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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Los referendos para la partición de un país los carga el Diablo

Miguel Massanet
sábado, 20 de septiembre de 2014, 07:59 h (CET)
Seguramente si el señor Cameron, primer ministro inglés, se hubiera imaginado que podría estar a un tris de que Escocia se escindiera de Gran Bretaña y fuera capaz de provocar una crisis de magnitudes europeas insospechada; se hubiera sentado a meditar profundamente, hubiera consultado a los oráculos y, después, hubiera rechazado de plano la idea de permitir al señor Alex Salmond, ministro principal de Escocia, que convocar un referéndum para decidir si la más septentrional de la naciones británicas, se constituía en un estado independiente o continuaba ligada al resto de naciones del UK. Ya se sabe que sólo hace trescientos años que Escocia se unió al resto del país, que en tiempos pasados fue una nación independiente y que se intercambiaron monarcas que reinaron en toda la nación como Jacobo I de Inglaterra y Carlos I.

Como suele ocurrir en estos casos, el sentimiento nacionalista que puede existir en Escocia, como se da en tantas naciones en las que conviven culturas distintas y lenguas propias de cada una de ellas, suele ser fácilmente manipulable por aquellos que, en un momento determinado, piensan que pueden lograr un provecho personal, político o económico; manipulando con habilidad los sentimientos, legítimos, como no, de los ciudadanos. Estos “salvadores de la patria”, como fueron Sabino Arana en el pueblo Vasco o Maciá y Companys en Catalunya; no se pueden considerar más que antecesores o contemporáneos al nazismo, en el sentido de que se auto otorgaban cualidades, incluso físicas y genéticas, que los situaban en una raza superior, por encima del resto de los españoles, a los que miraban con superioridad y, en consecuencia, dispuestos a independizarse del supuesto yugo que para ellos suponía pertenecer al Estado español.

Sin duda, la sensatez que ha mostrado el pueblo escocés, anteponiendo la razón a lo que, en muchos casos, es posible que les pidiera el corazón; ha sido determinante para sacar del apuro a los Toris ingleses y, de paso, para tranquilizar a una Europa pendiente de un resultado que, si hubiera sido favorable a la ruptura, hubiera creado un nuevo caos en la CE. Ello no obsta para que podamos tachar al señor Cámeron de imprudente, poco informado, de poca visión de futuro e incapaz de valorar una situación que le podía haber estallado entre las manos. Y un inciso más: los escoceses han dado un ejemplo de civismo, de saber convivir, de mantener en todo momento el orden y la paz, de saber aceptar, los que han perdido, un resultado adverso con la calma, la deportividad y el sentido democrático propios de un pueblo maduro, sensato y que sabe que ha de seguir conviviendo con vecinos que quizá, tengan unas ideas distintas a las suyas que, por supuesto hay que respetar.

Otra cosa es el ridículo mayúsculo que, diversos políticos y turistas catalanes y vascos, han hecho manifestándose por las calles de Edimburgo bailando sardanas disfrazados y con la “estelada” esperando, seguramente, que el resultado fuera una gran triunfo del “si” que les permitiera establecer un parangón entre el separatismo catalán y vasco y el tema Escocés. No fue así y lo único que se han podido traer de Escocia ha sido un palo sobre sus aspiraciones. Sin duda que, si Europa, antes del referéndum escocés ya era contraria a admitir en su seno a Escocia en el caso del triunfo del sí, con mayor razón y debido a la menor entidad e importancia de la autonomía catalana, ahora, escaldada como el gato del refrán, seguramente se mostrará doblemente contrariada y mucho menos dispuesta a aceptar un nuevo desafío que afecte a la integridad de la UE y que pudiera suponer un obstáculo para su futuro de supranacional.

Que el señor Mas haya aceptado el revés con cara de póker, no quiere decir que no signifique, para los partidos independentistas y sus aspiraciones a un referéndum sobre el tema catalán, un serio contratiempo y un aviso: primero, en cuanto al comportamiento de los votantes escoceses, evidentemente menos agresivos, ruidosos y desafiantes que los excesivamente alterados partidos secesionistas de la Generalitat; dando muestras de un talante civilizado, tolerante y festivo, sin caer en la tentación de dar un espectáculo de carácter revolucionario y una expresión de falta de respeto para con sus socios los británicos; y, en segundo lugar, la mayor capacidad de análisis de la situación de los ciudadanos escoceses, sin duda más serenos y capaces de razonar, cuando han sabido sopesar la realidad ( a diferencia de lo que piensan muchos catalanes) dándose cuenta de que no tendrían cabida en la Europa comunitaria; no podrían acudir al BCE en busca de créditos y sufrirían la consideración de tercer país fuera del Reino Unido, con su moneda devaluada y expuestos a que, la grave situación que su escisión de Gran Bretaña iba a crear para todos los Europeos, la arrastrase a una situación insostenible, a pesar de sus pozos de petróleo situados el Mar del Norte.

Qué duda cabe que el affaire de la familia Pujol, la convicción de que el TC va a terminar por declarar inconstitucional la ley de Consultas que van a aprobar y la evidencia de que, una parte de ellos, los de ERC, siguiendo sus estela histórica, van a infringir la legalidad si el Estado no se presta a pasar por las Horcas Caudinas, cediendo a sus pretensiones de celebrar la consulta sobre “el derecho a decidir”; están poniendo a los partidos separatistas en una posición muy delicada. El hecho es que, con motivo de la gran manifestación celebrada en la Diada del 11 Septiembre del 2.012, el señor Mas creyó que había llegado el momento de presionar al Gobierno y convocó elecciones anticipadas para el 25 de noviembre del mismo año. Se equivocó y en lugar de mejorar perdió 12 escaños y quien salió beneficiada de aquellos comicios fue la ERC del señor Junquera. Molesto, don Artur quiso recuperar protagonismo lanzando el órdago al Estado español, amenazando con una consulta soberanista que sirviera de trampolín para una hipotética independencia de Catalunya. La cadena humana del 2.013 le volvió a infundir esperanzas y, basándose en ello, se reafirmó en su amenaza que, si en un principio se centraba en pedir un pacto fiscal especial para Catalunya; ya no se conformaba con ello, buscando la independencia.

Ahora se va a enfrentar a una convocatoria de una consulta que va a ser declarada inconstitucional lo que, según él dice, va a provocar unas elecciones anticipadas que, seguramente, pueden representar el entierro de CIU. Sin embargo, el tercero en discordia, la ERC del señor Junquera, ya se ha anticipado diciendo que a ellos lo que diga el TC les trae sin cuidado y van a seguir con su proyecto de referendo para el 9N. Aquí, sin duda, es donde se puede producir el verdadero peligro. En Escocia se ha demostrado que no siempre los que ocupan las calles representan el sentir de la mayoría y puede que, en Catalunya, vista la situación actual, también haya muchas personas nacionalistas que empiecen a pensar que Mas ha mordido en hueso y que al fin y al cabo no sean tantos los beneficios sentimentales que pudiera aportar la independencia, si el precio a pagar es tan elevado. La firmeza del gobierno del señor Rajoy, la contundencia de la Fiscalía y el comportamiento de las fuerzas del orden, serán las claves de que mantenga el país dentro de la legalidad. Esperamos que actúen con decisión.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, es como vemos con inquietud el desarrollo de los acontecimientos en Catalunya.
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