Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Además de estar se ha de saber estar

España no puede obviar sus compromisos
Miguel Massanet
viernes, 12 de septiembre de 2014, 07:04 h (CET)
“Los caminos de la lealtad son siempre rectos”
T.Lulio.

A veces nos cuesta reconocer en nuestros gobernantes y en nuestros propios conciudadanos aquellas virtudes que tanto nos han venido enorgulleciendo a los españoles, recogidas en los anales de nuestra Historia, una historia que se remonta los tiempos de los primeros pobladores de la Península que, para algunos, los defensores de la superioridad de la raza vasca, fueron los armenios (una raza de gigantes) que parece que se instalaron en el norte unos tres mil años antes de la llegada de Jesucristo, y para otros fueron los Ïberos que, a la vez, abarcaron un conglomerado de otras razas distintas. Desde Indíbil y su valerosos enfrentamiento a los romanos y Mardonio (algunos dicen que fueron hermanos) que emuló al otro por su valentía en las batallas, luchando a su lado, (lo que le costó morir crucificado); hasta hace solamente unos años, en la Guerra Civil, española nuestro pueblo se ha venido caracterizando por su valor, su heroísmo y su esfuerzo. Cada vez en la que ha tenido que enfrentarse a la amenaza de invasiones, como sucedió en la invasión napoleónica (1.808), la bravura, el coraje y la heroicidad de nuestros compatriotas ha dejado la impronta de un pueblo indomable que se ha resistido siempre a dar su brazo a torcer ante sus enemigos.

Ha sido el retorno a la democracia, el fruto de varias generaciones que han estado viviendo en paz , la supresión poco meditada del servicio militar obligatorio y la evidente lasitud patriótica derivada de una enseñanza dominada por las izquierdas, el hedonismo vital de una juventud a la que todo se le ha dado hecho, todo se le ha permitido y nada se le ha negado; las causas de que nuestro pueblo se haya convertido en una masa incapaz de entender el concepto del sacrificio, del amor por la tierra en la que vive, de la necesidad, en ocasiones, de defenderse de aquellos que, por el medio que fuere, pretenden privarle de sus derechos y del hecho de que somos todos ciudadanos de una nación, una gran nación en la que todos debemos compartir lo bueno y lo malo, asumiendo con coraje nuestras responsabilidades como ciudadanos. Por desgracia, todo ello se ha puesto en cuestión.

La peligrosa deriva que una encuesta ha evidenciado, demostrando que, los españoles dispuestos a acudir a la llamada a las armas, si fuera necesario para defender a España, cada vez son menos. La publicidad de algunas declaraciones de un militar, un teniente coronel, a través de una carta abierta en la prensa, en las que muestra de una forma indisciplinada e impropia de un militar, su descontento con las decisiones de su superior, un general. El relativismo, la laicidad y las doctrinas comunistas, van reemplazando a los valores tradicionales que se baten en retirada; dan fe de que el rearme moral y ético en esta nación no puede retrasarse más so pena que queramos convertirnos en otro de los satélites post mortem del bolchevismo soviético.

Lo cierto es que, señores, en estos momentos la situación mundial está en una fase aguda en la que, queramos o no, se está produciendo un enfrentamiento de civilizaciones; la una, anclada en la Edad Media, alimentada por fanatismos interesados, invocando leyes religiosas que, en realidad, no existen o son mal interpretadas por aquellos caudillos extremistas que pretenden invocar el Islam, la religión del profeta Mahoma, la sharía; no como una forma de cultivar la hermandad, el acercamiento entre los hombres y una forma pacífica de interpretar el Corán, sino como una incitación a la violencia, a la lucha contra los “infieles” y el exterminio de todos los que, en una forma u otra, no desean aceptar que se les imponga a la fuerza ninguna religión. La otra la civilización occidental y toda su modernidad.

