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Etiquetas:   La tercera puerta   -   Sección:   Opinión

Solución o negación

Jabier López de Armentia
Opinión
lunes, 4 de diciembre de 2006, 21:56 h (CET)
Conflictos que llevan siglos siendo callados por los gobiernos autoritarios de medio mundo, conflictos que necesitan de una solución y abandonar de una vez ese pobre y triste argumento que los gobiernos llevan por bandera que no es otro que la negación del conflicto.

Los gagauzas de Moldavia, los tártaros de Crimea, los kurdos de Irak, los corsos, los escoceses, los bretones, los saharauis, los bereberes, los palestinos, los chechenos, los catalanes y los vascos forman parte de una gran comunidad de pueblos y etnias sin la referencia de un Estado propio. Muchos de ellos no gozan ni de una triste autonomía o tan siquiera unas tierras donde cultivar y dar de comer a sus hijos.

Cada caso goza de sus particularidades, de unas dificultades contextuales concretas y como no, de una serie de experiencias previas. Con total seguridad la solución de un determinado conflicto no podrá ser utilizada como “varita mágica”, si como ayuda y modelo referente, para solucionar y valga la redundancia, otro conflicto. Los conflictos étnico-políticos no son casos idénticos. Son conflictos donde entran en juego muchísimas variables con un mayor o menor peso en cada caso.

En los conflictos nacionales siempre hay dos posiciones: aquellos que son favorables a la secesión y la posterior constitución de un Estado propio y aquellos que están en contra de dicha secesión y claramente a favor de seguir dentro de un marco nacional ya constituido. Evidentemente la estructura de las partes en los conflictos no siempre es así. Existen casos donde el pueblo se encuentra disperso en varios Estados como es el caso del pueblo kurdo o el pueblo vasco.

La solución a corto plazo de estos conflictos pasa por una negociación de los gobiernos con estos pueblos para conseguir hallar una fórmula que satisfazca a ambas partes, siendo este un grave error, porque el poseedor de la soberanía es el ciudadano, el conjunto de ciudadanos, nunca las instituciones de ambos lados. Muchas veces por satisfacer las pretensiones políticas de unos o de otros se ha dejado de lado la opinión de los ciudadanos. La verdadera raíz del conflicto. ¿Por qué no haremos más referéndums? Malditos intereses políticos.

Existen muchas soluciones a los conflictos y como no también muchas tapaderas de trampa y cartón que no hacen sino parar por momentos la gestación de un Estado de excepción. Una de las tapaderas a corto plazo, siendo de ellas la más noble y decente, es el federalismo multinacional. Aprovecho para mencionarlo ahora que corren tiempos de procesos de pacificación y normalización en Euskadi.

El federalismo proporciona un mecanismo para un acomodo pragmático de las etnias y pueblos nacionales y una alternativa viable a la secesión en los Estados multinacionales. Es difícil que este tipo de decisiones logren de algún modo satisfacer las aspiraciones de los pueblos o etnias nacionales y no animar con ello a considerar como única opción la secesión. Esta es de hecho la paradoja del federalismo multinacional. Pese a que proporciona a los pueblos o etnias una alternativa viable, pero limitada, a la secesión, también contribuye a hacer que la secesión se vuelva una alternativa más realista frente al federalismo multinacional.

Sería un error creer que la puesta en marcha del federalismo eliminaría de la agenda política de esos pueblos la cuestión de secesión. El federalismo no soluciona las diferencias nacionales, ayuda a convivir con buena voluntad por todas las partes integrantes, sin embargo jamás será la solución al conflicto. El federalismo es y será la aceptación del conflicto, nunca la solución.

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