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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Pinochet y la necesidad de dictadores

José Luis Palomera
Redacción
viernes, 15 de diciembre de 2006, 18:34 h (CET)
Toda idea propia que no confluya sobre la base de nuestra identidad absoluta cósmica es dictadura, con la única salvedad del poder que se tenga para llevarla adelante. Tan dictador fue Franco como Azaña, por poner un ejemplo, ya que ambos defendían ideas propias, y aunque la defensa de las ideas, en este caso, no tenga comparativa alguna -ya que mientras uno las defendía desde la legalidad, el otro lo hizo a través de la fuerza- no tengan duda de que habría ocurrido al contrario, de darse las mismas condiciones, independientemente de las ideas que defendían. El dictador que siempre termina imponiendo sus tesis ideas y políticas, sean de signo que sean, es aquel que cuenta con el poder de las armas.

La idea es la dinamita, el poder otorgado, la impunidad de encender la mecha. Una idea es una política, mil ideas un grupo político, un millón de ideas un dictador. Pinochet:

Dejando claro que; eso de “muerto Pinochet se acabó la rabia” es un real dicho cuando se hace referencia a los Podencos, decirlo del dictador chileno es menospreciar a los perros, también hay que decir, que los ídolos creados por las masas no mueren hasta que no mueran éstas en todas sus generaciones. El perro, a diferencia del fanático ser vivo llamado humano, que muere rabioso con él se va el mal, si un ídolo humano muere la rabia de su muerte permanece acrecentada en sus fanáticos seguidores.

Desgraciadamente este mal social se produce en el trascurso de las propias normas, impuestas en virtud de la gobernación terrena, donde la necedad de crear dioses, ídolos, mitos, santos y santones, es imperiosa en los individuos mentalmente fatuos. Un dictador, un revolucionario, un héroe, un villano, son pautas precisas en seres sin precisas pautas. En seres que para sentirse vivos precisan que otros vivan, precisan héroes o villanos, reyes o dictadores, justicieros o verdugos para considerarse de igual forma, entre las sobras de su indisposición mental.

Pinochet al igual que todos los demás dictadores, puso las ganas para llevar adelante las ideas de una parte del pueblo chileno, los cuales en virtud de las enseñanzas recibidas, no entendían ni entienden otro modelo social, justo lo contrario que la otra parte.

Podemos hablar de licitud en las formas de actuación para imponer ideas, pero el caso es que cada uno empleó en su momento todas las fuerzas que poseía. Unos para derrocar y otros para no ser derrocado, para entrar, o no salir, la victoria no tiene duda, sólo los más fuertes, los que de más medios dispusieron, fueron, han sido y serán verdugos de las ideas de los demás y salvadores de las suyas.

La realidad del mundo es que los seres humanos no tenemos más en común que la capacidad de pensar, aprender y ajusticiar.

Hay que dejar claro para seguir avanzando en la tesis que pretendo argumentar, que ningún hombre se hace más que otro sin la colaboración de los demás, un dictador no se hace, se crea, un rey, un revolucionario, un rico, un pobre..., todas estas formas de vidas y sus correspondientes pensamientos, no piensa igual un rico que un pobre, un rey que un lacayo, se crean justamente para diferenciarnos en lo básico cual crucial desafuero que nos lleva a perecer los unos en manos de los otros, es decir, una manera de pensar con otra, en un mismo país, familia u hogar.

Los dictadores no son otra cosa que las manos de las ideas que le forjaron mando y guía para defenderlas. Otra de las cosas que hay que dejar claro es que los dictadores no corresponden, como algunos piensan, a corrientes o pensamientos de derechas. El dictador, el tirano, es defensor de una idea propia sea cual fuera que no padece conciencia de que está equivocado en sus actuaciones contra otra manera de pensar de su propio pueblo, por eso considera toda acción precisa para salvar a sus valedores de las garras de sus enemigos, entiende honor eliminar todo peligro entre paranoias que luego pasan a ser trasmitida a muchos de sus seguidores.

El dictador, no es el problema, el problema está en las ideas de los hombres, es la obsesión por diferenciarse, vanagloriarse, santificarse con pueblo, raza y Dios propio. Si no acabamos con las ideas que nos diferencian jamás acabaremos con los dictadores.

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