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Etiquetas:   OPINIÓN   -   Sección:   Revista-arte

“Esto lo hace mi niño de 3 años…”

Diana Rosa Danta
Redacción
jueves, 30 de noviembre de 2006, 23:00 h (CET)
¿Por qué no se entiende el arte? El Arte, en los libros termina con el impresionismo para unos o en las primeras vanguardias para otros y poca o ninguna información se tiene de los artistas posteriores o contemporáneos a nuestra época, exceptuando las reseñas en los medios informativos tras un escándalo o un plagio. La figura del artista quedó allí, perpetuada en aquel pintor antisocial y bohemio del París de principios de siglo o en el genio innato, inspirado por las musas, de algunos como Miguel Ángel o Picasso

En la formación académica de nuestros niños, las horas que correspondían a enseñanzas artísticas (plástica, manualidades, historia del arte) se han ido reduciendo a base de cambios en los planes educativos y han sido suplantadas por enseñanzas de tipo técnico (dibujo técnico, tecnología, informática). De esta manera, una formación artística, teórica o práctica, es tan solo accesible para los que optan por un bachillerato artístico, carreras universitarias relacionadas o clases particulares.

A pesar de que museos, galerías y salas de exposiciones son grandes incentivos turísticos, los más visitados siguen siendo los de arte antiguo y clásico. De esto, se desprende que el interés es más por la historia del museo o la fama de algunas obras que por el mero hecho de contemplar o disfrutar el Arte. Las exposiciones más actuales siguen siendo visitadas por unos pocos y entendidas por muchos menos.

¿Pero entonces… qué es el arte?
Llevamos muchos siglos a vueltas con el concepto de arte y seguimos sin tener una definición única y clara para abarcarlo en su totalidad. Es complicado hallar una definición lo suficientemente amplia como para que quepan Altamira, Velásquez, Pollock y ----------.

Y más complicado es marcar los límites y decidir qué disciplinas quedan fuera del Arte, ya que se corre el riesgo de que artesanos, arquitectos, diseñadores, cocineros y hasta toreros se sientan ofendidos.
En principio, son los expertos, críticos, historiadores los que se encargan de decidir qué es y que no es Arte. Sin embargo, sus elecciones no son aleatorias. También ellos se guían por una serie de pautas generales, muy flexibles, que a través de la Historia han ido perfilando una idea de qué es el arte.

“Una actividad consciente, (cuyo producto resultante)… puede deleitar, emocionar o producir un choque”.
En esta definición de V. Tatarkiewicz, encontramos algunas de estas características fundamentales de una obra de arte. Comienza con la actitud consciente del creador. No será arte si el artista no sabe qué está haciendo y por qué lo hace. Esta simple actitud, entre muchas otras cosas, es lo que diferencia, por ejemplo, una pintura abstracta de los garabatos de un niño.

El artista abstracto parte de una idea, un concepto que va simplificando acorde con unos parámetros concretos, hasta conseguir el resultado deseado. Desde el conocimiento pleno de color, textura, composición, pesos, fuerzas, formas, luces, símbolos…decide qué y cómo ha de representar la idea.

También habla de la finalidad del arte, haciendo hincapié en que no solamente puede producir experiencias gratas (deleitar o emocionar) sino también un choque, un conflicto ya sea en el interior del espectador o en el interior de la sociedad donde nace la obra. Ahora, admiramos las Señoritas de Avignón y entendemos que la importancia de la obra no está en su belleza, sino en el choque que produjo en la sociedad figurativa y clásica del momento, y en las posibilidades nuevas que abrió para todo el arte posterior. Picasso era consciente de este choque y mantuvo el cuadro escondido contra la pared durante 2 años.

Muchos de sus marchantes se echaron las manos a la cabeza ante el horror de aquella visión, resoplando un entristecido: “qué perdida para el arte parisino”. Y sin embargo, ahora, Ikea decora sus habitaciones con cuadros abstractos que no hubieran existido sin señoritas de Avignón.

Del cubismo, se desprendió también otro debate: hasta ese momento, la belleza era una cualidad imprescindible en una obra artística y sin embargo, hoy está demostrado y asumido que no es la belleza sino la estética la que es imprescindible. Entendiendo por estética una experiencia a través de nuestros sentidos, que no tiene por qué ser agradable ni útil, pero sí propiciar un juicio de valor en el espectador. “El arte es sobre todo un estado del alma”, decía Marc Chagall.

Otra característica del arte, nos la da Fernández Arenas: “(el arte es un) soporte de ideas, conceptos y valores”. Y es por esta razón, entre otras, por la que entran en el arte las pinturas egipcias, las estatuas ecuestres que decoran nuestras plazas, los códices románicos, o más cercano, el cine, la publicidad o el diseño gráfico. Porque todas estas manifestaciones artísticas, informaron, educaron, persuadieron o transmitieron valores e ideas de una sociedad y un momento.

Según Beberly Sils “El arte es la firma de la civilización”. De una civilización y de un momento determinado. Hablamos entonces del contexto sin el cual es imposible entender el valor de una obra. Por supuesto que Goya dominaba a la perfección la técnica pictórica. Pero tal vez en esto no fue mejor que muchos otros de su época. Sin embargo, él retrató el horror de la Guerra, la vida despreocupada de los monarcas mientras su pueblo padecía horrores y mientras tanto, los demás pintaban bodegones y retablos de iglesias sin ninguna crítica ni información para las épocas posteriores.

Con cuidado de no entallarme los dedos con estas afirmaciones y ceñir demasiado una definición que no existe, diré que la UNESCO, principal organismo de definición y preservación del patrimonio cultural, amplia todas estas cosas y acepta proteger como Arte aquello que suponga además un logro técnico, que sea único en el mundo, auténtico o que esté en peligro de desaparecer.

Para termina, ojalá estas reseñas nos ayuden a entender un poco más qué es el Arte, a respetarlo y sobre todo a no sentirnos ofendidos ni temerosos de ver exposiciones contemporáneas.

Como dijo aquel sabio “solo sé que no sé nada” y preguntar es lo mejor que podemos hacer cuando no sabemos. En muchos centros de arte, hay personas especializadas que nos pueden explicar estas y muchas otras cosas. Nos proporcionan panfletos del artista que expone y tenemos Internet para consultar quién es y por qué hace las cosas.

No aseguro que os gusten, pero sí que pongo la mano en el fuego afirmando que todos los artistas tienen motivos para hacer lo que hacen.

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