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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Pacta sunt servanda y, el primero, la modificación de la ley del Aborto

Tenemos el dudoso honor de ser el tercer país de la Unión Europea en número de abortos
Miguel Massanet
lunes, 22 de septiembre de 2014, 07:19 h (CET)
El señor Rodríguez Zapatero lo primero que hizo cuando accedió al gobierno de la nación fue derogar el Plan Hidrológico Nacional que el anterior gobierno del señor Aznar había conseguido consensuar con la mayoría de las regiones afectadas por el mismo. No tenía un plan alternativo mejor ni lo tuvo durante los casi 7 años en los que consiguió mantenerse en el poder. Y es que, señores, es muy propio de las izquierdas y de su demagogia populista el deshacer aquello que funciona, denigrar los logros conseguidos por sus rivales en el gobierno y predicar lo que ellos entienden por favorecer a los obreros, mejorar sus condiciones de vida y luchar en contra de la “opresión” de los empresarios que, a la vista está, para ellos se consigue destruyendo puestos de trabajo, mandando a tres millones y medio de obreros al paro, destruyendo varios cientos de miles de pequeñas y medianas empresas y prometiendo mejoras sociales que luego resultan imposibles de mantener. También, por medio de su ministra Aído endureció, pretendidamente a favor de las mujeres, la ley del aborto, convirtiéndola en un servicio a la carta para masacrar a los indefensos fetos en los vientres de sus madres, si es que se las puede llamara así.

De hecho, según el Instituto de Política Familiar, España va a superar los 2.000.000 de abortos desde 1.985, año en el que se instituyó la Ley del Aborto, hasta este año 2.014. Tenemos el dudoso honor de ser el tercer país de la Unión Europea en número de abortos, solo por detrás de Francia y el RU. Lo más lacerante es que estamos en el segundo año del mandato del PP, sin que, hasta este momento, y parece que va para largo, el actual Gobierno se haya decidido a modificar tan escandalosa normativa, permitiendo que se sigan practicando alrededor de 100.000 abortos anuales, cuando en su programa (presentado para las elecciones de noviembre del 2011), se incluía un ley que pretendía acabar con los abusos que se vienen cometiendo con la normativa anterior que, como se esperaba y gracias a la señora Bibiana Aído y Trinidad Jiménez del PSOE, se publicó como Ley Orgánica 2/2010, en la que se ampliaban las facultades de las mujeres para abortar y se suprimían los castigos penales que se conservaban en la anterior legislación para casos en los que no se respetaran los tres supuestos de legalización previstos. Ahora las mujeres pueden abortar durante las 14 primeras semanas del embarazo y, en caso de peligro para la madre o malformaciones del feto, hasta las 22 semanas.

La evidente falta de disposición para implantar la ley Gallardón, aunque, según parece, ya ni es sombra de la que en un principio se había previsto, parece ser nula; sin que valgan las absurdas excusas del propio ministro de Justicia alegando que, en la actualidad, lo que preocupa es el problema de la posible insubordinación de los catalanes; como si fuera incompatible para un gobierno atender a dos casos distintos a la vez. En realidad, no acabamos de entender que, en el caso de España, donde tenemos un déficit de natalidad cercano a 250.000 nacimientos anuales, la posibilidad de evitar que se produzcan la mitad de dicha carencia, evitando la proliferación de la práctica del aborto, no parece que sea algo para dejar de tenerlo en cuenta.