Los asesinatos perpetrados, de forma atroz, contra periodistas norteamericanos; las amenazas de los líderes del denominado Estado Islámico; la constatación de sus ocupaciones en Irak y Siria; la proclamación de sus aspiraciones de conquista que abarcan, entre otras numerosas naciones, a España y la circunstancia de que, nuestra frontera sur, constituye la puerta de entrada ( como lo fue en tiempos pretéritos) de cualquier posible intento de invasión por parte de las naciones islámicas del norte de África; debieran ser suficientes motivos para que nos tomáramos en serio la amenaza yihadista. No obstante, este pasotismo patriótico que viene invadiendo a nuestros conciudadanos parece que se está contagiando a nuestro Gobierno y, en especial ( quizá sea esta una cualidad inherente al cargo) parece que afecta a nuestro ministro de Asuntos Exteriores, el señor García Margallo que, al contrario de cómo se manifestaba en sus comparecencias en El Gato al Agua, de A,Jiménez, parece que toda aquella determinación, aquellas diatribas patrióticas y aquellas quejas en contra de los que le precedieron en el cargo, se han convertido en humo desde que ha asumido las responsabilidades del cargo.

El señor Obama ( un personaje que ha decepcionado a todos los que lo votaron) ha llevado a cabo una política internacional errática, llena de contradicciones y, por supuesto, criticada desde su propio país, por considerarse que ha dejado caer el prestigio de la nación americana al demostrar su incapacidad para mantener una actitud de firmeza ante los desafíos que viene recibiendo, tanto de la parte asiática como de su rival el señor Putín, de Rusia, que ha dejado evidenciar el miedo de Obama a cualquier enfrentamiento que le obligara a enviar soldados americanos en ayuda de sus aliados. Como no podía ser menos, se ha visto obligado a tomarse en serio el asesinado de los dos periodistas americanos en manos de los yihadistas. Ahora busca una coalición de países, pretende que sean 40 al menos, que asuman la responsabilidad, junto a los americanos, de enfrentarse al ejército(a diferencia del caso talibanes, los del EI están organizados) de los terroristas del EI que están bien pertrechados, con armas pesadas (robadas a sus enemigos), disciplinado y bien entrenado, mediante ataques a sus posiciones.

España, que tanto debe a los EE.UU, que está pidiendo ayudas y beneficios a la CE; que ha conseguido importantes ayudas económicas de Bruselas; que tiene a sus puertas la amenaza de las llegadas masivas de inmigrantes musulmanes y que se sabe objetivo primordial de los del EI; parece ser que, según se desprende de las declaraciones ambiguas, equívocas y con toda la apariencia de ser excusas de mal pagador; parece que pretende desmarcarse de formar parte de estas naciones que declaren la guerra a los islamistas. No olvidemos que, tanto en Barcelona como en Andalucía, existen células yihadistas que entrenan y preparan a voluntarios para irse a las naciones en lucha a cometer actos terroristas. Tanto es así que se ha producido la rara contradicción de que mientras hacemos oídos sordos a formar parte de la alianza en contra de los terroristas, en España se ha tenido que elevar el nivel de alerta contra el terrorismo al grado 2 ( del total de 4). No podemos menos que criticar esta actitud mojigata de nuestro Gobierno, que sólo puede interpretarse como una repetición de lo que, para muchos españoles, ha sido su actitud ante el separatismo catalán; ante el cual se ha venido demostrando demasiado complaciente, permitiendo que los políticos catalanes partidarios de la recesión hayan conseguido poner en un grave aprieto al Gobierno y a al resto de españoles.

Puede que el señor García Margallo consiga, con su postura evasiva, que los americanos se vuelvan a acordar de la descortesía del señor Zapatero ante la bandera de los EE.UU. y puede ser que, cuando nos veamos en algún apuro ni Europa ni los EE.UU crean oportuno tendernos una mano. Así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos avergonzados como España queda en ridículo ante el resto de naciones.
Comentarios
Escribe tu opinión
Comentario (máx. 1.000 caracteres)*
   (*) Obligatorio
Noticias relacionadas

Los oráculos se cumplen. El independentismo enfrentado al Estado

“El nacionalismos es la extraña creencias de que un país es mejor que otro por virtud del hecho de que naciste ahí” G.B.Shaw.

La realidad de los profesores

Parece que los docentes tenemos mala fama, pero no está justificada

Nada dura para siempre

Evitemos el dolor. Podemos hacerlo

Sting y la táctica de Rajoy en Cataluña

La táctica de Rajoy en Cataluña es rock. Puro rock

Diesel

El exceso de emisiones de los motores diésel está causando 5.000 muertes anuales en Europa
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris