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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿La muerte es el final?

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
viernes, 15 de diciembre de 2006, 18:36 h (CET)
Un número más, el 63, de la violencia doméstica. Oviedo, diciembre de 2.006: Ella de 80 años y enferma de Alzheimer, estrangulada por su anciano marido de 89 años. Idénticas tipificaciones que al igual que ésta, no entran en la genérica violencia por sexo según afirman los vecinos. Todo el día se ocupaba de ella, era un matrimonio ejemplar, decían. Es ya momento de acudir a las causas y los males del alma.

Discusiones en torno a la ley que combate esta violencia, como la de Monserrat Comas del Observatorio del CGPJ y Maria Sanahuja decana de Barcelona, quedan para los márgenes jurídicos e incluso ideológicos. El debate sobre la vida es más serio, del que sin lo trascendente la mesa cojea de sus patas. Demencia senil, pérdida del sentido de la vida, enfermades incapacitantes, son olvidadas por el hombre en la supremacía de los valores que lo esclavizan. Si la muerte es el final no tiene sentido pensar en lo que se deja, hijos, familia, el triste y trágico final sucedido. Tal vez nuestros mayores tengan superiores prestaciones sociales, pero vancantes las del corazón y del alma. Miedo a la soledad, la enfermedad y al vacío. Si la muerte es el final, pocas cosas importantes tienen sentido, la familia, los hijos, nuestros logros y proyecciones en la sociedad. La falta de valores o la desviación de los mismos llevan a los trágicos desenlaces que las leyes nunca podrán enmendar o corregir. Familia es la palabra mágica, matrimonio en la salud y la enfermedad hasta que la muerte natural los separe. Que los vuelva a unir después de muertos, aunque para los no creyentes sólo sea en bondadosos recuerdos familiares. Si la muerte es el final, mucha terapia adicional sería necesaria para combatirla en sus más perversos instrumentos, cuando el sentido por la vida ve apagarse su llama. Qué es si no la familia y el matrimonio.

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