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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

'Requiem': exorcismo a contrapelo

Gonzalo G. Velasco
Gonzalo G. Velasco
miércoles, 7 de febrero de 2007, 19:20 h (CET)
La ganadora a la mejor película este año en Sitges nace con una clara vocación de ir a contracorriente dentro de su género, o de manera más exacta, dentro de su subgénero: el cine de posesiones demoníacas. Al igual que El Exorcista (Robert Friedkin 1973) o La más reciente El Exorcismo de Emily Rose (Scott Derrickson 2005), la trama de Réquiem narra, a priori, los coqueteos del maligno con el cuerpo de una adolescente inocentona llamada Micaela (el muy canalla, parece que nunca ha oído hablar de la paridad de sexos, demostrando con ello hasta donde llega su malignidad). La difererencia entre Réquiem y el resto de las películas mencionadas reside en el enfoque. Aquí no hay efectos especiales, escenas truculentas, lujosos diseños de producción o bandas sonoras despiporradas, sino que se pretende contar la historia (real) de la pobre Micaela desde una perspectiva sobria y naturalista, lo cual aproxima al film más a productos como Henry, Retrato de un Asesino (John McNaughton, 1986) que a sus referentes en apariencia más inmediatos.

Las ganas de llamar la atención del director, Hans-Cristian Schmid son de tal magnitud que no duda, además, en tomar una decisión que probablemente muchos amantes de la gratuidad disfrazada de concienzuda y pertinente solución entre estética y moral aplaudirán (el premio en Sitges lo demuestra, aunque existió una gran polémica al respecto debido a que mucha gente consideraba que la película era demasiado realista para alzarse con el máximo galardón de un festival de corte fantástico). Me refiero a que en Réquiem, que supuestamente se hace eco de la tragedia de una chiquilla alemana muerta en espeluznantes circunstancias tras haber sido sometida a doce exorcismos, no se ve ni uno sólo de estos exorcismos, puesto que termina justo en los momentos previos al primero.

Puede parecer innovador, sobre todo si se intenta justificar tamaño despropósito mediante una indagación psicológica de baratillo en la atormentada mente de la protagonista, llena de religiosidad mal entendida que genera agrios conflictos esquizoides con su emergente sexualidad, pero en el fondo no se trata más que de una coartada pseudointelectual, en sintonía con el tratamiento estético austero ya reseñado, cuyo objetivo pasa por rodar una película barata, sin complicaciones, capaz de ganarse los favores de la crítica sesuda y el público gafapasta, como así ha sido. En el fondo, las intenciones del realizador son loables (además de inteligentes), sólo digo que si empezamos a caer por sistema en este tipo de trampas, corremos el riesgo de terminar encandilados por películas de zombies sin zombies (alguna ya hay, ahora que lo pienso, como Los Lunes al Sol o casi todas las firmadas por Gerardo Herrero), películas de Jackie Chan sin mamporros, o incluso películas de Michael Winterbottom sin pretenciosidad, haciéndole el vacío, de este modo, al resto de films supuestamente más convencionales, cuando todo el mundo sabe que las mayores transgresiones siempre proceden de objetos artísticos ramplones a primera vista, tal vez, es sólo una teoría, porque la transgresión no está hecha para el hocico de todos. Con gafas de pasta o sin ellas, siempre hay que saber dónde mirar.

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