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Etiquetas:   Crítica   -   Sección:   Revista-teatro

Vuelve el mítico grito del payaso

Mª Teresa Caballero Rodríguez
Redacción
jueves, 30 de noviembre de 2006, 23:00 h (CET)
Charlie Rivel repite este año en el escenario de la Sala Tallers del Teatre Nacional de Catalunya. Vuelve, una temporada más y por segundo año consecutivo, de la mano de Gerard Vázquez –creador del texto– y de Joan Font –director de la obra teatral–.

“Uuuuh!” llegó al público gracias a la iniciativa de escritura contemporánea Projecte T6 del Teatre Nacional de Catalunya. Desde entonces y en adelante, lo único que ha hecho es cosechar éxito, tanto entre el público como entre la crítica. Ha recibido el premio de la Crítica Serra d’Or 2006 al mejor espectáculo teatral y ha recogido dos premios de las cinco nominaciones que tenía en la 12ª edición de los Premios Butaca (mejor texto teatral y mejor actor de reparto para Jordi Martínez). Desde luego, tanto premio no es para menos.

“Uuuuh!” tiene su punto de partida en los contratos que Charlie Rivel firmó para actuar en los teatros berlineses, antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial. Hitler le obligó a que cumpliera su contrato y Rivel no tuvo salida.

El cuento real
Berlín, 1944. Rivel (reencarnado por Ferran Rañé) debe actuar en la fiesta del aniversario del gran dictador. Krauss (Pep Molina), un policía de la Gestapo, será el encargado de establecer la frontera entre lo bueno y lo malo de las propuestas de Rivel para el número. Krauss será un filtro, un filtro que impedirá que el payaso se exprese con la libertad de los payasos. Es aquí es donde se hace palpable la contraposición entre payaso y policía: mientras que Charlie Rivel es fiel a sí mismo, el policía es fiel a Hitler, a otra persona ajena a él mismo. El payaso piensa y actúa en consecuencia pero el policía debe pensar y proceder en base a lo que alguien superior cree que es lo correcto.

Ya lo dice Joan Font: “Uuuuh! es un cuento increíble y que, sorprendentemente, es de verdad, que pasó hace bastante tiempo (en el siglo pasado), y que tristemente, todavía pasa hoy y que, desgraciadamente, todavía puede pasar mañana”.

La cosa se complica cuando Witzi, payaso e inicialmente compañero de Rivel en la actuación para el Führer, es enviado a un campo de concentración puesto que su pasado “está manchado”. Al cabo de unos días, aparece Golo, antiguo compañero de profesión de Witzi, quien hará todo lo posible por actuar con Charlie en el número para el dictador para llevar a cabo su plan de asesinato. Es en este punto donde empiezan a surgir preguntas: ¿Deben hacer política los artistas? ¿Deben estar sujetos al poder? Rivel y Golo serán una antítesis en lo que el arte debe ser en relación al poder. Mientras que a Rivel solo le preocupa el hacer reír a la gente y vive incluso un poco al margen de los estragos que la guerra está causando, Golo está comprometido políticamente y, como artista que llega al público y que tiene una responsabilidad social, se propone matar a Hitler.

Rivel, por ejemplo, tenía la fantasía de que la gente, si tenía que morir por alguna razón, muriera de un ataque de risa. Golo, sin embargo, se preguntaba quién querría reír después de aquel caos y quería hacer algo al respecto.

El trabajo de los actores es, sin duda, muy bueno, muy acorde con el papel que desarrolla un payaso sobre el escenario, quien siempre debe tener presente que está actuando para el público. Ferran Rañé, como Charlie Rivel, y Jordi Martínez como Witzi, hacen gala de la experiencia que les avala como actores. Albert Pérez interpreta a Golo y borda sus números de circo. Existe una cuarta figura (aparte de la del agente de la Gestapo, Krauss): un pequeño Charlie Rivel que aparece en los momentos de soledad de Charlie y durante el camino de Witzi a la cámara de gas donde finalmente lo aniquilarán. Este pequeño payaso parece ser la manifestación física de su conciencia, de su soledad o de su yo más interior pero realmente su papel en la obra no está muy claro.

Cuando el escenario teatral y el de la vida son uno solo

El payaso es vulnerable y lo muestra sin tapujos. No le asusta el fracaso. He aquí la grandiosidad de esta obra: “Uuuuh!” pone cara a cara al nazismo y al clown, encima de un escenario y delante de mil ojos, para que los espectadores reflexionen sobre el poder del poder y sobre la destrucción que este puede ejercer sobre los demás, en este caso, sobre la risa, sobre los creadores de ilusiones, sobre Charlie Rivel.
Para conseguir esto, Gerard Vázquez mezcla diferentes lenguajes escénicos. Drama, poesía, comedia, realismo, tragedia y números de payasos se unen para contar esta historia que nada tiene que ver con los cuentos de fantasía.

Como coloquialmente se diría y aunque la frase resulte obvia, “Uuuuh!” es una historia real como la vida misma. Por eso, al verla, una tiene la sensación de estar recorriendo todos los estados del ser humano en muy poco espacio y tiempo: la risa, la ternura, la esperanza, la ironía, la ira, el miedo, el dolor… Así como los payasos pasan de la risa al llanto en un solo segundo.

“Uuuuh!” resulta muy interesante también en el sentido de que es una obra de teatro que habla sobre el teatro (a lo que se le denomina metateatro) y muestra al espectador qué se esconde detrás de una actuación y como es su preparación.

Adaptación cinematográfica
Para los que desean verla, decirles que “Uuuuh!” ya no sigue en la cartelera de espectáculos del TNC puesto que el día 26 de noviembre fue el último día de representación. Los que os hayáis quedado con ganas podréis disfrutar de la versión cinematográfica, titulada “El pallasso i el Führer”, una coproducción de TV3 y Benecé dirigida por Eduard Cortés.

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