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Nuestros servicios mínimos colectivos
Pelayo López
Se acerca ya la Nochebuena y con ella Papa Noel. Se acerca también, únicamente unos días después, la noche de los Reyes Magos. Regalos, y más regalos, de la mano de este cuarteto entrañable para los más pequeños y, al mismo tiempo, eso sí de manera completamente involuntaria -o no tanto si atendemos a los titiriteros que manejan las cuerdas de este teatro de marionetas- sacacuartos para los mayores. Y todo ello, justo, además, en la víspera de la consabida cuesta de enero. No obstante, hay que destacar que este variopinto grupo de benefactores dadivosos y altruistas puede suponer, en su propia condición, una interesante gama de ejemplos a tener en cuenta para el año entrante. Ya saben que es menester plantearse en Nochevieja, de cara a la inminente anualidad, una serie de propósitos que, al fin y a la postre, 365 días después, pocos o ninguno han cristalizado como deberían. Y lo de las buenas intenciones no se refiere sólo a nivel personal, sino también al ámbito colectivo, al del conjunto de la sociedad y, por extensión, al de aquellos que tienen la potestad de establecer su rumbo.
El primero en acercarse a traer la felicidad a nuestros hogares en estas fechas tan señaladas es Papa Noel, un señor de edad avanzada y bonachón, de abundante y espesa barba blanca y estómago resultón, cuya forma de presentación más recurrente es su ya celebérrimo “¡Oh jo jo!”. Por tanto, nuestro primer propósito a incluir en la lista es el de velar por nuestros mayores, nuestra forma de devolverles todo aquello que ellos nos han dado. Cuidado, respeto y comprensión, 3 pilares que deben sostener siempre nuestra relación con los mayores y que no pueden faltar nunca. La soledad, la enfermedad, el poder adquisitivo… muchos son los asuntos en los que la incumbencia de la llamada “sociedad del bienestar” les debe aún mucho más de lo que les ofrece.
Ya en el venidero 2007, ¡cómo pasa el tiempo!, llegarán los Reyes Magos, 3 hombres de distinta procedencia, con distinta apariencia física y, más que posiblemente, con otras muchas diferencias que, sin embargo, se embarcan juntos en una misión sin tener en cuenta las distinciones. He aquí el número dos de nuestra lista: la integración con la que todas las personas deben ser admitidas en una colectividad, la solidaridad que no debe faltar para con los más necesitados, la discriminación y la explotación de todo tipo que no deben tener cabida en nuestro entorno. La riqueza del mundo es la riqueza de sus gentes. ¡Que cada uno haga su lista!, pero que, al menos, del mismo modo que nos gusta recibir regalos de la mano de estos cuatro hombres, nos acordemos de ellos igualmente para incluir en nuestra “Carta” de propósitos los dos mencionados, y convertirlos así en nuestros servicios mínimos colectivos.
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