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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Cíclopes intratables

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 10 de diciembre de 2006, 22:55 h (CET)
Gigantes, lo que se dice gigantes, se ven pocos. Además, hoy en día, en cuanto vemos algún personaje con pintas de "grandioso", nos ponemos a temblar porque florecen más los monstruitos que los verdaderamente grandes.

¿Qué representan los grandes mitos? Cada persona y en cada época revive las situaciones clásicas, por eso son clásicas. De no ser así, nada tendrían que ver con nosotros, como si hubieran pertenecido a otro mundo. Esta lógica debiera llevarnos a la revitalización de los dioses mitológicos, con las nuevas percepciones. Las mitologías antiguas tendrían que contarse con los nuevos protagonistas. Esto no está nada mal en sí mismo.

Más aún, si nos limitamos a actualizar sólo a los genios maléficos, adaptándolos a nuestros ambientes, o los adoptamos tal como eran, ¿Qué podremos esperar?. Y si el grueso de la población permanece agazapada, como aturdida, quizá alelada; en el bullicio ejercerán como exclusivos los monstruos dominadores. ¿De qué podremos extrañarnos cuando repiqueteen sobre nuestras cabezas los desmanes de los endiosados?

En la familia de los dioses griegos se ubican representantes específicos para cada característica humana, bondades y crueldades divinas, peleones y trágicos, según conviniera a la estimación de cada suceso de la vida. Entre ellos aparece la figura de los CÍCLOPES, inicialmente desterrados a los mundos inferiores. Cuando el olvido y el desastre se cernían sobre ellos, fueron liberados por el supremo Zeus.

Pero esa liberación no modificaba del todo su pertenencia a mundos inferiores, quedaron como simples pastores sicilianos, tienden a mostrarse como razas salvajes; en cualquier caso no están sujetos a las normas habituales para sus coetáneos; y así mismo, eran caníbales en sus horas de apremio o furia. Aguerridos frente a dioses o humanos, no debieron cortarse un ápice a la hora de los enfrentamientos. Culminaban esa presentación estrafalaria con su ojo único en el centro de la frente; eso de un único punto de visión ya nos resulta más familiar. Aquí no ha lugar la dialéctica, aunque resulte triste, aquí no tiene lugar la elaboración en común. Divertidos en la películas, cuesta creer en su actualidad, pero es real, en los momentos decisivos modernos.

Si los catalogamos por sus tamaños gigantescos -leamos empresas, instituciones, partidos políticos-, en los dias que corren toparemos con grandezas, por lo menos autoproclamadas, siendo menos habituales las verdaderas cualidades del gigante. Mucho más difundida está esa MIRADA ÚNICA; eso de la disposición de un sólo ojo para el provecho propio y exclusivo. No parece interesar demasiado eso de multiplicar la mirada por los entornos, ni solidaridad ni beneficios que lleguen a estorbar al beneficio; predomina con mucho el puro desdén. Evidentemente, con un sólo ojo... no da para más.

Cuando apreciemos su lado salvaje, primario o poco cultivado, cabrá una cierta admiración, por aquello del buen salvaje, capaz de no haberse contaminado con las mentiras y tergiversaciones del mundo moderno. ¡Qué bien! ¡Albricias! Esta es una visión llena de ternura e incluso bucólica. Mas esto no suele quedar así, o bien sucumben arrollados por un devenir histórico ilustrado; quizá lamentable, pero avasallador, y con ínfulas de progreso cultural elevado. O se transforman en otro ejemplo también muy actual y terrible; el burdo salvaje de mirada y mente obsesivas se erige como pretendido salvador universal. Se transformó en poseso malvado de una verdad de tan dificultoso alcance para todos. Poseso, ya que no poseedor, ¡Menuda diferencia!. ¿Será que no son posibles los niveles intermedios? ¡Pues parece que no! O sucumben por salvajes atrasados, o avasallan por sus potentes y rudas agallas.

Entre legisladores, representantes, controladores y normas sociales, la opción de los desmanes no debiera tener cabida. Tantos vínculos y ataduras lo impedirían. Por el contrario, chocamos con abusos impensables y las más enormes discriminaciones. Nunca hubiera uno pensado que se llegara a tanto.

Desde luego se originan comportamientos polifémicos, con unos beneficios usureros para los dominadores. Ese es el único ojo que les define. Su mirada goza de un estrecho horizonte, con ella se van ampliando grandes estructuras organizativas contemporáneas, con un flagrante alejamiento del individuo como tal, este sólo va a servir para ser exprimido. Semejantes monstruos efectuan una distorsión crucial, grave por sus consecuencias sobre cada persona en particular; y con otra perversidad añadida, a su vez generan acostumbramiento conducente al olvido, ya como algo habitual. No ha lugar ninguna consideración humana.

Estos seres grandiosos de la actualidad están tan imbuidos de su omnipotencia que sus pensamientos irán muy próximos a las palabras escritas por Shakespeare en Ricardo III, puestas en boca de los asesinos, se refieren a la CONCIENCIA como: "¡No quiero tener nada con ella; es una cosa peligrosa! Hace del hombre un cobarde, no puede robar sin que le acuse, no puede jurar sin que le tape la boca, no puede yacer con la mujer de su prójimo sin que le denuncie. ¡Es un espíritu ruboroso y vergonzante que se amotina en el pecho del hombre! ¡Todo lo llena de obstáculos!" Puestos en estas razones, cuantos menos ojos que sean capaces de ver, encantados de la vida y de sus trapisondas.

Simple mirada aislada,
Nunca apresurada,
Feroz y aprovechada.

Por que...
Conciencia descuidada,
Alforja bien cuidada,
y razón dominada.


Hoy me refiero a los cíclopes, e incluso a Polifemo. Esa es una de las delicias de la mitología clásica, con cuatro trazos descriptivos dibuja unos seres de características susceptibles de ser aplicadas en todos los tiempos. La anécdota salvaje, bucólica, y de aventuras narrativas, concreta una manera de comportarse con el entorno. Lo esencial no radica en las apariencias, por debajo de ellas subyace una personalidad precisa.

El que se trate de figuras intratables, agrande la sima entre ellas y la gente común. ¿A quienes esperamos con la solución? ¿Al nuevo David que pueda con Goliat? ¿Acaso a Godot? Desde la pequeña modestia de los seres humanos hemos de trabajarnos el posicionamiento frente a estas grandezas desconsideradas.

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