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Recordando al mariscal Igor Serguéiev

Lord George Robertson
Redacción
jueves, 30 de noviembre de 2006, 23:33 h (CET)
Con la muerte del mariscal de la Federación de Rusia Igor Serguéiev, su patria y el resto del mundo han perdido a un gran hombre. Distinguido jefe militar y Ministro de Defensa de Rusia, era una relevante personalidad con extraordinaria firmeza y honestidad inamovible.

Llegué a ser Ministro de Defensa de la Gran Bretaña casi al mismo tiempo que el mariscal Serguéiev se puso al frente del Ministerio de Defensa de Rusia. Conjuntamente con William Cohen, recién nombrado para el cargo de Secretario de Defensa de EE UU, asumimos la responsabilidad por la capacidad defensiva de tres importantísimas potencias militares del mundo. Lo principal era que siempre nos entendíamos perfectamente.

Al entrevistarme a principios de año con el mariscal Serguéiev en Moscú, me recibió en la sede de una nueva asociación social: “Club de jefes militares de la Federación de Rusia”. Se me dispensó una acogida cordial en la acepción plena de esa palabra. El mariscal evocó los días de nuestro trabajo en calidad de ministros de Defensa y los problemas de entonces. Pero recordábamos ante todo la cooperación, iniciada por nosotros tanto entre nuestros dos países: la Gran Bretaña y Rusia, como entre Rusia y su eterno adversario, la OTAN.

El mariscal se refirió con entusiasmo a la nueva organización sin ánimo de lucro “Club de jefes militares” y me invitó a participar en sus actividades. A su juicio, el Club podía llegar a ser instrumento capaz de incorporar a los militares retirados de alto rango a sus labores en bien de la sociedad. Quería que los altos jefes militares retirados, tanto rusos como extranjeros, pudieran utilizar sus experiencias para arreglar conflictos. Le dije que para mí era un gran honor participar en sus actividades y desde entonces, en más de una ocasión, me ponía la corbata especial de miembro del Club.

Es muy triste pensar que la muerte del mariscal Serguéiev haya interrumpido su labor en ese ámbito, pero creo que su causa será proseguida y desarrollada con éxito en memoria de ese magnífico hombre.

Recuerdo dos episodios relacionados con el mariscal Serguéiev.

El primero tuvo lugar durante la sesión del Consejo de Ministros de Defensa de la Asociación Euroatlántica, cuando todos nosotros, los 46 ministros, estábamos sentados a la enorme mesa del comedor en el cuartel general de la OTAN en Bruselas. El Secretario de Defensa de EE UU, Cohen, se quejaba de que recibe comunicados contradictorios de los europeos. “Al principio, nos dicen que los norteamericanos siempre tratamos de imponernos y que ustedes, los europeos, están en condiciones de resolver sus propios problemas. Y luego resulta que nos piden no irnos de Europa”. Intervine en la conversación y dije: “Bill, recuerdas un chiste político escocés: “Si no puedes cabalgar simultáneamente a dos corceles ¿qué haces en este circo?” Todos se rieron y el mariscal Serguéiev se me acercó y dijo con sonrisa: “A mi generalmente no me falla la memoria, pero no puedo recordar que les pidiéramos a los norteamericanos que no se fueran”.

El segundo episodio que me acude a la memoria, tuvo lugar durante mi visita a Moscú como Ministro de Defensa de la Gran Bretaña. Traje la Orden británica de las Pilas Bautismales conferido por el Rey al mariscal Kónev, uno de los tres grandes mariscales soviéticos de los tiempos de guerra. El mariscal Kónev no recibió la orden en vida, y yo tuve que entregar el galardón a su viuda el día del centenario de su natalicio.

A la ceremonia de entrega de la Orden a la señora Kónev en la embajada británica asistió el mariscal Serguéiev y un nutrido grupo de generales rusos en servicio activo y retirados. Fue un momento muy emocionante: ocupó su lugar adecuado un fragmento más del enorme rompecabezas postbélico, acontecimiento que también devino excelente telón de fondo para el examen de la problemática militar por las partes británica y rusa.

El mariscal Serguéiev contribuyó mucho al fortalecimiento de la comprensión entre los militares de la OTAN y la Federación de Rusia. Sentó las bases del histórico Consejo Rusia-OTAN y su reacción sobre la tragedia del submarino ruso “Kursk” permitió, en resumidas cuentas, a la OTAN y Rusia firmar un acuerdo sobre trabajos conjuntos de rescate en mar.

Cuando por última vez me entrevisté con el mariscal Serguéiev en junio del corriente, la Orden de Héroe de la Federación de Rusia adornaba la solapa de su elegante traje civil. Le pregunté si se le había sido conferida por su relevante actividad en el puesto de Ministro de Defensa, me respondió con modestia: “No, por el mando de las Tropas Coheteriles de destino estratégico”. Por su parte, me felicitó con motivo de la adjudicación de la Orden del Cardo, antiguo galardón máximo de Escocia.
El Mariscal Serguéiev era un hombre insigne que entró en los anales históricos de su país e hizo más seguro el mundo en que vivimos.

Lord Robertson era Secretario General de la OTAN en 1999-2003 y Ministro de Defensa de la Gran Bretaña en 1997-1999. Actualmente, es Vicepresidente del Consejo de Directores de la Compañía TNK-BP.

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Lord George Robertson, barón de Port-Ellen, ex Secretario General de la OTAN, para RIA Novosti.

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