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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Ha llegado el Ocaso de Rajoy?

Sus últimos graves errores
Miguel Massanet
miércoles, 24 de septiembre de 2014, 07:03 h (CET)
Mucho nos tememos que el PP se está jugando toda la credibilidad que pudo acumular en años anteriores, en sólo lo que le queda de la legislatura de don Mariano Rajoy. Y no es que las bases del partido hayan cambiado de opinión respecto a los valores que se debían defender o en relación a los principios éticos y morales que debían presidir todas y cada una de las decisiones de la Dirección del partido, ni que nuestra herencia cristiana se haya desplomado de repente y haya dejado de ser uno de los puntales básicos del partido de don Manuel Fraga Iribarne; nada de todo esto, los fieles votantes del PP siguen siendo los mismos, opinando exactamente igual que cuando votaron a su partido en las elecciones del 20N y le dieron al señor Rajoy una amplia mayoría absoluta, en ambas cámaras. Los que han cambiado han sido los dirigentes.

Rajoy recibió del pueblo español todas las facilidades para que pudiera llevar a cabo, sin obstáculos y con plena libertad, la complicada labor de regenerar a España; no sólo en lo económico, financiero y social, que por supuesto era una de las prioridades; sino también y muy especialmente en la tarea de sacar al país del marasmo ideológico en el que las doctrinas socialistas le tenían sumido; su anticlericalismo y su aversión por la Iglesia católica; su adoctrinamiento comunistoide y su desprecio por la familia; su relativismo ideológico y su énfasis por convertir las escuelas públicas y las universidades españolas, más que en lugares donde impartir el saber y la cultura, en verdaderos centros de captación de adictos para llevar a cabo su política de destrucción del modelo de Estado que juntos nos dimos mediante la Constitución de 1.978 y, sin duda alguna, la perversión misma del sistema democrático, incompatible de siempre con el modelo totalitario que ellos practican.

Sin embargo, después de tres años de gobierno, ni el señor Rajoy ni su equipo de gobierno han sido capaces de llevar a cabo la tarea, difícil tarea, que les fue encomendada por sus votantes. Su periplo por el poder, si se ha caracterizado por algo, ha sido por un exceso de precauciones, por un comportamiento timorato ante sus adversarios políticos, por una falta de valentía y decisión que ha pretendido ocultar detrás de una apariencia de prudencia, de templanza y serenidad pero que, a la postre, no ha sido más que una sucesión de pequeñas concesiones, intentos de conseguir acuerdos con el resto de grupos políticos que, como era de esperar y más tratándose de la izquierda, se han guardado mucho de darle el árnica que pedía para evitar que pudiera exhibir algún éxito en su mandato. Si en lo económico, en parte obligado por Europa, ha conseguido estabilizar el país, tampoco en el aspecto de atajar el paro e inyectar impulso a la economía, se puede decir que haya conseguido todos sus objetivos.

En su debe se le ha de anotar una tendencia muy marcada a apartar de su lado a todos aquellos que han diferido de sus opiniones, le podían hacer sombra o consideraba que su presencia destacada en los puestos clave del Gobierno o de su partido, le podía resultar molesta o, posiblemente, le restarían protagonismo. Basta nombrar a Mayor Oreja, María San Gil, Vidal Cuadras, Álvarez Cascos, Angel Acebes, Esperanza Aguirre y hoy, finalmente, Ruiz Gallardón; al que se le ha hecho la jugada mas sucia que se le puede hacer a un ministro en activo: se le ha desautorizado públicamente devolviendo la modificación de la Ley del Aborto, una ley que ya estaba a punto de ser publicada, simplemente porque en estos momentos al señor Rajoy ya le han entrado las prisas para intentar conseguir los votos que perdió, inútilmente, en la elecciones europeas; precisamente por haber conseguido el desapego de los votantes del PP, que no están de acuerdo con sus políticas respecto al aborto, a los colectivos gay, a los independentistas (especialmente a los catalanes) y, en especial, a su temor a meterle el tijeretazo que está precisando la Administración de la Justicia, una de las grande preocupaciones de la ciudadanía española, que no puede entender que todos los órganos e instituciones del Poder Judicial, funcionen con retraso, sin medios, con jueces que no son de oposición y, en especial, que la mayoría de todos ellos estén politizados, algo que debería estar erradicado de raíz, de modo que ninguno pudiera ejercer su profesión ante la más mínima sospecha de que, sus sentencia o resoluciones, pudieran estar contaminadas por la política.

Hoy ha sido el señor Gallardón el sacrificado y, de paso, los millones de españoles que esperábamos una ley que acabara con las matanzas de inocentes que impunemente se consienten en este país. En el pasado fueron una serie de valores reconocidos del PP que por no opinar como don Mariano se perdieron en el anonimato, anteayer fue la presidenta de la Comunidad de Madrid, doña Esperanza Aguirre. Todos le resultaban molestos al señor Rajoy y a sus acólitos del Gobierno pero… y ¿ahora qué? Pues si nadie lo remedia parece que Madrid está a punto de pasarse al adversario. El gran bastión del PP y buque insignia de la formación pudiera pasarse en bloque a las manos de los Socialistas o, puede que, a las de Podemos o de una coalición de izquierdas en las próximas elecciones. Lo curioso del tema es que la persona que parece con más posibilidades de hacerse de nuevo con la comunidad madrileña es precisamente doña Esperanza Aguirre.

¿Qué sucede con esta señora que no deja indiferente a nadie? Pues que se ha convertido en el enemigo a batir de toda la oposición. Nadie es capaz de entender que una simple discusión con unos policías por una multa, algo que cada día ocurre en las calles de todas las ciudades de España, por ser quien es, por tratarse de una política de derechas y por ser la más cualificada y querida por los madrileños, se ha convertido en un tema de acoso y derribo a la señora Aguirre que, por si le faltaba algo para convertirse en el enemigo público número uno de las izquierdas, ¡Es rica y de familia noble! Demasiado para toda esta chusma que sólo vive de las ansias de venganza, de la envidia y del deseo de desprestigiar a todo aquel que es alguien por sus propios méritos.

¡Alto ahí!, pero ¿sólo sus adversarios del resto de partidos quieren eliminarla de la batalla por Madrid? No señores, no les quepa la menor duda de que, si se habla de Sáez de Santamaría o de la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, para ocupar la alcaldía madrileña es porque al señor Rajoy la posibilidad de un retorno de Esperanza Aguirre a la política y más si es como alcaldesa de Madrid, es algo que le produce retortijones. No creemos que al señor Presidente le queden demasiados cartuchos en la recámara. Los que se ha gastado en salvas sin resultado alguno, sus renuncios, sus incumplimientos de promesas electorales y ahora, como remate, la retirada de la Ley del Aborto; una ley que millones de españoles estábamos esperando ya hace tiempo; mucho nos tememos que, así como a levantado las agrias protestas de los obispos y de los antiabortistas, acaben por decidir a aquellos que no le votamos en las europeas por su comportamiento en el caso catalán ( todavía queda por ver como acabará este tema); decidamos buscarnos otro partido en el que depositar nuestro voto o, si tanto nos apuran, no votaremos por ninguno.

Los leales seguidores del PP (el de antes, por supuesto) no se sienten representados en este momento por unos directivos que parecen no tener nada en común con sus electores. Habrá que escoger a otros y queda poco tiempo para ello. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, contemplamos este desbarajuste en que se ha convertido la política española.
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