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Etiquetas:   Al correr de la pluma   -   Sección:   Opinión

Un día para pensar

Francisco José Ramirez

sábado, 2 de diciembre de 2006, 23:24 h (CET)
Hace algunos años, cuando cursaba Economía Empresarial, en la clase de Nuevos Escenarios comentaron que los grandes capitales internacionales no invertirían en Sudáfrica sino hasta dentro de treinta años, cuando haya muerto una "razonable" cantidad de personas a raíz de la peor enfermedad que está azotando al planeta: el SIDA.

Por estos días se está celebrando el "Día Mundial de la Lucha contra el HIV" que fue instituido por la Organización de Naciones Unidas (ONU) como manera de concienciar a los países para que desarrollen medidas para prevenirlo. Sin lugar a dudas esta iniciativa es de lo más loable pero resulta insuficiente a la luz del constante aumento de personas infectadas; según la ONU casi 40 millones de vidas están afectadas.

Estas cifras son, por cierto, alarmantes y deja al descubierto que aún queda un largo camino por recorrer en cuanto a estrategias preventivas y al hallazgo de una vacuna que pueda poner un coto a esta situación crítica. Pero una pregunta da vueltas por mi mente: de ser veraz la afirmación que escuché en aquella clase y en el caso de existir una cura ¿todos los habitantes de este planeta tendremos acceso? ¿O estaremos supeditados a los planes estratégicos de grupos inversores? ¿Tendrá la ONU la capacidad de impartir a los países del mundo la orden de hacer accesible esta cura todas las personas?

Resulta increíble creer que la ONU desconoce la afirmación mencionada en los primeros párrafos de este artículo. Por eso es necesario que se eche una mirada a una organización que, si bien trabaja por el bien de la humanidad, aún no fue capaz de detener la matanza de soldados norteamericanos y de civiles iraquíes a la que George W. Bush empujó en pos de "liberar" a un pueblo de la opresión para sumirlo, irremediablemente, en una crisis peor. También es necesario recalcar, a días de la salida de Kofi Annan del secretariado general, que una de las deudas es conseguir un proceso de paz efectivo en el mundo. En este sentido, serán las tareas del sucesor de Annan alcanzar tal proceso y obtener soluciones reales a este flagelo del SIDA.

Personalmente quiero creer que el profesor que sentenció tan oscura afirmación estaba errado; que realmente nuestros hermanos sudafricanos podrán dejar de padecer los estragos del HIV y que existen políticas humanitarias inclusivas que contemplen a todos los habitantes del planeta. De otro modo, por más días de la lucha contra el SIDA que se instituyan de poco servirán si no están respaldadas por políticas efectivas.

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