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Etiquetas:   Tiempos modernos   -   Sección:   Opinión

Lautrec Vs. la sociedad civil

Mar Berenguer

jueves, 7 de diciembre de 2006, 12:55 h (CET)
En medio de esta oleada de neopijismo progre que nos invade, triunfan antes el look rastas-perro-flauta que el traje con corbata, y es mucho más cool levantarse a las doce del mediodía que adentrarse en la línea uno del metro a esa hora inhumana en la que el grueso común de los mortales sale a ganarse un salario, probablemente mileurista, sin aspaviento victimista alguno y, por supuesto, está mucho mejor visto ser un artista independiente que trabajar por cuenta ajena en una burguesa y despiadada multinacional.

Claro que hay artistas y artistas. Nada más lejos de mi intención que poner en duda las dotes bohemias de determinados sectores tradicionalmente marginales o dramáticamente venidos a menos. Ilustres personajes de las letras y las artes pertenecientes a tiempos pretéritos, vivieron a salto de mata o incluso en el arroyo toda su vida. Actualmente esta posibilidad es menor gracias a universidades, escuelas especializadas, becas, créditos al estudio, fundaciones y hasta programas de televisión para quienes cuentan con verdadero talento y ganas de trabajar en serio, sin el pretexto de un espíritu libre e iconoclasta tras el que suelen ocultarse inseguros, perezosos y adictos a la vida fácil. No digo que entre los okupas de La Makabra no haya verdaderos genios como los que en su momento alumbró el Montmartre de París, pero francamente, las probabilidades son muy escasas.

Según el Barómetro de Opinión Publica del Centro de Estudios de la Generalitat de Cataluña del pasado mes de Noviembre, el acceso a una vivienda, es el principal problema de los ciudadanos; los precios imposibles y los bajos salarios, nunca encuentran un lugar común y las personas desesperadas actúan como su supervivencia les dicta. El fenómeno de la ocupación, como iniciativa privada, es comprensible y hasta justificable, pero desde una perspectiva institucional, es inaceptable el apoyo que se le está dando al colectivo “ocupa”. Que la Administración Pública claudique ante quienes comulgan con el Peace and Love y por este motivo, no dan palo al agua, es un agravio comparativo hacia los que con nuestro esfuerzo diario logramos pagar un alquiler o una hipoteca puntualmente cada fin de mes. Es posible que un gobierno que es una caricatura de la verdadera izquierda, piense que viste mucho, y más de cara a las navidades, un guiño afectuoso hacia quienes deliberadamente han elegido un estilo de vida estéticamente más interesante y glamuroso que el del currito de a pie, y seguramente, también mucho más cómodo. El saltimbanqui farandulero, despierta muchas más simpatías que el pringado asalariado vestido de gris o la señora mayor con gafas y mandil de flores; es por eso que las autoridades en Cataluña, prefieren dejarles metros y metros cuadrados en medio de Barcelona antes que, por ejemplo, destinar espacio urbano, que parece que sobrase, a construir vivienda subvencionada. Esta apología de la anarquía promovida desde la Administración, no hace sino perjudicarnos a todos, a no ser que podamos esperar una absoluta protección jurídica en lugar de multa, embargo o incluso cárcel si a partir de mañana empezamos a dejar de pagar cosas, como por ejemplo, esos impuestos que, a fin de cuentas, se están destinando a patrocinar el hurto consentido y el gorroneo institucionalizado probablemente de quienes menos se lo merezcan y que sorprendentemente, gozan de una extraordinaria inmunidad.

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