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Opinión
Etiquetas:   La parte por el todo  

Esto antes no pasaba

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
domingo, 26 de noviembre de 2006, 08:09 h (CET)
¿Qué diferencia hay entre los jóvenes de ahora y los de antes? Esto mismo me preguntaron esta semana con ánimo de iniciar una discusión de profundidad relativa.

Me parece demasiado complicado dar una respuesta satisfactoria. Me refiero a dar una respuesta que no caiga en los tópicos habituales en estas ocasiones, conducidos por la retórica nostálgica y poco fiable del recuerdo.

Dejaré de lado aquí el preguntarnos qué entendemos por ‘jóvenes’, pues muy probablemente no defina exactamente lo mismo que definía hace unos años. Decía Sapir que ‘pensamos con palabras’ y, si las mismas palabras significan conceptos diferentes, quizás sea porque no estamos pensando la misma cosa.

Quisiera hacer notar, por otra parte, que el ‘antes’ por el que se interroga en la pregunta de más arriba, tiene a mis ojos un componente mítico que no nos permite hablar con libertad de movimientos.

Cuando se supone un mal funcionamiento en cualquier ámbito y quiere compararse el estado actual con el de ‘antes’, lo que en realidad se da por supuesto es que ‘todo tiempo pasado fue mejor’. Antes, cuando cenábamos todos juntos sin necesidad de encender el televisor, cuando éramos el imperio en el que no se ponía el sol, cuando dios configuró el universo.

Tengamos en cuenta que la experiencia captada por la memoria es limitada y que parte importante del recuerdo es, sin duda, el olvido. Lo automático del proceso nos hace pensar que cada uno recuerda lo que quiere recordar, pero la economía en la memoria distorsiona enormemente nuestra experiencia y lo que pensamos de nuestra experiencia.

En estas ocasiones no me resulta costoso parafrasear las lúcidas palabras de Jordi Virallonga cuando recuerda que ‘todo el ayer del mundo no tiene más de unos diez años’.

¿Cuándo cayó el muro de Berlín? Qué más da. Parece que fue ayer. Y, en efecto, sólo lo parece. El ayer entra en el extraño mundo del ‘antes’ y se convierte automáticamente en un precedente deseado, admirado, en parte de lo que somos y base sobre la que hemos de construir nuestro futuro. Lo terrible es que solamente pasado es tan incierto como el futuro. La verdadera Historia no está en los libros, no puede almacenarse.

La verdadera Historia yace con los olvidos y los recuerdos de los que ya no están.

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