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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El gran silencio

Piedad Sánchez de la Fuente
Redacción
viernes, 24 de noviembre de 2006, 23:13 h (CET)
El recién estrenado documental que a pesar de sus 162 minutos sin palabra alguna, está cautivando al público y a la crítica. Llega en un momento muy oportuno para la reflexión, habituados hoy en día, a tanto ruido, tanto hablar sin motivo, a tanto insulto, a tantas palabras vacías y agobiados de tanta propaganda de felicidad engañosa.

El cineasta alemán Philip Gröning nos ha querido mostrar, tras pasar cuatro meses viviendo en el monasterio de Chartreuse, en los Alpes franceses, con los monjes cartujos, de los que dedicaba tres horas al día para el rodaje, -ya que quiso integrarse totalmente a estos monjes y realizar las mismas tareas que ellos- para comprender mejor como se explica el sentido del sufrimiento para un cristiano. Capta la vida sencilla a la que se adaptan, extraordinaria elocuencia del hombre despojado de lo superfluo. Y, en efecto el espectador puede percibir en ellos esa paz interior que todo ser humano busca, pero que en este mundo donde las prisas y la burbuja del estrés en que nos hemos metido, no podemos encontrar. Al final de “El gran silencio” es un monje ciego, el único que habla a la cámara y se lamenta de que la sociedad haya perdido el concepto de Dios. Es de agradecer al director de este film, que durante las dos largas horas termináramos haciendo un rato de oración visual.

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