Lo que está ocurriendo es que las previsiones para los futuros comicios son, sin duda, mucho más complicadas de lo que se tenía previsto; al PP no le van saliendo sus planes, se han retrasado más de lo calculado los signos de recuperación y no se consigue, con la celeridad adecuada, que el desempleo se vaya reduciendo y que la actividad económica, aunque existen esperanzadoras noticias, llegue a despegar de modo que reactive la contratación de personal. Como dentro del Ejecutivo, a diferencia de lo que sucedían en los anteriores gobiernos del PP, los miembros del actual gobierno son dispares en cuanto a sus pensamientos y opiniones respecto a las prioridades que se le han de dar a las políticas a realizar; es evidente que los más progres, los que se consideran más liberales y menos condicionados por los valores que la formación de Fraga siempre antepuso al resto de consideraciones de tipo electoral, han tomado el mando para intentar que no se lleve a cabo ningún tipo de acción, ningún cambio legislativo o ninguna modificación de tipo moral o ético que pudiera acabar por restarle méritos al PP por evitar contrariar a un sector tan importante como es el del feminismo, las mujeres de izquierdas o todos aquellos partidos políticos que pudieran utilizar el tema como arma para mermar las posibilidades de la derecha para renovar su mandato una vez más.

Cuando escuchamos decir a la Vicepresidenta del Gobierno, señora Sáez de Santamaría, con su habitual calma y talante doctrinante, que la ley se está retrasando porque lo que se pretende es que salga aprobada “con el máximo consenso” a algunos nos da la sensación de que, una vez más, y ya no sabemos cuantos son los intentos de intentar hacernos comulgar con ruedas de molino, se nos está dando largas porque, ¡vamos a ver señora Sáez de Santamaría!, ¿es que piensa usted que, sin una mayoría absoluta como la que están gozando ahora, van a tener otra oportunidad de darle el cambiazo a la ley del aborto?, ¿es posible que pretenda convencernos de que con los socialistas o con Podemos y menos con IU, tienen ustedes la más mínima posibilidad de llegar a un acuerdo sobre el tema de aborto? Es evidente que saben a la perfección de que no existe las más mínima posibilidad y que, si no aprovechan ahora que disponen de un amplia mayoría en ambas cámaras, les va a resultar imposible conseguir sacar adelante una ley que acabe con los abusos e infernales matanzas que se están produciendo en esta nación; no sólo por mujeres sin corazón que no dudan en asesinar a sus hijos, sino por culpa de los mismos médicos abortistas, que hacen el gran negocio a costa de ir sacrificando fetos para venderlos a otros que los utilizan para experimentos u otros usos repugnantes a los que, por simple consideración a la sensibilidad de los lectores, más vale no hacer mención.

Sin duda, el señor Rajoy y muchos de los miembros de su Ejecutivo, parecen haberse olvidado de una parte importante de aquellos que les ayudaron, con sus votos, a conseguir la mayoría absoluta y ocupar sus puestos en el gobierno de la nación. No en balde una gran parte de sus votantes les dieron un serio aviso en las elecciones europeas para que tomasen nota del disgusto de quienes no transigen con que se olviden promesas por las que fueron votados. No piense la señora Vicepresidenta que por mucho énfasis que ponga en sus explicaciones, por muy convincente que se crea ser y por mucho que acuda tópicos que todos ya tenemos olvidados, va a conseguir que los votantes, entre los cuales nos encontramos muchos perros viejos de la política, vamos a dejar de pensar en lo que se nos está birlando, acordarnos de los incumplimientos del programa que ustedes presentaron y dejar que se salgan con la suya, olvidándose de los compromisos que, en su día, contrajeron con quienes les votaron.

España se está jugando mucho; tanto que, en las próximas legislativas, es posible que se ponga sobre el tapete el ser o no ser de nuestra patria y que, con la atomización del voto se pueda quedar el país en manos de acuerdos entre partidos con los que, como ya ha sucedido en otras ocasiones, la gobernabilidad del país sea imposible. No se jueguen ustedes las posibilidades de evitar que esto suceda, dejando de atender a aquellos de los que, al fin y al cabo, van a depender para intentar volver a ganar los comicios. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos disgustados como el Esaú (PP), quiere venderle al Jacob (Izquierdas), por un plato de lentejas (aborto) sus derechos de primogenitura (gobierno).
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ate 23/sep/14    00:04 h.
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