Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Pinochet: impune por defunción

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 17 de diciembre de 2006, 23:49 h (CET)
En el año 1973 muchos veinteañeros estábamos hartos de vivir en un régimen sin libertades bajo la dura férula del General Franco y a pesar de que algunos viejos comunistas nos decían año tras año que las próximas Navidades Franco ya no probaría los turrones las Navidades iban pasando y cada vez veíamos más lejos el día en que podríamos andar en libertad por las calles, ver las películas que nos apetecieran o leer los libros que quisiéramos. En las Universidades se sucedían las asambleas mientras muchos Decanos expulsaban a los estudiantes y profesores más combativos. En los grandes centros de trabajo la huelga, entonces prohibida, comenzaba a ser un arma reivindicativa de los derechos sociales mientras la dirección de la, entonces ilegal, CC.OO permanecía presa en Carabanchel a la espera de juicio. Esto era así y nuestra preocupación en aquellos días no era cómo poder comprar una vivienda sino que cualquier madrugada la policía podía llamar a la puerta de casa para llevarnos a sus calabozos en los que reinaba la tortura.

Por todo ello mirábamos con simpatía experiencias políticas como las de la Unidad Popular chilena que había llevado al poder a Salvador Allende en el año 1970 con un programa que pretendía llevar el socialismo al poder por vías democráticas y favorecer a los desheredados de la diosa fortuna. Incluso muchos de los jóvenes españoles de mi generación marcharon a Chile para ayudar en lo posible con sus conocimientos, como fue el caso de los valencianos Joan y Vicent Garcés, que luego pudieron contar las atrocidades vistas y vividas, o del, también valenciano, sacerdote Llidó que fue “desparecido” y ya nunca más pudo seguir dando su desinteresada ayuda a los habitantes de los suburbios chilenos.

Pero todo se fue al traste un 11 de Septiembre de 1973. Por aquel entonces pululaba por las cafeterías del centro de Valencia un limpiabotas que solía ir siempre con una camisa de militar y alguna que otra medalla colgada, se decía que era un antiguo legionario o un exdivisionario de la “División Azul”. Aquel día me cruce con él y vi que sobre su pecho llevaba un cartel en el que entre dos calaveras había escrito “Allende ha muerto”. Así fue como me enteré del derrocamiento de un presidente elegido en las urnas por un fantoche vestido de militar que no dudó en sembrar el miedo y la muerte entre su pueblo y que con la excusa de derrotar al marxismo aprovechó sus años de mandato para mandar al exilio no sólo a cerca de 300.000 chilenos sino también para poner a buen recaudo treinta millones de dólares para su uso y disfrute.

El Palacio de la Moneda, sede del gobierno chileno, fue bombardeado y Allende asesinado, los “milicos” ebrios de sangre, odio y venganza llenaron de prisioneros las cárceles y hasta el Estadio Nacional, hoy llamado Víctor Jara, las mujeres no podían circular por las calles con pantalones y la sangre de miles de chilenos llenó las calles de Santiago y otras ciudades. Todo esto no hubiera podido ser si los militares golpistas no hubieran contado con la poderosa ayuda de los EE.UU., la todopoderosa CIA estuvo preparando el clima oportuno para el golpe de estado, primero con las huelgas de camioneros que dejaron las ciudades sin abastecimiento, luego con las caceroladas de protesta de las mujeres de la burguesía chilena y más tarde con la ayuda logística. Kissinger, a quien años más tarde paradójicamente se le otorgaría el premio Nobel de la paz, fue el cerebro de esta operación, en una ocasión dijo que “Pinochet es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. Las empresas americanas salvaron sus intereses mientras el golpe servía de aviso para otras naciones del Cono Sur y con la ayuda de los economistas ultraliberales de la escuela de Chicago la macroeconomía de Chile alcanzó una estabilidad en la que los ricos eran cada vez más ricos y los pobres se hundían cada vez más en la miseria.

La represión fue larga y los muertos y desparecidos de aquella época se cuentan por miles, caravanas de la muerte cuya meta era el paredón y la fosa común y asesinatos selectivos de los elementos molestos como los del General Prats y su esposa (Buenos Aires 1974), el democristiano Bernardo Leigthon y su esposa (Roma 1975) o el antiguo ministro de Allende Orlando Letelier y su secretaria (Washington 1976). Las ansias de sangre de Pinochet, único Jefe de Estado que vino a acompañar a su colega Franco en su camino al Valle de los Caídos, fueron insaciables. Las comisiones de investigación Retting y la de monseñor Valech hablan de infinidad de torturas e incluso de la utilización de perros que eran empleados para violar a las presas.

Pero Pinochet ha muerto impune a pesar de todos estos tristes sucesos. Siempre encontró tretas para eludir a la justicia. Cuando estaba en Londres e iba a ser procesado por Garzón alegó enfermedad e incluso iba en una silla de ruedas de la que saltó nada más aterrizar en el aeropuerto de Santiago, después alegó demencia senil para no pisar la cárcel e incluso en su última enfermedad su repentina mejoría hizo pensar a algunos que volvíamos a estar ante una de las tretas del viejo dictador, pero finalmente murió, en la cama como muchos otros dictadores. Ahora será la historia quien le tendrá que juzgar, no sólo por asesino sino también por ladrón algo que tendría que avergonzar a todos esos militares que todavía le han rendido honores. Pinochet finalmente ha salido impune de las acusaciones pero no por ser inocente sino por defunción.

Aconsejo ver la película “Missing” o leer los últimos capítulos de la novela “La casa de los espíritus”. Son un perfecto retrato de aquellos días en Chile.

Noticias relacionadas

La plaga del divorcio

El divorcio se le considera un ejercicio de libertad cuando en realidad es un camino hacia la destrucción moral

Tortura y poder

Está claro que la tortura no puede ser objeto de justificación, ni siquiera la aparentemente civilizada

Absurdo pensar que Casado pueda reflotar al PP para mayo

“Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.” Mahatma Gandhi

¿Está más cerca la República en España?

¿Por qué triunfó la Moción de censura contra Rajoy?

Ábalos, Organización y Fomento

¿Ferrocarril en Extremadura? No me siento responsable
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris