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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Solidaridad o amor

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 29 de noviembre de 2006, 23:21 h (CET)
Amparándose en la soledad que acompañaba a la oscuridad de las cuatro de la madrugada en la calle de Sant Pere de Vilafranca del Penesès, un corpulento joven de 23 años siguió los pasos de una mujer de estatura mediana. Se abalanzó sobre la fémina con el afán de violarla. La víctima resistió el ataque del desconocido gritando y arañándole el rostro. Durante veinte minutos resistió el ataque. Los gritos de la víctima alertaron a los vecinos. Aparecieron en las ventanas y balcones para contemplar silenciosamente el drama que estaba ocurriendo en la calle. Ni un solo grito salió de los labios del público que contemplaba desde primera fila del patio de butacas la tragedia que se desenvolvía ante sus ojos con el propósito de hacer desistir al atacante de sus deseos lascivos. Nadie bajó al escenario para poner fin al desaguisado que se estaba cometiendo ante sus ojos. Al fin, alguien tuvo la feliz idea de llamar a la policía municipal. Con la llegada de los agentes se puso punto final al espectáculo. El público cerró ventanas y balcones, se volvió a meter en la cama para seguir durmiendo plácidamente como si nada hubiese ocurrido.

Esta escena escabrosa que puede ser protagonizada por cualquier mujer que por motivos laborales o por atender una< urgencia debe deambular por una solitaria calle a altas horas de la noche, me ha hecho pensar en la parábola del Buen Samaritano que Jesús relató, no con el propósito de entretener a sus oyentes, sino con el deseo de inducirles a actuar en un determinado sentido.

Un maestro de la Ley, para poner a prueba a Jesús le hace la siguiente pregunta: “Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?” El Señor le responde: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?” El clérigo le contesta: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo”. Añadió Jesús: “Bien has respondido, haz esto y vivirás”. El clérigo, con el propósito de justificar el incumplimiento de lo que sabía era su deber, pregunta a Jesús: “¿Y quién es mi prójimo?” La respuesta que le llegó a sus oídos fue el relato de la parábola del Buen Samaritano que enseña que el prójimo de uno es la persona necesitada que está a su alcance y a la cual se debe socorrer a expensas de quien ayuda sufra daños. Recordemos que el camino en el que se encontraba tendido el herido por los ladrones estaba solitario. Los malhechores podían estar cerca y abalanzarse sobre la persona que se entretuviera en ayudarle. Aún así, el samaritano atiende al herido. Con su comportamiento, este hombre que era despreciado por los judíos por ser un extranjero repugnante, sin decir palabra, sin preguntarle quien era, demuestra que aquel hombre tendido malherido en el camino de Jericó a Jerusalén, era su prójimo.

Cuando el religioso cita el resumen de la Ley de Dios que se condensa en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo, dice algo que es tan inseparable como las dos caras de una moneda. Si no se ama a Dios con todas las fuerzas no se puede amar al prójimo como a sí mismo. A la inversa también es cierto, quien no ama al prójimo como a sí mismo tampoco puede amar a Dios.

Hoy se ha puesto de moda la palabra solidaridad con el propósito de poner fin al incivismo que inunda a nuestra sociedad. Con la difusión de la solidaridad no se resuelve el problema de la violencia que se agrava en sus diversos aspectos porque le falta el ingrediente del amor de Dios para que pueda amarse al prójimo. Es cierto que sin amar a Dios se dan algunos casos aislados de heroicidad ejemplar Los tales son la excepción de la regla. Desgraciadamente, lo que se ha convertido en algo natural y habitual es el pasotismo, la actitud laxa que hace que tengan que ser los otros quienes atiendan las necesidades de los que sufren. ¿Por qué tengo que complicarme la vida? Nos estamos dando cuenta de que el hombre sin Dios se convierte en un depredador de su prójimo.

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