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Etiquetas:   ARTÍCULO   -   Sección:   Revista-arte

El arte en la era del error global

Bárbara Arosio
Redacción
jueves, 30 de noviembre de 2006, 23:00 h (CET)
Es la realidad más tiránica y tal vez más amenazante la que elige Okwui Enwezor para la Bienal de Arte Contemporáneo de Sevilla, una realidad que parece ser ofrecida al espectador en su esencia más verdadera y cruda, tanto como compleja y a veces contradictoria.

La muestra, titulada Lo desacogedor: escenas fantasmas en la sociedad global, gracias al carácter internacional propio de cualquier bienal, pretende acoger una escena global y evidenciar, como Enwezor declara, “las alteraciones que hoy se ven en todas las estructuras sociales del mundo” y “los cuestionamientos de los reajustes históricos fundamentales que actualmente se están generando mediante diversas formas y actividades en el mundo”, lo que se hace evidente en el fuerte compromiso con la actualidad que esta bienal mantiene, con esa historia a la cual día a día pertenecemos.

La BIACS2 esconde en su interior el gran binomio arte-realidad tan ampliamente debatido durante el curso de los siglos, y no solamente encierra estos dos niveles sino que va más allá al pretender acortar las distancias. Según las leyes de la lógica más pura, si el arte es espejo de la realidad, ¿por qué no reflejar el arte en una crónica de la realidad?

Pasear entre los corredores y entre las paredes de las salas expositivas de la BIACS2 es como pasear entre los titulares de un periódico. El resultado resulta obvio: una terrible sensación de malestar. El corte dado a esta bienal tiene un sabor casi “orwelliano”, políticamente incorrecto y, no obstante la autenticidad de este corte, creo que más significativo sería aferrar la realidad en su totalidad, no solamente los escombros de ésta.

De esta bienal emergen múltiples temáticas, como inmigración, multiculturalidad, xenofobia, democratismo, conflictualismo… y otros muchos términos redundantes en las dialécticas antropológicas y sociológicas. Optando por no caer en la demagogia y sobretodo dejando los –ismos a los profesionales del sector, personalmente considero que las obras que suscitan mayor interés son justamente aquellas que se presentan a los ojos del espectador como simples documentos, como el reportaje fotográfico del 2004 de Abdul-Ahad sobre la guerra de Irak, la obra Wastegrounds (2006) de Lara Almarcegui con su listado de edificios en ruinas de las afueras de Kuala-Lumpur o la crónica fotográfica sobre las movilizaciones masivas de Josephine Meckseper con la serie March on Washington 9/24/05 y Berlin Demostration (2002). Al grito epatante de los videos I thougth I was seeing convicts (2000) y Counter Music (2004) de Harun Farocki y a lo caótico de los múltiples testimonios de la video-instalación Alternative Economic, Alternative Societis (2003-2006) de Oliver Ressler, prefiero el imaginario silencioso y congelante de la realidad americana representada en la serie Freeway (1994) y Wall Street (2001) de Catherine Opie como también las poéticas imágenes en blanco y negro de las construcciones arquitectónicas de las obras Asilo (1994), Túneles (1995) o Dormitorio (2006) de James Casebere.

Tal vez sea redundante citar aquellos artistas reconocidos como Gerhard Richter, Thomas Schutte, Fred Wilson y Thomas Hirschhorn y sus “obras recientes”, visto que estas últimas se colocan en primera fila más por la mano e historia de sus autores que por sus efectivos valores.
Nos encontramos de frente no simplemente a la enésima bienal, sino a la bienal de Okwui Enwezor en la cual parece inútil negar la evidente matriz cultural, social y quizás política del director. Se puede por lo tanto definir esta BIACS2 ante todo casi cosmopolita, visto que en correspondencia a su temática “global”, integra una anómala lista de artistas indudablemente “global”, una lista que consigue mucho de los continentes cuales África, Sudamérica y Oriente Medio.

En conclusión, se puede definir la BIACS2 tanto innovadora por esa honestidad en denunciar la profunda perturbación de la sociedad contemporánea, y al mismo tiempo tan redundante por denunciarlo una vez más, como si los espectadores no lo supieran.

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