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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Huelgas de hambre

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 26 de noviembre de 2006, 08:09 h (CET)
Hay un coche aparcado en la esquina. Lleno de carteles con distintos tamaños de letra. A primera vista y si no los lees parece un divertido coche de reclamo publicitario, nada más lejos de la realidad.

Se encuentra aparcado en la zona azul. Vista ya la tragedia, tampoco tiene demasiada importancia, pero nos preguntamos si paga el impuesto de aparcamiento en horas laborables. No sabría decir el modelo del auto pero sí que a ese coche se le ha echado tiempo para hacerlo habitable, visillos claros femeninamente dispuestos, además de un bulto que se adivina como un catre sólo medianamente cómodo. Alguien duerme todas las noches desde hace casi un mes para reivindicar que, él mismo, un trabajador disminuido ha sido injustamente despedido por la empresa pública para la que trabajaba, por eso el aparcamiento se hace en ese lugar estratégico de edificio público representativo de la delegación del gobierno regional.

Pero además de privarse de su cama también lo hace de la alimentación, sólo agua azucarada nos dicen que toma en un reportaje de prensa, todo ello le ha llevado a ingresar en urgencias del hospital, al menos una vez, para que sean analizados sus niveles anímicos. Pero hay más, hambriento y sin descanso, él y el sindicato que le representa quieren que sea bandera de su propia injusticia, así nos piden por medio de octavillas entregadas en mano a tan sólo unos metros del coche, que de las 6 a las 7 de la tarde nos reunamos para reclamar la readmisión de Manuel, que así se llama, incluso nos reclama para hoy sábado a las 12 de la mañana.

Su versión pide apoyo, solidaridad, incluso solicita que los viandantes le hablen del problema, le saluden en el coche aparcado que le sirve de habitáculo, de casa y dormitorio. La versión de la administración tendrá también sus razones, desconocidas para nosotros pero que por supuesto pedirá y encontrará también sus apoyos. Al no conocer los detalles de ambas versiones nada que objetar al respecto, salvo que es una situación insostenible tanto para el conductor como para el coche.

Cuando se nos excluye de algo consustancial a nosotros mismos como la libertad o el trabajo, quedan varias posibilidades para defender los que consideramos nuestros derechos más íntimos. Tras el paso de las oportunas reclamaciones y apelaciones legales surgen las otras, las posturas de fuerza consigo mismo, pero posturas pacíficas para los demás como por ejemplo encadenarse a un árbol, iniciar una huelga de hambre, escaparse del lugar que te aprisiona, escaparse en cualquier caso de la aceptación de unas normas que te perjudican y que nunca verás justas.

Una despedida en el trabajo puede provocar una gran depresión para cualquier trabajador, depresión nerviosa que sólo conocerá quien lo ha vivido o pasado por semejante trance, de eso sí saben los psicólogos, pero en el caso de Manuel es la reacción opuesta, se sabe de su rebeldía y desesperación por contar su verdad, por comunicar sus razones y hacer pública su vida.

La huelga de hambre en el mundo civilizado aparece en nuestra sociedad para llamar la atención como último recurso individual al que se puede tener derecho cuando se han violado otros derechos, para gritarle al mundo con toda la fuerza, fuerza que ya no se tiene pues cada vez se estará más debilitado, que llevas razón en tus postulados y los haces públicos y que estás dispuesto a perder incluso la salud por defenderlos. Y todo ello ocurre rodeado de obesos y en la lejanía con millones de seres, sobre todo niños, muriendo de hambre en el mundo. Paradojas del mundo justo o injusto.

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