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Etiquetas:   Cartas a un ex guerrillero   -   Sección:   Opinión

Dentro de nosotros

Sor Clara Tricio
Sor Clara Tricio
lunes, 27 de noviembre de 2006, 02:35 h (CET)
Querido Efraín:

Sabemos que el reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o allí, sino que está dentro de nosotros, ya que la Palabra está cerca; en los labios y en el corazón. Sin duda, cuando pedimos que venga el reino de Dios, lo que pedimos es que este reino, que está dentro de nosotros, se exteriorice, produzca fruto y se perfeccione. Efectivamente, Dios reina ya en cada uno de los que se someten a su ley espiritual, y así Dios habita en ellos. En el alma perfeccionada está presente la Divina Trinidad y Cristo reina en ella de acuerdo con las palabras del Evangelio: “Vendremos a él y haremos allí nuestra morada.”

Este reino de Dios que está dentro de nosotros llegará, con nuestra cooperación, a su plena perfección cuando se realice lo anunciado por el Apóstol: Cuando Cristo, una vez sometidos a él todos sus enemigos, entregue a Dios Padre su reino, y así el Dios único y verdadero, lo será todo para todos. Por esto, rogando incesantemente con la actitud interior que se hace divina por la acción del Espíritu, decimos a nuestro Padre qué está en los cielos: “Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino.”

Con respecto al reino de Dios hay que tener en cuenta, que, del mismo modo que nada tiene que ver la luz con las tinieblas, ni la justicia con la maldad, ni pueden estar de acuerdo Cristo y el diablo, así tampoco pueden coexistir el reino de Dios y el reino del pecado.

Si queremos que Dios reine en nosotros, procuremos que de ningún modo el pecado sea el que domine nuestra persona mortal, antes bien, dejemos de lado lo terreno que hay en nosotros y fructifiquemos por el Espíritu. De este modo, Dios se paseará por nuestro interior como por un paraíso espiritual y reinará “en nosotros” con Cristo, el cual asentará aquella virtud espiritual que deseamos alcanzar. Hasta que todos sus enemigos que hay en nosotros sean puestos por estrado de sus pies, y sean reducidos a la nada en nosotros todos los poderes y todas las fuerzas del mal.

Todo esto puede realizarse en cada uno de nosotros, y el último enemigo, la muerte, puede ser reducido a la nada, de modo que Cristo realice también desde dentro de nosotros lo que ya consiguió: ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? Desde ahora, este nuestro ser corruptible, debe revestirse de santidad y de incorrupción, y este ser, mortal, debe revestirse de la inmortalidad del Padre, una vez reducido a la nada el poder de la muerte. Así, reinando Dios en nosotros, comenzaremos a disfrutar de los bienes de la regeneración y de la resurrección.

Os envío los mejores deseos, y con la esperanza de que sigáis todos bien, recibir un cariñoso saludo, CTA

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