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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Licencias reales e histrionismo oportunista de Pedro Sánchez

Parece que existen dos reinas en España, dos clones
Miguel Massanet
viernes, 19 de septiembre de 2014, 07:11 h (CET)
Puede que el relevo de don Juan Carlos I por su hijo Felipe VI, no haya significado más que el relevo natural, para los monárquicos, de una generación real por la siguiente. En realidad la condición física de don Juan Carlos, sus continuos achaques y la bajada en el aprecio de los ciudadanos, experimentada en los últimos años de su reinado; seguramente hacían recomendable, para mantener el régimen monárquico, un relevo de personas que supusieran un cambio en lo que habían sido las últimas vicisitudes de la monarquía española, con temas tan hirientes como el caso de Urdangarín, algunas aventuras amorosas del monarca y la evidente ruptura del matrimonio de don Juan Carlos y doña Sofía que, en la última etapa de su reinado, fue tan evidente que no había español que no estuviera enterado de los rifirrafes reales. Sin embargo, quizá fuera apresurado pensar que la princesa Leticia, antes presentadora de TV y periodista, con el nombre de Leticia Rocasolano, separada de un matrimonio fracasado; estuviera madura, preparada y en situación de ocupar el lugar de doña Sofía, con la dignidad y solvencia con la que, para admiración de monárquicos y no monárquicos, lo hizo la anterior reina.

Si, durante su etapa de princesa de España, alguno de sus comportamientos ya causaron extrañeza entre propios y extraños y se puso en cuestión que la futura reina de España se tomara algunas libertades, frecuentara ciertas amistades y concurriera con amigas a ciertos lugares que, sin que ello se pudiera considerar como una falta grave, sí, en cambio, no parecía que fuera una conducta adecuada para una persona de la casa real, especialmente, cuando tales expansiones tenían lugar mientras su marido, el entonces príncipe Felipe, se encontraba de viaje en cumplimiento de sus responsabilidades como heredero del trono.

En realidad, parece que existen dos reinas en España, dos clones que, sin embargo, tienen comportamientos distintos; como si existiera una bipolaridad de conductas según las circunstancias en las que se encontrara. Si en sus apariciones en actos públicos representativos, ya sola ya acompañando al Rey, se advierte una cierta rigidez en su figura, un equívoco hieratismo en la expresión de su cara y una preocupación constante por las cámaras de TV que la enfocan o los fotógrafos que captan sus imágenes con objeto de salir favorecida en cada momento; algo que le resta naturalidad y puede, incluso, que de la sensación de una excesiva preocupación para no cometer errores. Resulta resaltable la diferencia de actitud y desenvoltura con la que se desenvuelve la princesa Kate del RU, siempre en su sitio, moviéndose con una estudiada naturalidad que resalta su natural simpatía o la actual reina de Holanda, Máxima Zorreguieta, al principio mal recibida por los ciudadanos holandeses, ganados posteriormente por su naturalidad y simpatía.

Pero todo esto pueden ser apreciaciones personales que acaso están relacionadas con la prevención de este comentarista respecto a los enlaces morganáticos (quizá por el ejemplo de Eduardo VIII del UK y Wallis Simpson, algo que le costó la corona). Lo que ya no se entiende tan fácilmente y que puede que no sea tan habitual entre las reinas Europeas, es que, como parece que la revista rosa ¡Hola! ha desvelado, la Reina, sin el acompañamiento de su marido, continúe con sus costumbres de soltera y siga saliendo a divertirse con sus amigas para, unas horas antes de su cumpleaños, en el festival Dcode en Madrid, de sumara a los que bailaban, cantó y se dejó ver muy sonriente, lo que en cualquier jovencita sería algo muy natural, en una reina de España, madre de dos hijas y rodeada de jóvenes con pantalón corto y veinte años menos sin duda se puede considerar una conducta impropia, que demuestra que no ha acabado de asimilar que el “oficio” de reina comporta unas limitaciones, unas conductas, unas responsabilidades y, por qué no decirlo, sentido común, que impiden que se pueda creer que puede ejercer sus libertades como cualquier otro ciudadano de a pie siendo, como es, la esposa del Jefe de Estado español. La periodista Rocasolano debió de valorar los sacrificios que le comportaría casarse con el futuro Rey de España y, de acuerdo con ello, tomar la decisión oportuna. Si se equivocó ya es tarde para volverse atrás.

