los verdaderos fundamentos de la salud pública que tiene por objeto el aumento de la esperanza de vida al nacer y la mejora de la calidad de vida. Y como dijo el poeta: “Morir es perder la vida. / Y si la vida se pierde, / lo único que te queda / es el vacío de la muerte”.

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