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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¡Estamos hartos de tanta tutela!

Miguel Massanet (Barcelona)
Redacción
lunes, 18 de diciembre de 2006, 23:21 h (CET)
Salimos de Guatemala para entrar en Guatepeor. Me refiero al afán de notoriedad que se les nota a los bisoños consejeros del nuevo Tripartito. Parece que tenían prisa para poner en práctica sus ideas luminosas y, cuando han tomado posesión de sus distintos departamentos, han puesto en marcha la máquina de fabricar normas para que no se pueda decir de ellos que están inactivos y no se preocupan por el bienestar de los ciudadanos. Lo malo de esta hiperactividad es que lo que, normalmente, se suele hacer –al menos es lo más aconsejable – antes de desarrolar cualquier iniciativa, es estudiar a fondo el tema, tomar en cuenta sus posibles incidencias, valorar los pros y los contras y, si es preciso, consultarlo con la almohada que siempre suele ser una sabia medida. Hablo de la propuesta de reducir a ochenta kilómetros por hora la velocidad de los vehículos en las vías y ¡autopistas! de entrada a Barcelona.

En primer lugar esta propuesta es la prímera de esta naturaleza que se presenta en toda la península o sea en España; tampoco en el resto de capitales europeas se han establecido medidas semejantes (sí se aplican planes para limitar el acceso de vehículos a las grandes poblaciones para eliminar atascos y polución) y finalmente debo decir que dudo que con esta medida se consiga nada positivo.

Si tomamos en cuenta la entra a la ciudad de Barcelona deberán reconocer los del Medi Ambient que cuando se produce de veras la contaminación es en las retenciones que, un día sí y el otro también, se producen para acceder a ellas. No soy técnico, pero siempre he creído que los motores cuando emiten más gases nocivos es cuando van a velocidad reducida, al menos es cuando más se notan y molestan; tampoco se deben de dejar en saco roto los atascos que se pueden producir en los peajes cercanos a la capital a causa de circular a velocidad tan lenta y el nerviosismo que las largas colas causan en los conductores lo que, en algunos casos, les hacen cometer imprudencias innecesarias.

En cualquier caso, se me ocurre que los nuevos inquilinos de la Generalitat podrían quizá lucirse más si consiguen que disminuyan los ruidos en toda la ciudad y, en especial, en algunas zonas en que los decibelios ya no son “deci” sino “centi” y “mili” con la consiguiente desesperación de los ciudadanos que se ven forzados a soportarlos (¿qué pasa con las sirenas de las ambulancias? o ¿qué remedio se propone para las de los bomberos?) Eso sin tener en cuenta la escasez de guardias urbanos que permanecen invisibles en muchos barrios de la capital o ¿qué medios se arbitrarán para mejorar la seguridad ciudadana? o ¿cómo puede suceder que los ciudadanos vean desposeidos de pisos o locales de su propiedad por gentes sin escrúpulos sin que ninguna autoridad se lleve las manos a la cabeza? No les parece que hay temas más perentorios para solucionar y de los que preocuparse que el hacer la pascua a los conductores con limitaciones innecesarias y, en muchas ocasiones, contraproducentes. Es curioso que estos defensores de las libertades siempre acaben siendo los más partidarios de restringirlas, so pena de que lo que se busque es una nueva fuente de ingresos, léase vía sancionatoria, para mejorar el estado de las arcas municipales.

Los ciudadanos queremos que se nos den facilidades, no que se nos agobien a prohibiciones con la excusa de que “es lo que nos conviene”. Nos conviene ganar más dinero y no lo conseguimos; nos conviene vivir muchos años y tenemos que conformarnos con los que se nos han asignado; nos conviene ser felices y pocas veces lo logramos. ¡Basta de Estados protectores! Cuidense de poner orden en las calles, de grantizar nuestra seguridad, de que funcionen bien todas las instituciones y de que se cumplan las leyes y verán que, sin más prohibiciones, todo funciona bien. Somos mayores de edad y no necesitamos del tutelaje de tantos buenos samaritanos.

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