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Liga 2005/06: cosas que llaman mi atención

Herme Cerezo
Herme Cerezo
martes, 12 de diciembre de 2006, 12:01 h (CET)
El Sevilla-Real Madrid del presente campeonato ya es historia. Victoria hispalense, 2-1, apretadita pero justa. Recién acaba el partido, zapeo y me tropiezo con un buzo de gesto sorprendido, una película de vaqueros rancios y una muchacha que hace fotos con sonrisa de odontólogo. Vuelvo a la Sexta y veo el resumen del Barça-Real Sociedad. Victoria culé por 1-0, justita pero apretada. Apago el televisor y tomo nota de unas cuantas cosas que llaman mi atención.

Empiezo por el Nervión. Sigue habiendo dos raseros para aplicar el reglamento. Se ve que los colegiados no se reúnen bastante, no hablan lo suficiente y tampoco estudian mucho. Me explico. Dos jornadas atrás, en el mismo césped, el valencianista David Silva se va a la caseta por dos tarjetas amarillas en tan sólo 17 minutos. Hoy, Michel Salgado, teniendo ya una tarjeta en su haber, no sufre la misma suerte después de agarrar a un contrario y derribarlo cuando se marchaba camino de la portería de Casillas. Hace quince días, Mejía Dávila, de infausto recuerdo para el club de Mestalla, aplicó un criterio distinto al de Muñiz Fernández en la noche de hoy. El primero lleva once temporadas en Primera, el segundo, seis. No son novatos. La pregunta viene ahora: ¿cuál de los dos adultera el resultado, el desarrollo de un partido y, por ende, tal vez de la Liga? Los vídeos hace más de veinte años que se inventaron, pero los de negro (ahora combinan el negro con tonos fucsias y fosfos) parecen ignorarlo. Lástima.

Seguimos. Tiene el Sevilla un delantero de extraña elegancia. Sólo le falta la chistera y la levita. Es un tipo que maneja el balón como un pulpo, que lo toca, que defiende, que dribla, que chuta, que reparte juego y abre a banda, que crea peligro y que lleva once goles (el año pasado hizo catorce en las tres competiciones en las que participó). Su nombre Frederic Kanouté. En el Olympique de Lyon, West Ham Ut. y Tottenham Hotspur todavía deben añorarlo. Ojo con él.

Más caña. El Sevilla parece un candidato sólido para luchar con el Barcelona por la Liga. Sin embargo, habrá que observar su evolución porque su juego es muy físico y no me refiero únicamente al aspecto defensivo (presión, agresividad, choque), sino también al ataque. Este equipo da la impresión de que, para funcionar bien, tiene que estar muscular y orgánicamente a tope. La velocidad en su sistema de juego es determinante. Veremos si es capaz de mantener el mismo ritmo todo el año o si llega a febrero pidiendo la hora en cada partido. Si lo consigue, nos vamos a divertir un rato.

Otro que llama mi atención es el sevillista Alves. Ante el Madrid ha estado menos participativo que otros días durante la primera parte. En la segunda ha hecho más cosas. Es indudable que la presencia de Navas en el equipo, le resta responsabilidad en el ataque por banda. Sin embargo, es un jugador determinante porque a su calidad defensiva une una buena visión de juego. Suyo ha sido el centro que ha permitido a su equipo hacer el segundo tanto. Jugador listo, recomendable. Otro que hay que seguir.

Roberto Carlos. Lo de este hombre no tiene nombre (perdonen la redundancia, el ripio, pareado o como quieran llamarlo). Lleva diez años en el Madrid y tiene ya treinta y tres tacos, pero su puesta a punto es admirable. Además de su potente disparo, su trabajo defensivo es espléndido. Es un tipo listo y limpio. En las tres últimas temporadas ha cosechado tan sólo cinco, seis y siete tarjetas amarillas, respectivamente, y una roja. Cuando un lateral tiene la condición física adecuada, sobran las marrullerías y las patadas. Chapeau, para Roberto Carlos.

Una duda que únicamente un hincha del Sevilla me podrá aclarar. ¿Qué diferencia existe entre Sergio Ramos, abucheado y silbado desde el principio del partido, y Reyes, ovacionado y coreado su nombre al saltar al césped. Ambos militan en el mismo equipo y ambos regresaban a jugar contra sus ex. Sevilla tiene un sabor especial, desde luego.

Paso por un momento a can Barça. Un detalle tan sólo. Los goles espectaculares, la magia y la fantasía los pone Ronaldínho. Pero la calidad en el juego oscuro, su saber estar, meter el pie, hacer la falta en el momento oportuno, jugarse la tarjeta amarilla cuando toca lo hace otro: Anderson Luis de Souza, más conocido como Meco. ¡Qué pedazo de jugador! Otro chapeau, como el Roberto Carlos, para él.

Y acabo. Están de moda, una moda peligrosa. Los he visto hoy, tanto en Nervión como en el Nou Camp. Antiguamente los jugadores repartían codazos a los costados o al estómago de los contrarios. En balonmano y baloncesto es casi ya una tradición. Sin embargo, en el fútbol esta agresión encubierta lleva tres o cuatro temporadas en pleno auge, con la salvedad de que aquí los codos se estrellan contra las narices, ojos o sienes de los rivales. Que yo recuerde, para saltar no hace falta pegar codazos. Está claro que las extremidades superiores ayudan para tomar impulso, pero es un movimiento de abajo-arriba, con los brazos pegados al tronco, y que no consiste, desde luego, en impactar un codazo en la cara del adversario. A veces, los árbitros señalan estas faltas, incluso expulsan por ello, otras no. Pero es una práctica peligrosa, insisto. Algún día un pelotero va a resultar seriamente lastimado por este asunto. Alguien debería tomar cartas en ello y atajar el problema. Desde luego este tipo de acciones resultan mucho más peligrosas que las pérdidas deliberadas de tiempo o las caídas simuladas, chorradas que casi todos los árbitros sancionan con vehementes gestos punitivos. Y ojo, los codazos los ponen en práctica un porcentaje muy alto de defensas, sin importar el equipo. Recuerdo que las bengalas y los cohetes se permitían en los campos de fútbol hasta que en Sarriá hubo un accidente mortal. Aplíquense el cuento y prevean antes de que sea tarde, muy tarde.

Cuando termino este artículo conecto otra vez la tele. Zapeo de nuevo, pero ya no están ni la chica de sonrisa de odontólogo, ni los vaqueros rancios o el buzo de gesto sorprendido. Así que apago el receptor y me voy a dormir. Buenas noches.

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