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De los malditos ordenadores y la propiedad privada

Cristóbal Villalobos
Cristóbal Villalobos
lunes, 4 de diciembre de 2006, 21:56 h (CET)
Malditos ordenadores, maldito Bill Gates.

Cuando terminabas un artículo en una Hispano Olivetti, lo único que podía pasar es que se te derramara el café en el folio recién escrito o que, mientras ibas en busca de ese deseado café, tu perro engullera el recién horneado artículo.

Sin embargo hoy, me gasto una pasta en un portátil y cuando acabo de terminar mi articulillo dominical, un extraño sonido, de esos que son indicativos de algún error no cometido por ti. sino por tu dichoso ordenador, me despierta del ensueño producido por alguna canción de Joaquín Sabina para indicarme que mi recién escrito artículo se había ido... al carajo.

No sé el extraño por qué que me impide volver a escribir lo que hace minutos tecleé, simplemente me es imposible. Si les facilitaré un breve resumen.

Mi columna de hoy estaba dedicada a aquellos que se han atrincherado en una fábrica. Aquellos que, como garantes de la cultura, asaltan el derecho a la propiedad privada, se adueñan de lo que no es suyo y como la autoridad judicial cierra los ojos ante la violación de la ley.

Desconozco la razón que ha llevado a la sociedad a simpatizar con estos movimientos. Lejos de ser reprendidos por violar un derecho que es obvio desde hace siglos, se les trata como luchadores de la libertad.La Cruz Roja les lleva mantas, comida y agua como si de refugiados de alguna guerra se tratasen, y en TVE oigo como un reportero de “España Directo” dice que los ocupantes, se escribe con ce no con ka, sólo quieren hacer cultura.

Continuaba mi artículo, qué se encuentra vagando en el limbo de los artículos non natos, diciendo que yo también he querido hacer siempre cultura y que uno de mis sueños era tener mi propio museo y mi propia biblioteca como si me llamara Tita Cervera. Así qué, mañana mismo, me pondré la ropa más guarra que tenga y buscaré algún palacio decimonónico abandonado.Le pegaré una buena patada a la puerta, que para eso juego al fútbol todos los sábados, y comenzaré a montar mi museíto. Es un trabajo arduo, así que cuando me entre el hambre... llamaré a la Cruz Roja.

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