Parece que, el señor Pedro Sánchez, el nuevo Secretario General del PSOE, ha decepcionado a aquellos que esperaron que, con el relevo al señor Rubalcaba, el partido tomaría un nuevo sesgo, recuperaría la confianza de sus antiguos votantes y conseguiría encontrar un discurso nuevo, unas propuestas ilusionantes y unos modos distintos de sus predecesores. Lejos de ello, sus primeros pasos por la política en mayúsculas no parece que hayan levantado el fervor de seguidores ni la aumentado la preocupación de sus adversarios políticos. Dentro del PSOE, aquellos que le apoyaron entusiásticamente, como la señora presidente del PSOE andaluz, Susana Díaz, ya ha empezado a desmarcarse de él, como ha ocurrido con el caso de la acusación que el líder del PSOE ha hecho a Podemos de ser “populistas” y no ser un partido con el que pactar. Los andaluces no quieren cerrar la puerta a un posible acuerdo y les han disgustado las palabras del señor Sánchez.

Lo cierto es que el revulsivo que se esperaba en la expectativa de voto, con la designación del nuevo Secretario General, no parece que, de momento, se vaya notando y, por el contrario, los de Podemos siguen su carrera ascendente como genuinos representantes del descontento de las izquierdas por la situación del país que, si Dios no lo remedia, parece que les va a costar al PSOE y a la IU del señor Cayo Lara más de un disgusto electoral. Suponemos que, como consecuencia de la evidencia de que recuperar el voto perdido no les va resultar fácil; el señor Sánchez parece que no le hace ascos a aparecer en los programas “basura” de las TV, como es el caso del programa de la TV5 “Sálvame” a cargo de J.J.Vázquez, el amanerado y popular presentador de uno de los programas más absurdos, preparados, desquiciados, inmorales y repugnantes de cotilleos que se presentan en las TV españolas.

No obstante, el señor P.Sánchez no le ha hecho ascos a llamar personalmente al programa con tal de aparecer en él e “intentar” convencer al presentador de la conveniencia a votar de nuevo al PSOE dejando, de paso, su opinión de estar en contra de los festejos del Toro de la Vega. Poco después asistió, en un maratón televisivo, al Hormiguero donde se exhibió de nuevo presumiendo de ser un ciudadano de a pie que se ha ganado la vida trabajando ¿Acaso el resto de ciudadanos, incluyendo políticos, no han tenido que trabajar? Un recurso muy manido y descafeinado que sólo tiene efecto entre aquellos que ya siguen dispuestos al votar al PSOE. ¿Un error?, ¿un pronto o un desesperado recurso de un político que se ve superado por los acontecimientos? La verdad que la comparación con Pérez Rubalcaba en el hemiciclo del Parlamento es, abrumadoramente, favorable al correoso, difícil y bregado don Alfredo.

Puede que el señor Sánchez, considere que un posible candidato a Presidente del Gobierno debe acudir a semejantes trucos, e incluso que pueda arrastrar a una parte de los extremistas de izquierdas pero lo que no va a conseguir es recuperar la masa de centro izquierda que dejó de votarles. Acaso no tomo en cuenta el hastío de muchos españoles que consideran culpable del paro y el desastre por el que ha pasado España, a su partido, el PSOE, y en menor cantidad al PP, el partido gobernante. Debiera dejarse de soñar milagros e intentar retornar a su lugar natural, el centro izquierda, dejando a los extremistas para Podemos e IU. O así es como, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos el desplome del socialismo moderado.
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