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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Siguen complicadas las relaciones entre Rusia y la OTAN

Andrei Kokoshin
Redacción
sábado, 2 de diciembre de 2006, 23:24 h (CET)
Estas relaciones siguen complicadas empezando por la expansión de la OTAN hacia el Este, el ingreso en la Alianza de los ex miembros de la Organización del Pacto de Varsovia y, luego, de las repúblicas bálticas. Consideramos que fue un paso injustificado dado en contra de todas las aseveraciones que los líderes emitían a los dirigentes soviéticos a finales de los años 80 y en 1991.

Hoy, la abrumadora mayoría de la clase política rusa mantiene una actitud sumamente negativa hacia este proceso. Respecto a eso nadie debe tener ningunas dudas, tanto en Occidente como en las ex repúblicas soviéticas. Desde la misma óptica enfocamos los esfuerzos por incorporar a Ucrania y Georgia en la OTAN. Esta actitud quedó reflejada en las correspondientes declaraciones emitidas por la Duma de Estado (cámara baja del parlamento ruso).

Sobran las razones, tanto económicas y políticas como socioculturales, que motivan tal actitud negativa, pero devienen cada vez más serias nuestras preocupaciones de carácter estratégico y militar.

Las evidencias vienen a apuntar que tamaña postura rusa expresada en forma concentrada e inequívoca, empieza a contar con comprensión de varios políticos occidentales, sobre todo en Europa vieja. Ello no obstante, Occidente en general y, sobre todo, en Washington hasta ahora no se ha podido asumir a nivel de conciencia esta postura de Rusia, no ha podido comprender que la ampliación de la OTAN hacia el Este es contraproducente e incluso peligrosa para la seguridad internacional.

Más aun, hoy nos vemos obligados a hacer constar que varias acciones
emprendidas por EE.UU. y sus aliados han generado nuevas amenazas a la estabilidad estratégica y seguridad internacional. En particular, esto se refiere a los planes de emplazar componentes de la defensa antibalística norteamericana en el territorio de Polonia. En caso de que estos planes se hagan realidad, Rusia y sus aliados tendrán que adoptar medidas adicionales para mantener la estabilidad estratégica y la seguridad nacional. Dichas medidas serán asimétricas, pero adecuadas. Se pondrá en entredicho la cooperación en el marco del Consejo Rusia-OTAN. ¿Acaso la Europa contemporánea está interesada en que los acontecimientos adquieran tal cariz?

Tampoco contribuyen a la estabilidad en el continente europeo los intentos de impeler a ingresar en la OTAN a Georgia, emprendidos por Washington y Londres. Dichos intentos de Occidente ya estimularon una belicosidad desenfrenada de aquellos políticos de Tiflis que llegaron al poder a raíz del golpe de Estado, denominado revolución de rosas. Tuve la ocasión de cerciorarme cuán peligrosas eran las acciones de las autoridades oficiales de Tiflis, estimuladas por políticos occidentales y encaminadas a exacerbar la tirantez militar en las zonas de los conflictos georgiano-abjasio y georgiano-oseta. Esto se dejó ver con especial nitidez en agosto de 2004, cuando nuestra columna fue sometida a intenso fuego por parte de comandos georgianos que penetraron ilícitamente en el territorio de Osetia del Sur. Observadores independientes de la OSCE corroboraron que se trataba precisamente de grupos de misiones especiales georgianos y no algunos otros.

En relación con ello no puedo dejar de señalar que los dirigentes de Georgia renuncian obstinadamente a concluir el acuerdo sobre el no empleo de la fuerza que les proponen los presidentes de Abjasia y de Osetia del Sur, Eduard Kokoity y Sergei Bagapsh. Si la OTAN de veras desea admitir en sus filas un Estado tan impredecible, ¿por qué Bruselas no ejerce influencia sobre las autoridades georgianas que sabotean el cumplimiento de la resolución Nº1716 del Consejo de Seguridad de la ONU, de 13.10.2006, sobre la prórroga del mandato de la misión de observadores de la ONU en Georgia? ¿Por qué las autoridades de este país no retiran sus unidades militares del desfiladero de Kodori? Por alguna razón la OTAN no aplica ningunos esfuerzos por conseguir que Tiflis cumpla dicha resolución.

En buena medida Georgia debe estar “agradecida” a los políticos occidentales y georgianos que la impelen a ingresar en la OTAN por la situación configurada en sus relaciones con Abjasia y con Osetia del Sur. A rasgos generales se puede hacer constar que tales acciones de la alianza constituyen un serio factor desestabilizador de la situación en el espacio postsoviético.

Rusia y nuestros amigos y aliados que forman parte de la CEI, de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva y de la Organización de Cooperación de Shanghai, objetivamente estamos interesados en promover la cooperación con la OTAN en tanto una entidad todavía influyente. Pero jamás sacrificaremos nuestros intereses, los de nuestros amigos, de las comunidades rusas en otros países que desean que en el espacio postsoviético reinen estabilidad y seguridad.

Tenemos intereses comunes con los países de la OTAN en la lucha contra el extremismo político, el terrorismo, en el mantenimiento del régimen de no proliferación de las armas de destrucción en masa. También tenemos intereses comunes respecto a la situación en Afganistán, donde, lo mismo que en Irak, la situación se va tornando cada vez más peligrosa.

Aunque, por supuesto, dada la acrecida importancia de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) y de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCSh) que engloban la mayor parte de la población mundial, en algún momento podríamos prescindir de la cooperación con la OTAN. Pero de todas formas creo que es más conveniente resolver los problemas comunes con esfuerzos mancomunados que por separado.

En el marco de la OCSh enfocamos desde una óptica común con China, India, Pakistán, Irán, con nuestros amigos centroasiáticos y Kazajstán la situación en Afganistán y las medidas a adoptar para normalizar la situación en este país. Pero en vez de centrar los esfuerzos (incluidos los políticos y diplomáticos), junto con la OCSh y la OTSC, en la solución de los problemas de esta región o siquiera en la tarea de evitar la derrota en Afganistán (si esto es posible todavía), la OTAN no deja de dar pasos encaminados a debilitar las posiciones de Rusia en el espacio postsoviético.

Varios expertos occidentales y rusos bien informados expresan, y no sin razón, la hipótesis de que los esfuerzos por atraer a nuevos miembros a la OTAN buscan el objetivo de hacerse con contingentes militares adicionales para enviarlos a las zonas más peligrosas donde la alianza libra hostilidades. Tal como se hizo hace poco con el contingente polaco de casi 1.000 efectivos, destinado a Afganistán. Por lo visto, esto se debe a la renuncia de la Europa vieja y de Canadá a arriesgar las vidas de sus ciudadanos en tales operaciones.

Ahora también los batallones georgianos, adiestrados según el programa norteamericano de asistencia militar Train and Equip, pese a su relativamente reducido efectivo orgánico, así como los contingentes militares de otros países que se desviven por “llegar a ser miembros de pleno derecho de la Alianza Noratlántica”, podrán serles muy útiles a Washington y Bruselas, pues estas capitales serían eximidas de la necesidad de adoptar dificilísimas decisiones sobre el envío a Afganistán de unidades adicionales norteamericanas, francesas, alemanas, británicas e italianas… Según me comentó no hace mucho un alto cargo otaniano, ahora EE.UU. y sus aliados que sufren derrota en Irak y arrostran una situación cada vez más complicada en Afganistán, cuidan de cada sección participante en las hostilidades.

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Andrei Kokoshin, presidente del comité parlamentario para asuntos de la CEI y vínculos con los compatriotas, ex secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, para RIA Novosti.

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