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Etiquetas:   Cultura   Filosofía   -   Sección:   Opinión

Música y Filosofía

Ya en la Grecia antigua se valoraba de un modo muy positivo la influencia de la música en nuestras emociones
José Manuel López García
jueves, 25 de septiembre de 2014, 07:32 h (CET)
Aristóxeno o Aristógenes de Tarento destaco como músico, y filósofo peripatético. Su gran interés por las enseñanzas de Aristóteles en el Liceo y su capacidad le convirtieron en uno de los discípulos más notables del Estagirita. Como es sabido se enfadó mucho cuando Teofrasto fue elegido como sucesor en la dirección del Perípato tras la muerte del gran sabio. La vida de Aristóxeno se extiende desde el año 354 a.n.e. hasta el año 300. Escribió mucho y procuró conjugar de un modo coherente y racional la armonía de lo musical con la abstracción y especulación de la filosofía. Este pensador contribuyó en gran medida a la creación de la notación musical griega y sus aportaciones e investigaciones tienen una indudable importancia en la teoría de la música. Conviene poner de manifiesto que el tratado más antiguo de música que se conoce es, precisamente, Elementos armónicos de Aristóxeno. Si bien es cierto que Pitágoras, y los pitagóricos también escribieron sobre música, la primera obra sistemática conservada es la del filósofo aristotélico.

Evidentemente, ya en la Grecia antigua se valoraba de un modo muy positivo la influencia de la música en nuestras emociones, y en el alma o espíritu. Además, también es claro que la memoria y la percepción son fundamentales tanto en la música como en la filosofía. De hecho, son dos disciplinas que surgieron muy unidas ya en el pitagorismo, y posteriormente fueron esenciales en el modo de vida heleno. Y es que la música, produce un indudable placer auditivo. Se entiende la música como medicina del alma, lo que expresa un significado ético y pedagógico. El mismo Aristóteles poseía una concepción catártica de la música, y reconocía el gran valor de la armonía en la formación de los ciudadanos. Porque las armonías y los ritmos musicales concilian los contrarios, y producen equilibrio. También Platón destaca la gran utilidad de la formación musical, y escribe acerca del valor de la misma: «La gran mayoría de las personas sitúan la esencia y perfección de la música en el poder que ésta posee para influir de un modo agradable en las almas».

Por tanto, en pleno siglo XXI no se comprende muy bien, que la enseñanza de la Filosofía y la Música hayan quedado relegadas a un segundo o tercer término, en el curriculum de la enseñanza media con una reducción de horas lectivas inadecuado por muchas razones. Estas dos disciplinas desarrollan la capacidad intelectual y artística de los estudiantes, y les proporcionan una cantidad de contenidos que son esenciales en la formación de todo ciudadano. Además potencian habilidades intelectuales que sirven para siempre. Y es que no se debe ver la enseñanza desde una perspectiva meramente empresarial, porque la cultura, la investigación y el conocimiento están por encima de los criterios puramente economicistas que son muy cortos de miras. La enseñanza humanística no debería ser postergada, como si fuera innecesaria, ya que es todo lo contrario. De hecho, la capacidad de investigar, escribir, componer, tocar instrumentos y explicar y comentar textos filosóficos forma parte de nuestra cultura occidental que tuvo su origen en Grecia y Roma. No debemos ignorar esto. Y está comprobado que la formación en Humanidades refuerza la madurez académica y personal algo muy demandado en cualquier profesión actual.
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