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Etiquetas:   Las plumas y los tinteros   -   Sección:   Opinión

No cambia nada

Daniel Tercero
Daniel Tercero
jueves, 30 de noviembre de 2006, 23:33 h (CET)
Ya tenemos nuevo tripartito -Entesa quieren que se le llame- para los próximos cuatro años. La Generalidad de Cataluña estará presidida por José Montilla que es el único andaluz que no tiene salero, como decían algunos pesos pesados del PSC antes de que fuera nombrado candidato a presidir la Generalidad. El reparto de poder, entre los tres partidos del tripartito, es el mismo que hace tres años. Solo seis caras nuevas entre los consejeros de la Entesa. Un Maragall en el Ejecutivo catalán. Carod-Rovira como segundo de a bordo. Las carteras más simbólicas, más identitarias, en manos de ERC. Castells, Nadal y Tura siguen como máximos responsables de consejerías de peso. Y así hasta llegar a 2003. No cambia nada.

No importa que ERC se opusiera al nuevo Estatuto, motivo suficiente como para que Maragall -Pasqual- decidiese que el tripartito se convertía en ese mismo instante en bipartito. No importa que Carod-Rovira se reuniese con ETA en Perpiñán (sin el consentimiento del presidente de la Generalidad) y no se le haya oído el mínimo arrepentimiento -más bien lo contrario-, causa que motivó su destitución. No importa que el Pacto del Tinell siga vigente, ya que todo pacto debe ser derogado para su invalidez. No importa que se hagan informes sobre los medios privados y los periodistas en Cataluña, sobre si son idóneos o no para el país, porque sigue ERC controlando la cartera de Comunicación. No importa que durante el hundimiento del Carmelo la gestión corriese a cargo de Nadal (PSC), ya seguirá controlando las Obras Públicas. Y así hasta llegar a 2003. No cambia nada.

El cambio de cromos -Montilla por Maragall, el ex-alcalde- no hará más que poner en evidencia que el nuevo presidente es menos mediático que el nieto del poeta. Si Montilla tiene dificultades para expresarse en su lengua materna -algo poco habitual en los políticos, cada vez más populistas y demagogos-, no quiero imaginarme en qué se van a convertir los debates en el Parlamento autonómico, cuando el nuevo presidente siga utilizando el catalán. Ha comentado que a lo mejor recibirá clases de catalán para mejorarlo. ¡Y dicen que la normalidad ha llegado a Cataluña con la presidencia de un político no nacido aquí! ¿Dirían lo mismo si fuera castellanoparlante sin complejos el presidente de la Generalidad -”El catalán es la lengua que nos identifica, que nos singulariza”, dijo Montilla en el discurso de investidura-? Lo que ocurre es que Montilla se esfuerza en parecer -que nunca los será- de los nuestros. Nosotros: los que tienen el catalán como su ADN (Maragall dixit).

Se ha cambiado de cabeza de turco para no cambiar nada. Me gustaría equivocarme pero no creo que desde ERC cejen en su empeño de separar cada día un poco más a Cataluña del resto de España y el resto de España a verlos venir. El problema lingüístico -que existe, ¡y tanto!-, en las escuelas, se expandirá a las universidades, que controlará ERC. Divertido será ver al nuevo consejero de Interior -Saura, de ICV-EUiA-, encargado de gestionar todo lo que a la policía autonómica se refiere, cómo justifica una carga de los Mossos contra los anti-globalización o los ocupas, que hasta ahora tanto mimaba.

No cambia nada. Ni siquiera se cumple el dicho de que cambia todo para no cambiar nada. Ni tan solo eso, porque no ha cambiado nada, ni en el fondo ni en la forma. Ya no existe ni el disimulo en la política local.

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