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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Guionistas inquietantes

Rafael Pérez Ortolá
viernes, 12 de septiembre de 2014, 07:01 h (CET)
Las maravillas de la vida están salpicadas de variadas servidumbres. Muchos lo enunciarían a la inversa, entre las penalidades abrumadoras contemplamos algunos brotes espléndidos. Somos de naturaleza compleja de por sí, con brillos; pero también con sombras preocupantes. Parecería sencilla la respuesta existencial, disfrutemos de los bienes magníficos y trabajemos para el alivio o eliminación de los inconvenientes. Sin embargo, los GUIONES escritos para dichas actuaciones no simplifican las cosas; suelen empeorarlas al menor descuido.

En la batalla por el conocimiento son muchas todavía las incógnitas; nuestro destino reside en ellas, es decir, nunca serán resueltas del todo. Pequeños logros nos saben a gloria e ilusionan para mantenernos en la brecha. En esa tarea radica la vida humana, en labor siempre inacabada, en el camino, la meta es otra cuestión. Ese fondo desconocido no es lo peor, formamos parte de él. Preocupan los trazados añadidos e inquietantes de los habitantes modernos, apegados a unas CREDULIDADES burdas, dando pábulo a cualquier plan existencial de poco fundamento. Diversiones ilimitadas de graves riesgos, hipocresías armamentísticas a costa de la muerte de otros, apagamiento cultural progresivo del ciudadano creativo, dominios informativos; con el olvido de lo esencial en un mar de confusiones.

La facultad para medir los sentimientos no utiliza cuentas numéricas, pero capta las diferencias como pocas lo conseguirán desde la parcela intransferible de cada persona. ¿Quién puede sentir por el otro? Tenemos la experiencia de los MIEDOS; siempre con el toque personal, acosados por zozobras y temores. Lo de la angustia existencial aparte, a través de los tiempos, lejos de su desaparición; contemplamos con estupor la pérfida intensificación de los guiones perversos que mantengan atemorizada a una buena parte de la gente.

Como calificaríamos sino a los fundamentalistas nacionalistas con elucubraciones situadas por encima de la vida de las personas. Sigamos las líneas de actuación con los niños abandonados (EEUU, México), sometidos a las hambrunas en África o víctimas de las guerras (Siria, Palestina, Afganistán, Irak, Nigeria). Como los planes economicistas con abusos diseñados desde los despachos, teniendo como fondo la amenaza y la realidad del paro en niveles desastrosos. En plena época de los grandes logros, ensoberbecidos; la generación de frías amenazas es incesante; PLANIFICADAS con un fondo de crueldad degradante.

Tenemos un problema y no es en Houston precisamente, lo notamos desde las primeras relaciones. Pronto descubrimos que no es único, son varios y en constante reproducción. ¿Cuál es y dónde está ubicado ese nido de inquietudes? Cada uno lo llevamos dentro por todas partes. Las TENSIONES internas abarcan un amplio espectro, desde los odios a los afectos, de la codicia a la ira. Dada la desigualdad evidente de las cualidades humanas en cada protagonista, necesitamos del respeto a carretadas. Pero, las costumbres actualizadas abren el libreto liberal a ultranza con las tensiones en plena activación. Cerrados los demás libretos, el aumento de la intranquilidad es un efecto lógico. Como si no hubieran otras salidas satisfactorias.

Me acuerdo del concepto de “Moralidad silvestre” (W. Szymborska) referente a la bucólica coexistencia en el bosque de elementos discordantes. ¡Ah! Pero la llegada de los humanos complica la convivencia. En las estructuras biológicas apaciguadas emergen las mentalidades de diverso pelaje. Resuena la moralidad como reguladora del conjunto; aunque los desacuerdos cobran una dimensión inusitada. Es necesaria la delimitación. ¿De qué moralidad tratamos? Adquiere excesiva relevancia la MORALIDAD SALVAJE dictadas por las fuerzas descaradas o encubiertas. La moral del bien comun está arrinconada por los egoísmos. La moralidad silvestre quedó en eso, una bella estampa bucólica, una sonrisa.

Otra utilización deplorable, pero aceptada por amplias mayorías, los números no mienten; la denomino BRAVUCONERÍA DEMAGÓGICA. Tiene su miga. Usted lanza una afirmación categórica, mejor si carece de fundamento, describe unos hechos o unos documentos falseados, pero lejanos. Como nadie se molestará en averiguaciones farragosas, la réplica no acontece. El objetivo de la pulla ya ejerce como factor resolutivo. Que si en tal reunión se dijo, la cita de un dato, la opinión del pueblo; cuando ni reunión hubo, el dato real era distinto y el pueblo condensado en una palabra no existe. Trucos de uso perverso en la política que conocemos, si bien no son exclusivos; periódicos, doctrinarios y mequetrefes, abundan en sus desdichas.

La CULTURA adquirida por la Humanidad perfila unos escenarios con múltiples compartimentos; ora con la exhibición de sorprendentes maravillas, ora como demostración de capacidades maléficas. ¿Sirve la cultura para todo? Pues sí, las evidencias lo ratifican sin necesidad de grandes demostraciones. Ventajas e inconvenientes, repartidos por la esfera física medioambiental, o bien por sectores de la biología, incluido el psicológico. Muchos han sido los avances tecnológicos incomparables. La verdad es que han costado lo suyo, con las aportaciones de todo tipo requeridas. Con más esfuerzo de unos que de otros, eso también es cierto.

Ahora bien, el proceso cultural continua provocando SERVIDUMBRES inquietantes, de las que no vislumbramos una liberación factible; antes bien, comprobamos su acentuación en contra de gran parte de la población, aunque con la complicidad también de un buen número de ciudadanos. Cito 3 de ellas, clamorosas. El manifiesto desequilibrio progresivo a la hora de los beneficios y de los esfuerzos solicitados. Los sacrificios escandalosos con sufrimientos impropios infligidos a grupos humanos concretos.

En tercer lugar, hemos abocado a una cultura lamentable del ARRASTRE a cargo de quienes alcanzaron alguna cota de poder; para que impere la normalidad o la mediocridad impuesta por ellos a la mayor parte de la población. Conductas, economías, formas de pensar, llegan a estar subordinadas a sus dictámenes, rayando la estupidez de semejante guión. En esa dirección escribió con perspicacia Gustavo Bueno, que la cultura es un mito con abundantes ramas discutibles. ¡Y la esperanza radica en nuestras propias decisiones!

Me apunto a los versos de Bertolt brecht con sus exclamaciones. ¡No os dejéis seducir a esclavitud y explotación! ¡No os dejéis engañar! ¡No os dejéis esperanzar en vano! Porque son legión los seductores de poco fuste. Ante las incontables dificultades halladas a cada paso, ¿Sólo queda el abandono en manos ajenas? ¡Ni por asomo! Cuando nos fijemos en lo que cada persona portamos en los adentros, atisbaremos la luz de posibles venturas.

Es cosa sencilla, aunque no se entienda y apenas se practique con esa idea; nadie puede escribir el programa para otra persona, no dispone del conocimiento suficiente. Para ser o dejar de ser, el guión es asunto personal.
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