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Etiquetas:   Tiempos modernos   -   Sección:   Opinión

La hamburguesa gigante y otros cuentos

Mar Berenguer

miércoles, 29 de noviembre de 2006, 01:49 h (CET)
Primero fue la Ley Seca en las películas de gangsters, después la campaña antitabaco y ahora, la cruzada de moda se emprende contra el tamaño de las hamburguesas.

Ni el alcohol, ni la nicotina, ni el bombazo calórico gratuito, benefician de manera alguna al consumidor ignorante ni al adicto empedernido, ni al que elige libremente el menoscabo de su salud en aras de un placer inmediato.

Seguramente, es bueno que la gente no beba ni fume, ni se atiborre de grasas malsanas. Pero no lo es tanto que las personas no puedan tomar sus propias decisiones.

A pesar de la importancia de la partida presupuestaria que se destina a Seguridad Social y en el contexto de un país en el que la primera causa de mortalidad son las enfermedades cardiovasculares que en la mayoría de los casos se derivan de la mala alimentación, del alcohol y del tabaco, la acción del gobierno, debería consistir no en prohibir o intervenir como si tratasen con niños díscolos e incorregibles; el leitmotiv de la política de las sociedades que se precien en denominarse civilizadas en pleno siglo XXI, debería ser la preparación y la formación de ciudadanos libres, con su propio bagaje cultural y a los que un conocimiento fehaciente acerca de la verdadera incidencia de ciertas sustancias sobre su propio cuerpo, les permita saber que es lo más o menos conveniente para ellos minimizando el margen de error, sin necesidad de que otros tomen la decisión por ellos, aunque ésta sea acertada.

A saber que más intereses se esconden tras la idea de quitarle su nicho de mercado a Burger King; puede que algún empresario zapaterófilo esté tramitando la comercialización de un fast food de gusto mesetero. La XXL, es una verdadera cochinada, de acuerdo. Nadie con dos dedos de frente debería meterse entre pecho y espalda tal aberración alimentaria. Pero ahora, el bocata de carne en cuestión, se ha convertido en el señuelo de un gobierno que quiere hacer ver que se “preocupa” muchísimo por nosotros y que, en realidad, debería preocuparse menos y simplemente ocuparse más de aquellos problemas que llevamos arrastrando varias décadas y que piden a gritos una solución definitiva y prioritaria: vivienda, precariedad laboral y terrorismo. Y sobre todo el fomento de una educación de calidad tanto en casa como en la escuela, que es el primer paso para evitar de raíz la mayoría de los problemas. Y no hacer de una hamburguesa una cuestión de estado.

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