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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Votarán o no, los catalanes?

Y, ¿harán trampa o no? El Estado tiene la palabra
Miguel Massanet
lunes, 15 de septiembre de 2014, 06:24 h (CET)
Dos insignes personajes de la economía española nos han dejado, don Emilio Botín primero y hoy don Isidoro Álvarez del Corte Inglés, dos luchadores natos y trabajadores impenitentes, que dieron días de gloria a sendos proyectos: uno al Banco de Santander y el otro al Imperio del Corte Inglés, ambos exitosos y ambos capaces de dar trabajo a cientos de miles de trabajadores; amén de conseguir superar con éxito la crisis económica que ha invadido a Europa y, muy especialmente, a España. Una coincidencia que no deja de prestarse a elucubraciones y especulaciones filosóficas, si es que pensamos que dos personajes clave en la economía española, con escasa diferencia de tiempo, nos han dejado para trasladarse al ignoto metafísico. Podríamos pensar que se han ido porque no quieren tener que presenciar como, nuestra España, corre impulsada por quienes quieren acabar con ella; asolada por la peste de las mafias políticas solamente interesadas en crear confrontación, buscar el poder (aunque sea a costa del hundimiento del país y destruir todo lo que, desde que se inicio la crisis de las hipotecas sub-prime, se ha hecho a costa de los sacrificios del pueblo español); sin tener en cuenta que todavía no estamos a salvo de una recaída y que Europa, aparte de estar al borde de otra posible crisis, tiene que enfrentarse a dos graves amenazas: la rusa en Ucrania y la, no menos amenazante, que nos llega del Oriente Medio a causa de los cafres yihadistas del EI, que parece que cada día que transcurre se vuelven más fuertes y peligrosos.

Los que habían puesto sus esperanzas en el relevo del señor Pérez Rubalcaba, al frente del PSOE, empiezan a preguntarse si el señor Pedro Sánchez no será un clon del presidente Zapatero, que con sus sonrisas, sus palabras edulcoradas, sus proyectos sociales, aparentemente cargados de buenas intenciones pero que, como desgraciadamente se demostró después, eran insostenibles, descabellados y utópicos. Si todo lo que se le ocurre al señor Sánchez es cargar contra la derecha, despotricar contra lo que hace el gobierno y pedir que el señor Rajoy se avenga a ponerse del lado socialista apoyado su proyecto de una España federal; mucho nos tememos que poco o nada bueno nos va a traer a los españoles. Podríamos pensar que, el miedo que comunistas y socialistas le han cogido al señor Pablo Iglesias y a Podemos, les ha puesto en una situación en la que sus líderes se han de enfrentar, dentro de sus propios partidos, a dos tendencias opuestas: los unos, los que quisieran pactar con Podemos para presentar un frente común contra el PP y los otros que, como piensa el propio Pedro Sánchez, consideran que Podemos es su mayor enemigo y, en consecuencia, se debe intentar acabar con ellos.

El señor Sánchez, del PSOE, a falta de otras ideas más luminosas se aferra, como una lapa a la roca, a este invento de la España federal, con el que intenta desmarcarse de los separatistas catalanes y, por otra parte, evita apoyar, como era su obligación, al PP en su oposición frontal a las intenciones de los señores Mas y Junqueras de llevar adelante la consulta por “el derecho a decidir”, fijada para el 9N. Una actitud absurda desde todos los puntos de vista. En primer lugar, porque el actual estado de las autonomías ya se puede comparar, con ventaja, a la descentralización que muchos estados federales atribuyen a sus federados; en segundo lugar, porque en la Constitución española no se prevé la posibilidad de acudir a dicha solución y, en tercer lugar, las circunstancias que permitirían un cambio o modificación de la actual Constitución, no se dan en unos momentos en los que se está poniendo en duda el modelo de Estado y su propia integridad territorial.

Los propios separatistas ya han manifestado, en diversas ocasiones, su rechazo de formar parte de una España federal porque, lo que han estado trasmitiendo a los ciudadanos catalanes, a través de estos últimos años, es la necesidad de salirse de la tutela de España para navegar solos. Por ello, nos resulta muy raro que el señor Albert Rivera de Ciudadanos, se haya negado, categóricamente, a formar parte de un frente de partidos en contra de la votación del 9N. Un fallo garrafal si esta actitud precisamente contradice sus argumentos para unirse a UPyD. El caso de Unión es patológico y, por mucho que intenten navegar entre dos aguas para que no les pille el tornado, están cerca de verse obligados a decidir entre una cosa u otra: legalidad o ilegalidad. Lo que ocurre que lo que va a suceder es que, cualquiera que sea la postura de la dirección del partido ya va a ser tarde para impedir que sus afiliados voten a quien mejor les parezca o. ¿acaso es lo que pretende el habilidoso Durán, no tenerse que inclinar hacia ningún lado para, una vez que haya pasado la fecha en cuestión, poder decir que él estaba de parte de los que hayan salido vencedores del enfrentamiento?

Al menos, la señora Rosa Diez de UPyD, ha tenido la valentía, el sentido patriótico y la lógica de quien ha mantenido siempre la misma idea de España, cuando ha dicho públicamente que en el tema catalán apoya al señor Rajoy. Porque, señores, ante este desafío a la unidad de España, este ataque a las mismas bases de la democracia española y esta afrenta a los españoles, perpetrada por el nacionalismo excluyente catalán, no valen posturas tibias, medias tintas, ni intentos de salirse por la tangente o posturas equívocas. La unidad de la nación está puesta en duda, los separatistas catalanes pretenden la ruptura, la independencia y amenazan con tomarse por su mano la declaración unilateral de independencia sea cual fuere la opinión del TC, del Gobierno o del Estado español. ¿Qué cabe hacer contra esta declaración de intenciones?

El señor Rajoy nos dice que tiene preparados todos los remedios para cualquiera de las alternativas a las que recurran los secesionistas. El señor Mas, por su parte, afirma que también tiene distintas salidas según sean las reacciones del Gobierno a la consulta que, para ellos, será legal porque se ajustará a la Ley de Consultas catalana que están a punto de promulgar. A ¿cual de las partes debemos, los ciudadanos, darle crédito? Y ¿si resulta que se arma la gran trifulca en Catalunya, si se desboca el catalanismo y empieza el desorden en las calles, las amenazas, la justicia en manos de los rebeldes y la ocupación de las instituciones públicas? ¿Estará el Gobierno en condiciones de poner orden y sofocar estos posibles brotes de violencia? La Constitución tiene los remedios adecuados, algunos de los cuales ya hace tiempo que debieron de haberse puesto en práctica, como es el de la suspensión de la autonomía, para lo cual ya existían suficientes razones. No lo ha hecho y ahora la cosa es más grave. Y el artículo 8º de la Constitución, este del que nadie se atreve a hablar, ni siquiera los militares ¿se va a poner en práctica si fuere necesario o sólo se trata de un florero para adornar la Carta Magna sin más valor que el testimonial?

Es muy posible que, este temor a poner en marcha las medidas constitucionales para solucionar el conflicto catalán, sea la causa del envalentonamientos de los líderes catalanes, que se valen de ello para apretarle las clavijas al Gobierno, seguros de que Rajoy no va a tener la firmeza ni el valor para que, en un caso extremo, se acuda a la ayuda del Ejército que, señores, para esto está, para salvaguardar la unidad de España y para cortar de raíz cualquier intento de lograr por la fuerza, la amenaza, el acoso o el chantaje, destruir la unidad de nuestra nación. O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, vemos la unidad de España y los españoles en gran riesgo.
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