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Etiquetas:   Universidad   -   Sección:   Revista-zonajoven

Dulce vida universitaria

Beatriz Ayuso
Redacción
jueves, 30 de noviembre de 2006, 23:00 h (CET)
Cuando un joven universitario sabe que lo que le espera al licenciarse es unirse a la generación mileurista, que crece día a día como hongos, lo que debe hacer es aprender a disfrutar de la vida universitaria. Esos años de carrera representan ese periodo irrepetible que echará de menos durante el resto de su vida aun cuando consiga el trabajo deseado, cosa de que difícilmente se conseguirá si se cumplen las estadísticas del último informe de la Unión Europea, el Eurydice, según el cual solo el 40% de los universitarios tiene en España un trabajo acorde con su nivel de estudios y la tasa de paro entre los titulados universitarios españoles de entre 25 y 34 años es del 11,5%; dato que no parecería alarmante si no se comparase con el resto de Europa, donde la media es de un 6,5% situándonos en lo más alto de la lista.

Porque no nos engañemos, hoy ser joven, licenciado y con idiomas, no es ya sinónimo de garantías de futuro. Así que durante esos 3, 5 o más años que pasaremos en esa facultad a la que odiaremos y amaremos en igual medida ¿porqué no involúcranos y disfrutarlos al máximo?. La vida universitaria es más que desplazarse cada día en un transporte público abarrotado con nuestra carpeta y apuntes para escuchar como un señor ya canoso nos ofrece su clase magistral con cierta indiferencia. El paso por la facultad nos debería aportar además de conocimientos sobre la materia, conocimientos prácticos sobre la vida.

Por lo tanto tan importantes como las clases, los seminarios o las prácticas, son los jueves de fiestas universitaria, el grupo de teatro, las competiciones deportivas, la tuna, la asociación de voluntarios, el viaje de fin de carrera... y todas esas innumerables actividades y asociaciones que giran entorno a la facultad y que muchos estudiantes desconocen por dedicar sus días universitarios a correr entre las aulas, la copistería y el bar. Estas actividades permiten en muchas ocasiones descubrir nuevas pasiones o habilidades, y en la mayoría de ocasiones tienen incluso la ventaja de ser convalidables por créditos de libre elección.

Pero sin duda, una de las mayores ventajas que ofrece la universidad son las becas, esas grandes desconocidas que siempre pensamos que sólo se las dan al hijo de la vecina. Se ofrecen becas de todo tipo y para todos los gustos, desde las del ministerio (para cubrir gastos) a las de movilidad (para realizar un semestre o año en una universidad no Europea) pasando por el conocido Erasmus o las becas Séneca (intercambio con otra universidad española) y becas para realizar prácticas en el extranjero incluso antes de titularse como las becas faro. En cualquier caso son una perfecta excusa para alejarse de la cotidianidad durante un tiempo (y de casa si uno no ha conseguido independizarse) para vivir la vida universitaria en su máxima expresión.

Cada uno escogerá como disfrutar esos años de facultad, en los que sin duda, no faltan opciones, se debe escoger bien, pero sobretodo, no se debe dejar para mañana, cuando puede ser ya demasiado tarde, nuestro título este colgado junto al escritorio y hayamos entrado ya en la melancolía de recordar aquellos tiempos mejores con el amargo sabor de boca que deja el saber que no se puede volver atrás.

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