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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Juego de luces

Rafael Pérez Ortolá
viernes, 26 de septiembre de 2014, 08:01 h (CET)
Lo saben bien los profesionales de la escenografía, la tonalidad de la iluminación es primordial para la representación. Es una aplicación dinámica, cada momento requiere su luz, en un vaivén desde el claroscuro al enfoque directo sobre la imagen. Ejercen el efecto llamada sobre las miradas. ¡Cuántas realidades pasan desapercibidas por falta de atención a lo que sucede alrededor! Las PERSPECTIVAS requieren de cierta luz para ser efectivas, para no permanecer como meras elucubraciones.

Es frecuente que sean el ruido, las voces, las algaradas, quienes induzcan a dirigir los focos hacia su revoltijo. Primero, ¿Qué pasa?, y después, ¿Cuál es el motivo? Cuando nos acercamos, con la claridad, descubrimos detalles informativos de todo género, irrelevantes o jugosos, encubrimientos o sinceridad. Aunque la sonora PROTESTA suele destapar su núcleo con importantes carencias. Aún con ciertos argumentos válidos, pocas veces presentan un programa alternativo para el recambio de la situación. Vista de cerca con interés, la protesta expresa un contenido muy superificial. El número de protestantes no alivia sustancialmente las carencias; si acaso, contribuye a mantenerlas ocultas. La elaboración trabajosa es asumida con dificultad.

No obstante, el discernimiento eficaz está enfrentado a diversas dificultades. Como contraste del párrafo anterior, si miramos al lado opuesto, vermos a los teóricos portadores de programas; pero en realidad, están PROGRAMADOS ellos, para aparcarlos, para emprender la lucha por otras prebendas elitistas. La magia parece el único recurso disponible para aclararnos, aunque apenas disponemos de su arte. Por ahora, el aumento de la atención prestada y de los medios técnicos, nos mantiene entre las dos dominaciones. La de los programados de altas pretensiones o la de las protestas furibundas. Entre ellos, la navegación resulta confusa. Hará falta mucha perspicacia para salir de esto. La simple detección del problema se queda corta.

La protesta es un derecho imprescindible tal como van las cosas; qué menos, con la abrumadora presión del sistema en la crisis actual. Muy diferentes son las figuras de esos elementos erigidos a sí mismos como las voces más potentes, aprovechando cualquier motivo. Representan un curioso complejo de ALTAVOZ; son altisonantes carentes de contenido. Instrumentos, puede ser; en cuanto al compromiso propio, indetectable. Dadas sus actuaciones desmesuradas, contribuyen a la confusión general. ¿Será este el camino del futuro? No lo parece, aunque el panorama mundial y local está ocupado por dichas actitudes. El riesgo de su mala utilización es un hecho comprobado, dependen de los intereses ajenos.

Cuando uno piensa en la confrontación de pareceres como aportaciones valiosas para la convivencia; si echamos un vistazo a las escenas habituales, recibiremos un chasco importante. Las razones argumentadas clarean. Asistimos a la SUPLANTACIÓN de dichas expresiones por la sorna, la ironía o la salida de tono del insulto, para la satisfacción momentánea de los egos intervinientes. El razonamiento suele derivar en burdas descalificaciones; hasta el sentido genuino de las palabras sufre cambios sustanciales. La discusión acalorada abre sus diferencias con respecto al diálogo constructivo. ¿Así se puede hablar de diálogo? Entre los aspavientos lógicos por la tensión acumulada; el apredizaje mutuo no se produce. Los fanatismos imperan.

Las omisiones son tan importantes como las actividades llamativas; con frecuencia dejan el campo libre a los desalmados. Sea por comodidad o necedad (A veces van juntas), pereza, mimetismo o por la reiteración acomodaticia sin darle muchas vueltas al asunto; configuramos el perfil humano del ABSURDO. Renunciamos casi siempre a lo más auténtico de cada uno, el pensamiento por uno mismo con los pronunciamientos y actuaciones coherentes. En cambio, otorgamos credibilidad a directrices emanadas por fondos escondidos. Y la lógica del absurdo tiene eso, es absurda. Por este camino, aquello que los ciudadanos dejan de lado, su personalidad, queda diluida; el sistema no tendrá necesidad de tenerlos en cuenta.

En la línea absurda referida, las diferentes organizaciones, públicas o privadas, ya tienen asumida la renuncia de gran parte de los sujetos al ejercicio consecuente de sus posibilidades. Les viene de perlas para la orientación de sus proyectos, sus preferencias ya no chocan con aquel obstáculo. Las personas han sido incluidas en el ANONIMATO de la multitud, no serán necesarios excesivos detalles particulares, bastará con que se plieguen al formato establecido. Los individuos serán considerados en general, usuarios, visitantes, partidarios, pacientes...; el trato personalizado reducido a las cuatro teclas puestas a su disposición. Ni por asomo aparece el núcleo gestor ocupado en “sus” asuntos. Si serán o no los nuestros, eso queda en el alero.

Claro que, si “Lo esencial es invisible para los ojo” (El principito), ¡Vamos apañados! Ya lo tenemos comprobado, las transparencias al uso nos mantienen DISTRAIDOS entre una serie de frivolidades ambiguas, metidos en el juego de lo verosímil y los falseamientos; entretenidos, pero, no ocupados, es diferente. ¿Será que no podemos mirarnos con franqueza por los adentros? ¿Las supuestas esencias estarán para algo? ¿Podemos acercarnos a ellas, a su conocimiento? Obcecados como nunca con las imágenes, eso del trato con lo invisible exigiría la utilización inteligente de cuantos sentidos corporales o mentales podamos activar. Quizá represente un esfuerzo inusitado y no estemos dispuestos a ejercitarlo.

Según los enfoques cambian las perspectivas. Sacamos ideas incluso contrapuestas de cada situación; aunque el objetivo observado varíe poco. Leía el otro día un comentario referido al papel de los ESPEJOS en las actitudes personales, tienen una repercusión significativa. Al principio pensé en la gran cantidad de individuos sobre los que me preguntaba si no tendrían un espejito para poder percibir las maldades provenientes de sus comportamientos (Afectivos, vecinales, políticos, diferentes gestiones, etc.).

Luego cambié hacia otra convicción, precisamente por que tenían espejos, era su congratulación NARCISISTA al contemplar su persona, la que les hacia hinchar pecho y persistir en sus empeños. De donde deduzco que el uso del espejo explica muchas de las desmesuras. Cada cual elija sus ejemplos. Después viene la tozudez en oposición a las enmiendas, como agravante reiterativo. Junto a otras intemperancias añadidas por cada protagonista, constituyen enormes obstáculos para la búsqueda adecuada de soluciones.

Hemos de tener en cuenta la escasa utilidad de las luces para escarbar en las honduras del subconsciente; tampoco atinamos con las dimensiones recónditas de la física. Navegamos entre los prepotentes dominadores empeñados en sus fantasías, no faltan los alucinados psicópatas, ni los indiferentes de escasa presencia. Perdimos en el camino a los menospreciados trágicamente como desechos humanos. La participación en el JUEGO es fundamental, pero como actitud deportiva; asumiendo el reto real, con el esfuerzo lanzado a la consecución de mejores actuaciones. ¡Ah! Y mucho respeto hacia otros participantes.
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