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Revista-teatro

Etiquetas:   Crítica   -   Sección:   Revista-teatro

Un hamlet con los cinco sentidos

Rafaela Rivas
Redacción
jueves, 30 de noviembre de 2006, 23:00 h (CET)
Ver, oír, reír, llorar, tocar, bailar, besar...Todo esto y mucho más es lo que experimentan los actores de la compañía del Lliure durante la representación de la obra escrita y dirigida por Álex Rigola “European House (pròleg d’un Hamlet sense paraules)” estrenada el pasado 31 de octubre en la Sala Fabià Puigserver del Teatre Lliure.

Un espectáculo de creación donde se puede ver una casa de tres plantas de una familia burguesa europea y reflexionar asimismo sobre la familia, la comunicación, la sociedad actual en la que vivimos, sobre la vida y la muerte. Como ya comentamos en el número anterior del magazín se trata de un ejercicio de voyeurismo, el placer de observar sin ser observados, y además de verdad, ya que toda la casa está cubierta por una estructura de metacrilato que no permite a los actores ver prácticamente nada de lo que pasa en platea. Y el efecto conseguido es espectacular, no sólo por la escenografía, de unas dimensiones y credibilidad totalmente reales, sino también porque parece increíble que se pueda mantener la atención del público durante 1h 15’ sin palabras. Es en este tipo de espectáculos donde la interpretación de los actores toma fuerza así como el subtexto que se puede deducir bajo los efectos sonoros y visuales de las diferentes escenas. No obstante bajo toda esta presión que supone no poder decir prácticamente nada sí que existe un argumento, bastante parecido casualmente a la historia de Hamlet: un importante hombre de negocios acaba de morir. La viuda y su hijo, -Gertrudis y Hamlet- vuelven a casa después del entierro y a continuación van llegando las visitas de familiares a dar el pésame. Es entonces cuando empieza la acción, y nada sutilmente, cada cual dentro de su personaje y con sus acciones bien marcadas, como si se tratara de una coreografía en la que los sonidos van marcando el inicio y fin de cada acción: un timbre, la cadena del lavabo, un gemido, un sollozo, un grito, una carcajada...Todos los personajes, desde la criada hasta el mismo espectro, tienen su aparición en la obra y son importantes, aunque cabe destacar el personaje de Gertrudis (Alícia Pérez) y su escena subida de tono, el personaje de la criada (Chantal Aimée), y como no Hamlet (Joan Carreras) y el espectro (Eugeni Font), que aunque solo hace apariciones en contadas ocasiones logra captar la atención del público con su presencia y mirada.

Un espectro que desde el principio hasta el final está presente en la historia, como lo está en la vida misma, la idea de la muerte. Una reflexión que el mismo Rigola nos propone casi al final del espectáculo con una sucesión de frases escritas sobre una pantalla luminosa como por ejemplo la eterna pregunta del porqué morimos o vivimos...

Sin duda es un espectáculo que nos hace reflexionar y también hacernos mucho más conscientes de aquello que no oímos en nuestra vida diaria pero que está ahí, como también la importancia del silencio. Como dijo Rigola en rueda de prensa este espectáculo nos haría sentir como un James Stewart en la Ventana indiscreta, y sí, lo ha conseguido con un resultado excelente.

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