Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Olfato de caminantes

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 4 de diciembre de 2006, 04:43 h (CET)
En Vitoria disponemos de una escultura peculiar. "El caminante" de Juanjo Egizábal. Constituye una representación emblemática de la ciudad, ubicada en una de las céntricas plazoletas, como una imprevista y descollante compañía. Su alzada influye en el entorno, tiene aires quijotescos por su delgadez, reforzados por sus piernas larguiruchas. En actitud de caminar, sin embargo varado, se nos ofrece a diario. También recalcaré sus desproporciones, mucha pierna flaca, todo el cuerpo magro hasta el extremo y con escasa cabeza; destaca esa proporción menguada para su cabeza. ¿Representa algo este último detalle? A ver si es la muestra fiel de las andanzas del hombre de hoy, muy presuroso como viandante y poco propenso a utilizar su caletre. Entre prisas, fríos y misteriosas metas, el caminante subsiste. ¿Qué horizontes nos muestra? ¿Intrascendente? ¿Olvidado? Esto sería como olvidarnos de nosotros mismos. ¿Representación de un sino andariego y vacilón?

Aunque hablemos de grupos, ideologías concretas o de tribus, las vivencias acaecidas no podrán delegarse; es el individuo quien asumirá de mejor o peor grado su implicación en la manera de caminar y sus consecuencias. La brahúnda de mensajes en su entorno, así como los contratiempos naturales, no cesan en una provocación insistente. Las trabas estimulan el olfato de quienes circularán por la vida. Y de eso me preocupo hoy, de los aromas percibidos, de la forma de interpretarlos; como también de algunas formas típicas de afrontar su realidad cambiante.

No caben dudas sobre la gran variedad de comienzos posibles, tantos como andaduras puedan ponerse en marcha. Esos primeros contactos actúan como fuerza de choque, son los AGOBIOS AMBIENTALES, se tropieza con la realidad de sus dificultades. En esta iniciación, el protagonismo es individual, de entrada no es posible delegar de esas sensaciones. Uno nace con las apreturas consiguientes; para continuar debutando ante agobios sucesivos, siempre nuevos; o especular ante el drama final de la vida. No planteo a estas alturas la bondad o la exactitud de las percepciones, más el acoso sobreviene desde diferentes linderos. Uno se desplaza físicamente, elucubra o proyecta según su mentalidad, pero el denominador común angustioso es una de las constantes desde el principio.

Si pudieran pensarlo, ¿Qué dirían los jóvenes escolares ante una enseñanza tabulada hasta el extremo por el gestor de turno? ¿Qué será eso de la enseñanza libre y adaptada? Digo adaptada al joven, no a los políticos. ¿Dónde quedo la Institución Libre de Enseñanza? ¿Qué efluvios percibirán aquellos buscadores del primer empleo? ¡Qué decir de la primera vivienda cuando no se es concejal del municipio apropiado! Los efluvios degeneran en malos olores. Ejemplos haylos, ¿Son agobiantes o no?

Trás los acoplamientos y forcejeos, esos impactos inicales nos moldean, nos derivan hacia una fase de METAMORFOSIS. La larva adquiere formas adultas. Estos cambios no son siempre conscientes, intervienen en ellos el subconsciente y hasta los duendes más recónditos. De tal guisa se fraguan las más peculiares figuraciones humanas. No escasean las de perfil kafkiano, desde quienes no pasan de larvas indolentes y necias, o bien figuras desagradables y carroñeras (Cucarachas, escarabajos), hasta energúmenos. Por fortuna, las modificaciones también alcanzan formas más presentables, con mejores cualidades, de elevados vuelos, de ternura, de tenacidad y esfuerzo. A partir de lo más instintivo, participamos después en la fase de ubicarnos en esos caminos, en esas geografías de la proximidad.

Cuando ya vamos adquiriendo una cierta adaptación, logramos una cierta soltura, tomamos las riendas del vehículo personal. Protagonizamos las ANDANZAS PECULIARES. Podrán ser vistosas o patosas, erráticas o de correcta programación. Aquí ya se expresa el sello particular, el carácter y las muchas profundidades del mismo. ¿Demasiados descubrimientos? Es la fase decisiva en que uno comienza a procurarse una concejalía, ¡Mejor si está por los andurriales del urbanismo!, o inclinarse por la laboriosa entrega a la construcción de viviendas. Las posibilidades superan los asombros por parte del ciudadano corriente.

Cuando sólo se busca lo peculiar, no se vislumbran frenos ni menudencias éticas; de ahí a los senderos de violencias apenas se requieren pequeñas chispas. Son vías propensas a las agresiones y asesinatos, asaltos y amenazas. En casa, en la escuela, espionajes, autóctonos o inmigrantes, robos, bandas organizadas o aparentes convecinos intrascendentes. La clave radica en la ausencia de frenada; sin ella el caminante disparata. Se puede alcanzar al tan citado "Hombre sin atributos" de Robert Musil. Con hombres y mujeres carentes de esos atributos, las más perversas conductas se transforman en normas incontestadas. Existirán también peculiaridades en positivo, pero aminoradas por la mayor resonancia de los destemplados.

Los soportes de esos caminos son con frecuencia resbaladizos, fangosos o escarpados. El avance sobre ellos mezcla alegrías y penurias; ofrece resquicios ambiguos y equívocos. El acierto residirá en un determinado equilibrio al darle vida a ese CAMINANTE con DIGNIDAD, lo necesitamos imperiosamente. En él confluirán las circunstancias ambientales y sus características más representativas. No puede permanecer estático, lo impide su biología más elemental. Tampoco podrá prescindir de sus acompañantes; sean lejanos o próximos, han de formar parte de su andadura.

Y con esas servidumbres abrirá la espita a sus deseos personales, ambicioso y tenaz en busca de un caminar placentero y con unas metas saludables. En la actualidad sufrimos el desdén hacia una mínimas cualidades precisas para una buena caminata. Si nos da por pretensiones de objetivos más elevados, se vislumbran como utopías alocadas. En vez de volar mejor, con ilusiones y proyectos; ni a ras de suelo funcionamos con la dignidad requerida.

Eduardo Chillida se preocupó intensamente por la apertura de los máximos caminos, de los espacios más adecuados, para un encuentro real entre las personas. Destacó el proyecto de Tindaya, como montaña vacía, ofrecida a ese símbolo del encuentro. En esa dirección, soñemos en la realidad de esos encuentros. Conseguimos pocas certezas, pero algo se intuye detrás de los caminantes esforzados, sencillos y sin furias destempladas. Acabo hoy con la frase de Chillida: "No conozco el camino, pero conozco el aroma de ese camino".

Un buen olfato es preciso, pero no se puede comprar, y en ello nos va la distancia entre caminantes necios a caminantes centrados. ¡Menuda papeleta se nos presenta!

Noticias relacionadas

Sánchez en situación apurada

Casado exculpado por el fiscal

Los ejes sobre los que Hitler construyó el Nazismo

La historia que sigue después es conocida, y sin embargo sus promesas nunca fueron cumplidas

Una muralla para aislar el desierto del Sahara

Intelectuales de todo el mundo analizarán en Marruecos el problema de la inmigración que causa insomnio y desacuerdos en Europa

El discurso de la payasada

Cuatro artículos que me han ayudado a encontrar la mía

Heráclito

Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris