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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La cultura de los titulares

Jesús Ricart
Redacción
domingo, 10 de diciembre de 2006, 22:55 h (CET)
La prensa gratuita es una prensa fundamentalmente de titulares. Se cifra alrededor de 2 millones de ejemplares diarios dejando atrás el tiraje más espectacular de la prensa de pago. Su forma redaccional es para ser leída para quien no tiene tiempo o no tiene ganas para entrar en materiales crípticos y densos. El resultado formal es un estilo redaccional basado en la brevedad. Se dice que lo más artístico es lo que dice más con menos palabras. Aunque hay textos que a fuerza de ser breves desaparecen. El titular, poco o mucho, da una idea de lo que va sucediendo en eso que llamamos nuestro mundo. Aunque el titular, lo mismo que los ladillos, es obra del editor y no del redactor. Así como hay títulos de libros que los pone la editorial por razones comerciales y no el autor, también los hay de noticias que no se ajustan exactamente al valor de su redactado.

Se dice que para preparar un texto con contenido corto se necesita más tiempo que para escribir uno largo. Yo vengo experimentando que me cuesta más esfuerzo escribir un poema de 100 palabras que un artículo de 1000. Vivimos en una cultura de impresionismos inmediatos. La gente quiere enterarse de lo que hay a la primera mirada. Un titular es una forma de consigna. Antes de que el lector decida girar página ya le ha entrado por los ojos. Algo le quedará. Estamos en el tiempo de la pancarta y de la oración escueta y simple. Todo lo demás es demasiado complicado para entrar en ello. Las ruedas de prensa o declaraciones de los políticos supuestamente improvisadas, aquí te pillo-aquí te mato, están pensadas para componer titulares. Los declarantes hablan para que sus palabras sean trasladadas con claridad a los rotativos.

Sí, vivimos en una cultura de titulares. Y es que no es para menos: a la gente le interesa estar al tanto en general de las cosas pero no cargar con la tragedia de los datos. Al final de una guerra ya se enterará de las cifras globales (los casi 60 mil soldados USA y 2 millones de vietnamitas en la guerra contra el Vietcong o las de los 3 mil USA y más de medio millón de irakíes -cifras en crecimiento- en la invasión actual de Irak que va por su cuarto año). Entretanto se ojean y hojean los textos hasta recalar con columnistas que ponen la mirada en las verdades más ocultas. No diré que haya que pasarse la mañana entera leyendo un periódico como hacían los lectores del Times enbutacados en sus casinos de gentelmen pero sí ir más allá de las generalidades de lo que está sucediendo. La gente debería examinarse sobre las guerras que están en curso en el mundo y las tragedias ligados al mercado neoliberal. Hubo un tiempo en que compré dos o tres periódicos distintos en un solo día. Actualmente uso menos la de pago que la gratuita, que a su vez se auto sostiene como soporte de publicidad. Y es que el mundo también resulta aburrido con tanta tragedia repetida. Un periódico es un inventario diario de calamidades. De hecho las noticias sobre la felicidad no existen. Debe ser porque la felicidad, ahí donde existe, está tan celosamente guardada que sus protagonistas no la publican para que nada ni nadie la estropee.

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