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Etiquetas:   Crítica   -   Sección:   Revista-teatro

Una razón de peso

Rafaela Rivas
Redacción
jueves, 30 de noviembre de 2006, 23:00 h (CET)
Magda Puyo dirige por segunda vez uno de los textos del autor más crítico de la actualidad. Después de dirigir “Excés (Escenes dels darrers dies)” en la temporada del 2002 del TNC ahora se propone hacer reflexionar al público sobre la sociedad del consumismo y lo hace de la mano de “Gorda” de Neil Labute en el Villarroel. Una tragicomedia traducida por Joan Sellent en la que Toni (Ivan Benet) es un ejecutivo que se enamora de Helena (Mireia Gubianes), una voluminosa bibliotecaria que vivirá esa historia de amor como un milagro que no acaba de creerse. Pero Óscar (Óscar Rabadán), el amigo superficial y materialista de Toni, y Gina (Cristina Genebat), la ex resentida, intentarán poner fin a esa historia con el único argumento de la gordura, según ellos, una razón socialmente inadmisible.




Mireia Gubianas e Ivan Benet en una escena de 'Gorda'

A veces pienso que cuando alguien decide romper una relación no siempre es por gusto. En muchas ocasiones ni siquiera es algo premeditado o profundamente reflexionado. En algunos de los casos esa vorágine que nos lleva al final de esa relación llega casi sin avisar, sin hacer mucho ruido, como las olas del mar, que poco a poco van adentrándose en la orilla y van borrando nuestras huellas, las huellas del tiempo... Pero así es la vida, y como las olas, unas van y otras vienen, y así será siempre queramos o no, por perfecta que parezca una situación siempre hay una señal que nos indica que el final está cerca, más de lo que imaginamos. Y, ¿por qué hago estas reflexiones? Muy bien no lo sé, pero es la sensación que me quedó después de ver el estreno de la obra de Neil Labute “Gorda”. Supongo que porque no sólo me quise quedar con el mensaje directo que intentaban mandarnos, el tópico sobre la sociedad del consumo y la importancia o no del físico...Más allá de esa crítica bastante directa y fácil a la sociedad actual el mensaje que a mi me llegó fue otro, aunque parezca cursi: el amor no lo puede todo. Ya sea porque tu pareja está gorda y estás cansado de soportar las criticas de tus colegas y te avergüenzas de ella en público, la razón de peso por la cual dejas a tu pareja no sólo es el peso, valga la redundancia, el motivo que te empuja a ello es que la esencia del amor no sirve como tal sino se la acompaña de unas buenas especias, ya me entendéis, la sal y el azúcar de la vida, aquello que nos atrae de alguien, que aunque nos guste o no moralmente es la cruda realidad: el físico. Si que es cierto que con la edad el físico se pierde y entonces sí que sólo nos queda la esencia de la persona, pero durante todo ese tiempo de madurez y vejez uno busca ser no sólo querido sino también respetado y admirado por los suyos, o como mínimo respetado. ¿Se puede llegar a ser tan crueles como los compañeros de trabajo de nuestro protagonista? La respuesta es sí, y mucho más. Por eso digo que el amor no lo es todo, o como mínimo el amor hacia el otro, pero sí el nuestro. Para poder sentirnos queridos es primordial sentirnos respetados y porqué no, admirados por los demás, es por eso que muchas veces la razón de peso por la cual los unos dejan a los otros no es más ni menos que el egoísmo, lo que creemos que es y llamamos equivocadamente el amor propio. Sí señores. Esa es mi conclusión después de ver esta obra: somos unos egoístas. No nos importa lo que sientan por nosotros o lo que sean capaz de darnos, ni siquiera nos importa lo bien que podemos llegar a estar con esa persona, no, nos importa todo, sobretodo el qué dirán. Y por ese miedo a no ser aceptados en la sociedad que nosotros mismos hemos creado decidimos perdernos y perder lo que más podemos llegar a querer: a nosotros mismos.

Pero bueno, volviendo a la obra teatral hay que decir que si no fuese un poquito por la imaginación del público a la hora de reflexionar el texto tampoco nos dice nada nuevo. Sí que es cierto que Labute tiene una forma peculiar de llamar a las cosas por su nombre y consigue buenos monólogos como en el caso de Óscar el amigo materialista y superficial del trabajo, y buenos diálogos con Gina, la ex resentida de Toni, pero no obstante cuando se trata del texto entre Helena, la gorda, y Toni, lo que se dice es bastante lineal, nada inesperado, y en ocasiones incluso se hace repetitivo. Suerte que la escenografía y los cambios coreografiados entre escenas dan un ritmo diferente que ayuda a mantener la atención, y como no, la interpretación en esta historia es primordial. Excelente el efecto que consiguen en las reacciones del público los personajes de Gina (Cristina Genebat) y Óscar (Óscar Rabadán) sobretodo, que nos proponen un aire fresco y agresivo dentro de la obviedad que suponen las diferentes situaciones. En definitiva “Gorda” hace reír y si uno quiere pues le hará reflexionar. Eso sí, han de saber que acaba mal, como bien he explicado al principio, pero no por ello, me parece un final muy apropiado, escueto, pero el mejor final que se le podía dar a la historia.

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