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Etiquetas:   ARTÍCULO   -   Sección:   Revista-arte

El paisaje andaluz de Augusto Moreno

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
jueves, 30 de noviembre de 2006, 23:00 h (CET)
Augusto Moreno es un pintor de paisajes y un poeta de sensaciones. Su última obra expuesta estaba compuesta por pinturas de temática alhambreña y vistas sumamente conseguidas. Utiliza una técnica muy personal. El soporte es chapa de metal sobre la que aplica técnicas de cincelado, forja, soldadura, creando una superficie de calidades escultóricas que invitan al tacto, sobre la que aplica el color mediante pátina con productos químicos y fuego. También utiliza el óleo tratándolo igualmente con fuego, dando un resultado que recuerda el esmalte.

Un crítico de altura como José Marín Medina, estudioso de su obra pictórica, dijo algo que yo refrendo al cien por cien: “Es como si tuviera un mundo entre los dedos: un universo de metal llano y delgado como una lámina de pequeño formato, que está tocada -sensibilizada- con incisiones muy menudas, como si se tratara de una plancha calcográfica dispuesta ya para ser entintada, o de una hoja de orfebre exquisitamente cincelada, entallada, o como un muy delicado bajorrelieve, diseñado de manera singular, muy precisa, con dibujo de arista, y cuyo espacio se ha construido y resulta fluyente al igual que el de una arquitectura. Con todo, y sobre todo, se trata de una lámina pintada, es decir, de una pintura, la cual representa de forma evocadora un recinto de la Alhambra: creo que es la primera sala de los baños -la llamada Sala de las Camas- de la planta baja del formidable Cuarto de Comares. Sus ricas y lechosas yeserías y sus brillantes azulejos -de luz deslizante- se hacen presentes aquí, en primer y en segundo término, como en un caleidoscopio sorprendente, cuyo fondo se transfigura en un ámbito oscuro, como el del espacio cenital y profundo del firmamento de una noche extraordinariamente densa. Implica esta pintura un raro perfume orientalista”.

Augusto Moreno es un artista vocacional crecido a golpe de trabajo, un innato observador que no escatima esfuerzo en dejarse penetrar por todas las sensaciones. Nada se le resiste. Siempre la inspiración le encuentra en disposición de dar viento al pincel y abecedario a los silencios. Por eso, sus obras son inconfundibles. Tienen un estilo propio que le identifica con la genialidad. José Marín Medina habla de un perfume autobiográfico en estos inconfundibles paisajes de interiores arquitectónicos. Es cierto. La fragancia de esta obra es un incienso de efluvios surgidos de ese crisol de culturas que es Andalucía, puerta de luz y ventana de mar. Si tuviese, pues, que hacer una reflexión última sobre este pintor y su pintura, diría que cada cuadro es un mundo aparte en un todo común, donde la diversidad y el contraste nos atrapa y trasciende para invitarnos al goce de los sentidos.

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