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Tres cumbres del presidente Putin

Dmitri Kósyrev
Redacción
miércoles, 29 de noviembre de 2006, 23:21 h (CET)
La Cumbre de turno Rusia-UE corrió la misma mala suerte que varias anteriores, y ante todo porque Moscú planeaba discutir en Helsinki un nuevo pacto AAC entre la Federación Rusa y la UE para reemplazar el actual, cuyo plazo expira el 1 de diciembre de 2007. Pero Polonia ha vetado ese tema clave de la Cumbre debido al embargo impuesto por Rusia sobre sus productos cárnicos y agroalimentarios.

El segundo motivo del fracaso de la Cumbre debía ser la negativa de Rusia de ratificar la Carta de la Energía europea antes firmada por este país.

Pero tanto Moscú como Bruselas (sede de las estructuras administrativas de la Unión Europea) dominan en igual medida la diplomacia en la administración. Los diplomáticos de ambas partes encontraron fácilmente otros temas a discutir, entre ellos los relativos a Irán, Oriente Próximo, la Península de Corea, los Balcanes (Kósovo), así como el cumplimento de las resoluciones tomadas por varias Cumbres anteriores Rusia-UE. Entre estas últimas figuran las relativas a los compromisos de la UE de “minimizar las negativas consecuencias económicas y comerciales que la ampliación de la UE tuvo para los intereses de Rusia”. Además, en los documentos bilaterales fueron fijados antes los problemas tan importantes como la situación de los habitantes rusohablantes de los países bálticos, temas que se podía y era necesario debatir.

Sin embargo, también esta vez, los preparativos para un evento diplomático de turno, en que participan Rusia y los europeos, vinieron acompañados de las invectivas publicitarias de siempre. Y también esta vez se vieron defraudados los augurios de un desenlace dramático.

Hace justamente una semana el mandatario ruso asistió a la Cumbre de Hanoi donde se reunieron los líderes de 21 economías de la región Asia-Pacífico, desde EE.UU. hasta Vietnam, país-anfitrión del evento. Parece evidente la idea de comparar los resultados y muy especialmente el clima de esas dos Cumbres.

Naturalmente, ambos eventos tienen algo de común. Por cuanto cualquier Cumbre es un suceso formal, solemne y perfectamente organizado. Ya se sabe de antemano quién y qué va a decir e incluso se conocen las respuestas. Esto se debe a que los encuentros de los líderes son el método más eficiente de autoorganización de la burocracia que con tal motivo prepara un sinnúmero de documentos. Esos documentos surgen en los casos, cuando los países participantes del acto mantienen comercio, contactos humanos y otros vínculos. Los líderes podrán dar solución a los problemas que surgen en el proceso de tales contactos o podrán aplazarlos para el futuro.

Voy a repetir: en este esquema se vieron insertadas las Cumbres tanto de Helsinki como de Hanoi. No obstante, el ambiente de Hanoi era más caluroso y no sólo a causa de su clima.

¿Por qué? Porque la UE es casi la única región del mundo que vive presa de ilusiones de que no sólo los miembros, sino incluso los vecinos y socios de esa asociación regional han de regirse por los principios que elabora la Unión Europa. En este caso se trata de los principios de cooperación en materia de la energía (que Rusia no admite ni podrá admitir en el futuro) y de muchos otros problemas.

Ni siquiera lo es la postura de los gobiernos: al contrario, los funcionarios, y los diplomáticos en primer lugar, los que, como vemos, trabajan hábilmente para aproximar a las partes. Es un componente de la cultura política europea que en modo alguno atañe solamente a Rusia: miren los debates que bullen en el viejo continente en torno a Turquía deseosa de ingresar en la UE o varios otros sujetos muy distantes de Rusia.

En la Cumbre de Hanoi reinaba un clima totalmente distinto. No recuerdo Cumbre alguna de la APEC en la que existiera el peligro de fracaso a causa de que alguien de los participantes planteara pretensiones a Rusia o a cualquier otro miembro de la Organización. Naturalmente, hay pretensiones que se consideran como realidad cotidiana. Las Cumbres no se convocan para imponer la postura de un país al otro, sino para buscar elementos comunes capaces de asegurar el desarrollo económico regional.

Es curioso señalar los implacables epítetos dirigidos a Europa como comunidad económica y de cultura política formulados en la Cumbre del Negocio de la APEC (celebrado en el marco del foro semanal de esa Organización). Estos fueron expresados durante los debates, en los que, además de los dirigentes de grandes corporaciones, participó el jefe del gobierno de Singapur, Li Xian Lun (aunque no le pertenecen todos los calificativos). Brevemente dicho, en opinión de los habitantes de la región del Pacífico, Europa se está adaptando muy mal a los cambios que se operan en el mundo, opone resistencia a las realidades de la globalización y por esto toma decisiones erróneas en materia de la política comercial. Esto no hace mas que provocar una condescendiente sonrisa por parte de los países del Pacífico.

Naturalmente, siempre ha sido falsa la tesis publicitaria de que tarde o temprano, Rusia, cansada de la complejas relaciones con Europa, “se reoriente” hacia el Asia. Las realidades económicas (y geográficas) de Moscú demuestran que esta capital busca mantener relaciones con Europa y con Asia. Simplemente, el ambiente de esos vínculos es distinto.

Se dice que Moscú cifraba especiales esperanzas en la Cumbre de Helsinki y se siente amargada con motivo de lo que sucedió en torno suyo. De hecho, en vísperas de la Cumbre Rusia-UE, cuando ni siquiera se planteaba el problema de su fracaso, en los círculos oficiales se debatía la idea de si su agenda fuera conveniente para la llegada del presidente a ese evento.

Es una discusión normal. A este respecto, procede señalar que, según evaluaciones no oficiales de fuentes gubernamentales, poco antes de éste Moscú examinaba la idea de renunciar a la Cumbre Rusia-ASEAN (Asociación de Naciones del Sureste Asiático) en la ciudad filipina de Cebu en diciembre próximo por falta de suficientes problemas a discutir, es decir, ausencia de los documentos nuevos de principio que puedan ser firmados. Y eso teniendo en cuenta que las relaciones Rusia-ASEAN están en pleno apogeo y allí no surgen situaciones algunas escandalosas para Moscú. Habrá nuevas Cumbres serias y eficientes.

En lo que respecta a Helsinki, ni siquiera fue discutida en serio la idea de no asistir al evento, por la mera razón de que la cúspide de la UE permanentemente convulsionada por las nuevas realidades del mundo en que vivimos, no se muestre comprensiva ante ese hecho, a diferencia de la cúspide de la ASEAN.

Sin embargo, parece que dos Cumbres en un año, es demasiado.

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Dmitri Kósyrev, para RIA Novosti.


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