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El estado de Derecho en cuestión

Soy un firme defensor del Estado de Derecho y por eso me asusta la impunidad y la frecuencia con que lo invocan sus violadores
Carlos Ortiz de Zárate
lunes, 29 de septiembre de 2014, 07:29 h (CET)
Un Estado de Derecho no admite intocables y aún menos que los privilegios que gozan algunos les permitan apropiarse de dinero de un Estado empobrecido que recorta derechos fundamentales.

Un Estado de Derecho tiene que ser transparente y el desinterés por serlo, en España, es tal que se permite que los aforados miembros del Tribunal de cuentas sean elegidos con criterios más relacionados por los intereses de los partidos del poder, cuyas cuentas deberían controlar, que por sus competencias, como cualquiera puede comprobar. Tampoco es concebible que los resultados tarden años y lleguen cuando ya no soluciona nada.

Los partidos del poder de España muestran su desprecio al Estado de Derecho, sin rubor y un buen ejemplo de ello es que permitan, como ya he indicado, en otros artículos, el silencio administrativo y discrepancias entre registros catastrales, por enormes que sean éstas.

En estas circunstancias, cuando tantas de nuestras vergüenzas están con el culo al aire, cuando cada vez es mayor el número de nuestros conciudadanos que cae en la miseria, cuando pese a privarnos de derechos fundamentales, cuando el endeudamiento de nuestro territorio está creciendo de forma inexplicable, cuando la mayoría somos cada vez más pobres y la minoría cada vez más rica. Estos partidos del poder tienen el morro de invocar, como si fuera su patrimonio, el Estado de Derecho.

Abusan de la libertad de opinión que se atribuyen, gritan ultrajados y no dejan que los otros nos expresemos. Soy un ferviente defensor de la libertad de opinión, pero me asusta y mucho que se prostituyan los propios principios que se proclaman.

Alguien tendrá que recordar a estos poderosos que no nos representan, como indican todos los estudios que se han publicado desde el principio del actual gobierno. Ninguno de nuestros representantes políticos llega a la media. ¿Cómo es posible que se les infle la boca cuando afirman que nos representan?
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