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Dinamita Piterman
Antonio Álvarez
Solo con decir su nombre ya se crea un cierto rubor de polémica allá donde uno se encuentre. Dimitri Piterman. Todo el mundo lo conoce, hasta aquellas personas que no son aficionadas al fútbol. Su estelar aparición en el Racing de Santander ya fue, por entonces, una muestra de lo que este tipo pensaba hacer. “Quiero cambiar todo el fútbol”, predicaba este peculiar ucraniano. Algo harto difícil.
Lo que si ha logrado Piterman ha sido ganarse la enemistad de casi todo el mundo. La última ha sido la Diputación de Álava que le ha retirado una subvención de cerca de un millón de euros. Tan solo aquellos que profesan sus ideas, bien porque piensan igual o bien por intereses económicos, apoyan su vesánica forma de actuar. Desde insultar a jugadores, entrenadores o periodistas, hasta llamar borrachos y subnormales a algunos aficionados.
Piterman posee el 51% del accionariado del C.D. Alavés SAD. Como máximo mandatario puede hacer lo que le venga en gana con el club. Y en realidad eso es lo que hace. En este aspecto la culpa no la tiene él, sino quienes en su momento le permitieron acceder a tales privilegios. Aquellos que no se preocuparon por la llegada de un tipo que ya había creado convulsiones en la cercana Santander.
La verdad es que uno se pone en la piel de los aficionados vitorianos y le da pena. Siente lástima por un club con el que todos disfrutamos, sufrimos y al final lloramos en aquella final de la Copa de la UEFA. Una identidad que está totalmente a la deriva, sin rumbo y con un capitán sin escrúpulos.
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