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Etiquetas:   Alemania  

El adiós análógico

José Antonio Jato
José Antonio Jato
martes, 12 de diciembre de 2006, 04:47 h (CET)
Alemania como el resto de países de la Unión Europea encara el cambio histórico de la televisión analógica a la digital, tratando de cumplir con el plazo del 2012 fijado por la UE para ocupar posiciones de primera línea en el mercado internacional, frente a sus inmediatos rivales como Estados Unidos o Japón, que impulsan sus propias normas tecnológicas.

El pastel mundial se lo reparten tres sistemas de transmisión digital. La norma europea Digital Video Broadcasting, y los estándares ATSC e ISDB-T, norteamericano y japonés respectivamente.

A diferencia que en otros países europeos, Alemania ha apostado por una transición paulatina a base de ir sustituyendo por zonas geográficas los canales analógicos por los digitales. Así se han abordado inicialmente Berlín-Brandeburgo, Colonia-Bonn, Dusseldorf-Cuenca del Ruhr, Hamburgo, y continúan otras regiones en esta inmersión digital que concluirá previsiblemente en la fecha oficial marcada por la UE.

Los expertos cantan desde hace tiempo auténticas delicias de esa nueva tecnología y la prensa neófita las jalea. La televisión digital ha de significar un salto cualitativo en la nitidez de la imagen y sonido, y cuantitativo porque ampliará la variedad de canales para toda la sociedad, ofrecerá servicios complementarios interactivos, amén de que garantizará un incremento de la penetración en la audiencia. Todo ello nos promete un horizonte sin nubarrones, de posibilidades insospechadas para los europeos en la obtención de pingües operaciones comerciales y culturales, en este último guiño tentador de la sociedad globalizada. La nueva tecnología se hermanará sin dificultades con el ADSL, el cable y la telefonía móvil. Por lo que el consumidor dispondrá de la posibilidad de una interactividad casi total, que esperemos no se transforme en hiperactividad.

En opinión de Markus Schächter, director general del segundo canal público alemán, ZDF, se abre una experiencia interesante precisamente en áreas en las que la televisión publica se siente más competente que la privada como la producción de documentales, de cultura y sociedad o tele-movies. La pública podrá ofrecer una programación más rica y madura en contenidos, según Schächter acorde a la complejidad del mundo de hoy.

Queda por ver si el salto cuantitativo de posibilidades redundará en un aumento de la calidad de los productos audiovisuales cuando el mercado sobresaturado por el aumento de la oferta, potencie una mayor segmentación, y quizás no se vea correspondido con el crecimiento de la demanda.

El entusiasmo por el que en un futuro próximo alemanes y europeos podamos empacharnos a nuestro aire en la parada de autobús no sólo hojeando un periódico o un libro, sino además viendo los informativos a través del móvil, o zapeando entre nuestro correo electrónico y una video-conferencia con la novia, provocará seguramente daños colaterales

La liberalización del mercado ya puso en aprietos en su día a la televisión pública alemana que tuvo que competir en entretenimiento y banalización de contenidos con la privada para no perder cuotas de audiencia. La cultura y los programas educativos quedaron relegados entonces a canales ejemplares pero de élite como 3Sat, Arte, o ZDFTheaterkanal, que ahora puede que zozobren ante la marejada de propuestas y programación digitales en ciernes.

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